Aun cuando es la tercera ocasión que el profesor Reyes Mancilla Aceves es presidente municipal de Tuxcueca –siempre por el PRI–, frente a la cabecera municipal de Chapala, con el lago de por medio, no sabe qué hacer cuando las cosas se le complican y se enreda todito… O simplemente actúa de acuerdo con sus intereses, o de sus filias y sus fobias. Entre la noche del jueves 16 y el viernes 17 de octubre, uno de sus policías tuvo la osadía de golpear y violar a su compañera de guardia en la cabina de radio. El alcalde omitió castigarlo, aunque ya existe una denuncia judicial en Chapala. Reyes Mancilla se concretó a dejarlo libre y el tipo desapareció de Tuxcueca. Lo peor fue que a la jovencita mancillada, de tan sólo 20 años y a quien todo mundo aprecia por afable, la despidió de su trabajo. Y, aparentemente, sin liquidarla, situación que tiene indignados a los tuxcuequenses.
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Desde que a finales de septiembre anterior se enteraron que dos semanas atrás –el viernes 12– se había fugado Felipe Brizuela Muñoz del hospital siquiátrico de El Zapote, situado en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional, la familia Romo Ruvalcaba, de San Juan de los Lagos, está temerosa por el comportamiento del violento individuo, quien la noche del 2 de febrero, día de la fiesta patronal de la Candelaria, mató a su esposa, Estela Romo Ruvalcaba, de 38 años, luego de levantarla de un restaurante donde estaba con una amiga. La subió por la fuerza a su camioneta y se la llevó a despoblado, donde la golpeó contra el tablero hasta que policías municipales los descubrieron. Ya no pudieron hacer nada por salvarla, sólo llevarla de emergencia médicas. Horas después fallecería en un hospital de Aguascalientes. Brizuela, de 41 años entonces, detenido en flagrancia, a decir de la madre de la víctima, Eliazer María Ruvalcaba, es un tipo peligroso que mediante presuntos sobornos al juez de primera instancia, Javier Rodríguez Rodríguez, y a psiquiatras, logró hacerse pasar como demente y el 2 de marzo pasado fue enviado a El Zapote, donde, es del dominio, falta personal y vigilancia en particular y, por lo tanto, la fuga de internos es frecuente.
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Ante la violencia generalizada, y lo riesgoso que resulta ya para cualquier persona, autoridades de países de la Unión Europea, entre ellas, Francia, han ordenado, en algunos casos, a universitarios radicados en Guadalajara repatriarse cuanto antes, pues hasta ser estudiante en México resulta muy peligroso, les han dicho. Esto, sobre todo, por la muerte y desaparición –hasta ahora– de 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, y la balacera a extranjeros del Tec de Monterrey, situaciones que han ocasionado fuertes condenas de aquella parte del mundo.
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En tanto que mandatarios de países presuntamente menos desarrollados que México y más alejados geográfica e ideológicamente de Estados Unidos –concretamente de Texas, muy cercano a nosotros–, en donde ya se registraron dos contagios y, aparte, la muerte de una persona contagiada en África, se reunían urgentemente el 20 de octubre en La Habana, Cuba, para llegar a acuerdos de cómo combatir el ébola, en Jalisco, el titular de Salud, Jaime Agustín González, decía, displicente, que no consideraba necesaria la capacitación de personas adscritas a emergencias médicas, tanto porque ve remota la llegada de posibles contagiados como porque en las terminales marítimas y aéreas se da seguimiento a protocolos de detección. Más todavía. Juzgó suficiente que sólo 15 médicos y paramédicos hayan ido a tomar un curso al Distrito Federal. El mensaje, consuelo, de Jaime Agustín –forma parte del Grupo UdeG y antes fue director general del organismo público descentralizado Hospitales Civiles de Guadalajara– es que “mientras no llegue de lleno la enfermedad…” que asola a países como Liberia y Sierra Leona, principalmente, el mensaje aquí es: “ No hay de qué preocuparse”. Después se jactaría de la llegada de trajes especiales de bioseguridad, pero que, a decir de especialistas (ver nota aparte), no cumplen con las medidas de seguridad para evitar contagios y tampoco existen salas especiales. La cuestión es en manos de quiénes está la salud de millones, y si van a seguir actuando con negligentes pachorras, de “aquí no pasa nada”, sabe hasta dónde llegaremos. En tanto países como Bolivia, Venezuela y Cuba –que mandó cerca de 300 brigadistas hacia África– establecen toda clase de mecanismos para diagnosticar y aislar casos, aquí duermen en sus laureles.
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