El Yihadismo, “a las puertas de casa”

El surgimiento en Argelia de los Soldados del Califato, organización que juró lealtad al Estado Islámico y a su líder Abu Bakr al-Baghdadi, prendió las alarmas de los servicios de inteligencia europeos. La razón: el yihadismo se posiciona en el norte de África, lo que le permite estar a “las puertas de casa”, dice a Proceso Juan Carlos Marín, jefe del Área de Terrorismo Internacional del Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista del gobierno español.

MADRID.- Los servicios antiterroristas europeos están en alerta desde que identificaron y capturaron al francés Mehdi Nemmouche, de 29 años, como responsable del atentado que mató a cuatro personas en el Museo Judío de Bruselas el pasado mayo. Se trata de un yihadista “retornado” de Siria, donde combatió en 2013 contra el gobierno de Bashar al Assad.

Su perfil corresponde al de los jóvenes radicalizados de Europa y del norte de África que en incesante goteo viajan a las zonas en conflicto de Irak y Siria para sumarse al Estado Islámico (EI). Algunos ya han regresado a sus países de origen y se convirtieron en un asunto prioritario de las policías europeas, dice a Proceso Juan Carlos Marín, jefe del Área de Terrorismo Internacional del Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (CNCA) del gobierno español.

“Creemos que el Estado Islámico no tiene capacidad para atentar en nuestro país en este momento, pero en el mediano plazo sin duda que puede tenerla. Donde sí tienen mayor capacidad para atacar ahora es en países donde existen intereses europeos, sobre todo en Medio Oriente y en el Magreb (norte de África)”, advierte.

La coordinación entre las agencias antiterroristas europeas y Marruecos permitió en los últimos meses desmantelar células de reclutadores y de jóvenes musulmanes ya cooptados, que vieron frustrado su viaje hacia la ofensiva salafista. Otros tantos fueron capturados a su regreso.

A los “retornados” se sumó otro hecho que encendió las “alarmas europeas”, explica Marín: la aparición en Argelia de los Soldados del Califato (Jund al Jilafa), quienes secuestraron y decapitaron al montañista francés Hervé Gourdel días después de que la banda proclamara su lealtad a Abu Bakr al-Baghdadi, jefe máximo del EI.

La causa de la preocupación es la influencia que el EI tendrá en el norte de África y el Sahel (franja sur del Sahara entre el Atlántico y el Mar Rojo), zona estratégica para la seguridad del sur de Europa. El Magreb es la mayor fuente de combatientes salafistas que se suman al ejército del también autodenominado califa Ibrahim.

Los Soldados del Califato son dirigidos por el argelino Abdelmalek Gouri (se hace llamar Jaled Abu Selman, de 37 años), quien rompió con Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), donde llegó a ser número dos sólo por debajo del líder Abdelmalek Droudel. La prensa argelina lleva el registro de sus ataques en la región, como el que perpetró contra una comisaría de policía en la localidad de Thenia, en 2008, que mató a 45 aspirantes a gendarmes.

El 14 de septiembre pasado emitió un comunicado donde anuncia el surgimiento de los Soldados del Califato y ofrece lealtad y obediencia al EI, lo cual tiene una importancia estratégica porque los jóvenes yihadistas de Túnez, Libia y Marruecos que retornen del frente de batalla podrían sumarse a sus filas, explica el especialista del CNCA. En dicho comunicado advirtió que los países de la zona norte africana “se han desviado del camino correcto”.

Una semana después, el 21 de septiembre, el nuevo grupo decapitó al turista francés, mismo método que EI utilizó para asesinar a los periodistas estadunidenses James Foley y Steven Sotloff, así como al voluntario británico David Haines.

“Nos preocupa mucho y representa una amenaza que debemos valorar respecto de nuestros intereses en el norte de África, que son muchos”, explica el especialista.

“Están a las puertas de casa”, acepta, en alusión a que sólo 150 kilómetros separan el puerto argelino de Beni Saf del litoral español.

El CNCA admite que los Soldados del Califato son una fuerza terrorista de importancia. “Se trata –explica Marín– del que era un sector fundamental en AQMI, la mitad de su fuerza operativa. Estamos hablando de 200 milicianos, que es un número considerable”.

El general Miguel Ángel Ballesteros, director general del Instituto Español de Estudios Estratégicos, también advierte: “Si mañana los Soldados del Califato se apuntan a la estrategia de terrorismo hacia los de dentro del Magreb y hacia los de fuera –como el Ejército Islámico está haciendo en Siria e Irak–, tendremos un problema enorme a las puertas de casa. Es una amenaza directa para España y para Europa”.

Marín, Ballesteros y la fiscal de la Audiencia Nacional, Dolores Delgado, participaron en el debate “Movilización yihadista en Siria e Irak: desafíos para España”, organizado por el Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, coordinado por su investigador principal de terrorismo, Fernando Reinares.

Generaciones radicalizadas

La CIA estimó en septiembre que el EI contaba con hasta 31 mil 500 combatientes, de los cuales, según estimaciones del Departamento de Estado estadunidense, alrededor de 12 mil son extranjeros de unos 50 países.

El coordinador antiterrorista de la Unión Europea, Gilles de Kerchove, admitió que casi 3 mil de esos combatientes extranjeros son europeos: de Francia, unos mil combatientes; casi 400 del Reino Unido; de Alemania, 270, y 250 más de Bélgica. De España salieron 60 –que algunas fuentes locales consideran un número conservador–, de los cuales hasta ahora 30 murieron en combates o atentados terroristas.

Nada frente a la cantidad de yihadistas del norte de África: Se estima que hay entre mil 600 y 2 mil marroquíes, mil 200 argelinos, 3 mil 600 tunecinos y 4 mil 200 libios, según el presidente de Estudios Estratégicos marroquí, Mohammed Benhammon, citado por El Mundo.

El CNCA considera que el proceso de radicalización de los jóvenes en esos países europeos se relaciona con el hecho de que provienen de comunidades musulmanas de segunda o tercera ­generación.

Reinares coincide y puntualiza que en el caso español existe una numerosa comunidad musulmana, pero de establecimiento más reciente (primera generación), con un nivel bajo de radicalización y una migración motivada por necesidades económicas.

La excepción, dice Reinares, son Ceuta y Melilla, ciudades españolas del norte de África, donde sí existen segundas y terceras generaciones de musulmanes y son algunos de los “puntos más radicalizados”. Estas ciudades y las respectivas urbes limítrofes de Marruecos –Castillejos y Nador–, así como Tetuán y Tánger, forman parte del foco de mayor preocupación para las agencias antiterroristas europeas.

El Departamento de Estado estadunidense considera la frontera hispano-marroquí como un punto estratégico para la expansión del EI, según una “nota reservada” publicada el domingo 19 por El Mundo.

La comunicación, dirigida a empresas estadunidenses en la zona, dice que España y Marruecos se enfrentan a un “reto excepcional” en su frontera común, por el potencial que para los yihadistas tiene la región, señala el documento Estado Islámico más allá de Irak y Siria: Marruecos.

Advierte de lo “frágiles” que son esos enclaves españoles: fácilmente se accede a documentación marroquí, 20 mil contrabandistas cruzan a diario ambas fronteras y hay una gran venta de pasaportes marroquíes falsos, en especial a ciudadanos sirios.

España y Marruecos incrementaron su cooperación antiterrorista en los últimos años y lograron desmantelar ya algunas de las células que envían combatientes a Siria e Irak.

En agosto pasado el diario El País publicó que un vecino de Castillejos, Mohamed Hamduch, Kokito, de 28 años, aparece en un video que es investigado por ambas policías, luego de su difusión en sitios de internet usados habitualmente por los salafistas. Este barbudo marroquí, casado con una española, posa ante la cámara empuñando un cuchillo ensangrentado frente a cinco cabezas de sus víctimas, en Siria.

Kokito, quien en Ceuta se reunía con acólitos takfires, un clan radical del salafismo, fue reclutado para la yihad por Mustafá Maya Amaya, un paralítico que desde su silla de ruedas y con ayuda de su computadora portátil envió a Siria, Irak y a Malí a decenas de jóvenes radicales.

El Ministerio del Interior anunció el 14 de marzo la desarticulación de la organización de Maya, a la cual calificó de “la célula internacional más importante de España y una de las más activas de Europa” en la captación de activistas. Junto al líder fueron detenidas seis personas más en Melilla, Málaga y Marruecos.

Esas aprehensiones fueron resultado de una investigación que se inició con la captura de Abdeluahid Sadik Mohamed, presunto miembro del EI, el 5 de enero en el aeropuerto de Málaga, a donde llegó procedente de Estambul.

La policía española detuvo en Madrid a nueve personas más, el 16 de junio pasado. Presuntamente eran parte de otra red internacional de captación y envío de yihadistas para el EI, encabezada por el marroquí Lahcen Ikassrien, quien residía en España tras su paso por la base militar de Guantánamo luego de ser detenido en Afganistán en 2001. En 2005 fue extraditado a España y luego absuelto por el Tribunal Supremo, porque su declaración se obtuvo bajo tortura.

La frontera porosa

En una entrevista con este semanario en abril de 2010 (Proceso 1745), Ikassrien se refirió a una militar del ejército de Estados Unidos, conocida como Ana la Mexicana, quien estaba al frente de los tormentos que sufría durante los interrogatorios para obligarlo a que hablara sobre la cúpula de Al Qaeda. La justicia española trató de identificar a esta mujer, pieza clave en la causa judicial contra los responsables del “andamiaje jurídico” que permitió la tortura en Guantánamo.

Un comunicado del Ministerio del Interior español anunció que entre los detenidos del sistema de captación que encabezaba Ikassrien, había marroquíes, españoles, un búlgaro y un argentino converso al islam. Su zona de operación, además de España, se extendía a Francia, Túnez, Turquía, Marruecos, Irak y Siria.

En esta investigación trascendió que dos de los jóvenes radicales enviados a la zona de conflicto, residentes en Madrid, murieron en atentados en Siria. Otro ubicado en el frente de combate es un hermano de Mohamed al Falah, un yihadista relacionado con los atentados del 11-M en Madrid.

Antes, el 30 de mayo, seis personas fueron detenidas en Melilla en otra operación contra una red distinta, que había enviado 26 combatientes (24 marroquíes y dos españoles) a una facción de Al Qaeda: el grupo Muyao en Malí. Entre los detenidos estaba el español Benaissa Laghmouchi Baghdadi, considerado un retornado de los campos de entrenamiento del Sahel y cuya misión actual era reclutar nuevos combatientes.

A finales de septiembre el Ministerio del Interior español informó de una actuación conjunta con Marruecos, cuyo resultado fue la aprehensión en Melilla y Nador de nueve miembros de una célula de reclutamiento del EI, encabezada por un español de origen marroquí, Mohamed Said Mohamed.

Este salafista “había regresado de Malí, a donde viajó para hacer la yihad y actualmente se encargaba de captar adeptos” en la frontera hispano-marroquí. El grupo se servía de la experiencia del hermano del jefe de la célula desmantelada, Zakarías Saíd Mohamed, militar español de 2007 a 2010, cuando causó baja voluntaria.

En el CNCA, dice Marín, identificaron que entre los factores que facilitan el envío de estos jóvenes radicales a Siria e Irak están la gran oferta turística y de vuelos de bajo costo de casi toda Europa a Turquía; una frontera muy porosa con Irak, y la alta especialidad de las “redes de enganchadores”, que tienen una experiencia que se remonta a 2003.

“Desde 2013 en Europa continuamente se desintegran células formadas, total o parcialmente, por retornados de la zona de conflicto, como sucedió en noviembre de 2013 en Kosovo, en octubre en Francia y otra célula de pakistaníes en el Reino Unido en septiembre de 2013”, recuerda.

Las investigaciones arrojaron que los primeros radicalizados de la región hispano-marroquí (que se sumaron en abril de 2012 en Siria) lo hicieron con el Frente al-Nusra, la franquicia de Al Qaeda en ese país, pero después la conexión fue con el Estado Islámico en Irak y el Levante (ISIS, hoy EI).

A su vez, Ballesteros advierte que la evolución del EI los hizo alcanzar “un poder que nunca tuvo ninguna organización terrorista”, lo cual requiere de una “respuesta rápida de Occidente”.

“El desafío es notable porque no hablamos de una guerra asimétrica pura, no es ‘pego y me escondo’, sino ‘ocupo el terreno’, que la convierte en una guerra híbrida. Tienen mucho material militar que pertenecía al ejército iraquí procedente de los norteamericanos; iniciaron un reclutamiento entre los pobladores de los territorios ocupados. Y, además, enviar esas imágenes con mensajes de terror hacia Occidente, todo eso representa un enorme desafío”.