Un grupo de epidemiólogos y trabajadores sanitarios desmienten al secretario de Salud, Jaime Agustín González Álvarez, quien la semana pasada aseguró que Jalisco está capacitado para atender a personas infectadas por el virus del ébola. Eso es falso, dice una de las entrevistadas, porque los nosocomios públicos y privados no cuentan con infraestructura ni equipo adecuado: tampoco tienen personal preparado en materia de biodiversidad ante una eventual contingencia. Peor aún: los hospitales civiles ni siquiera están certificados ante la Joint Commission International.
Contra lo que pregonan las autoridades del sector salud nacionales y locales respecto al ébola, médicos y epidemiólogos de la entidad admiten no estar capacitados “para atender a personas infectadas por ese mortal virus”.
Y aun cuando el secretario de Salud de Jalisco, Jaime Agustín González Álvarez, quien se autonombró como único vocero en este caso, reitera que todo está listo para recibir a pacientes contagiados por el ébola para enviarlos a la Ciudad de México, especialistas sanitarios comentan a Proceso Jalisco que eso es una falacia, pues, dicen, “estamos en pañales en esta materia”.
Uno de los epidemiólogos consultados cuenta que un experto del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) le dijo que lo más terrible sería que el ébola saliera de Estados Unidos y entrara a México. Y como nuestros sistemas de salud están tan precarios, muy probablemente tendríamos un comportamiento parecido al de África. “Tuve que darle la razón”, asegura, al tiempo que pide a la reportera omitir su nombre.
También está de acuerdo con la información difundida por la cadena televisiva CNN, según la cual “nuestro sistema de salud está dañado” por la corrupción. “Lo que me duele –agrega– es que los directivos estén diciendo que estamos capacitados… No lo estamos”.
Otra colega subraya que los cuatro pilares de la bioseguridad son: infraestructura, capacitación, entrenamiento y equipo de protección para el personal; “en Jalisco no se cumple ninguno… ni siquiera tenemos certificados los hospitales civiles de Guadalajara –el Fray Antonio Alcalde y el Juan I. Menchaca–, de los que incluso fue director general el doctor González Álvarez.
“Están certificados algunos procesos en ISO (Organización Internacional de Normalización, por sus siglas en inglés), y lo que manejan ahora es certificar islas, procesos aislados de ISO y con eso decir que se está generando calidad; eso no es cierto… Entonces, no tenemos la infraestructura para afrontar una emergencia epidemiológica.”
Peor aún: los hospitales civiles encargados de atender gente de escasos recursos no están acreditados en el Consejo de Salubridad General (CSG), lo cual es obligatorio.
En Estados Unidos, si algún nosocomio no cuenta con la certificación de la Joint Commission International (JCI), un símil del CSG, se cierra de inmediato. Allá se observa una gran calidad y seguridad en el manejo de los pacientes, sostiene la entrevistada; pero aquí, aun cuando el consejo adoptó los criterios de la JCI, no se aplican con rigor.
De acuerdo con una nota publicada por el diario El Economista el 28 de noviembre de 2013, el país cuenta con 117 nosocomios privados y 16 públicos con certificación hospitalaria del CSG y se ciñen a sus criterios de: seguridad y calidad en el manejo del paciente, así como brindar protección a sus trabajadores, visitantes y familiares de los pacientes.
Hasta esa fecha, agregaba el periódico, sólo ocho nosocomios contaban con la certificación y todos eran privados. La reportera consultó la página del CSG para cotejar la información, pero el sitio web de la institución no funcionaba.
Respecto de la infraestructura de los hospitales públicos de México, insisten los entrevistados, “ninguno está preparado para una contingencia”. No se tienen espacios para aislar al paciente infectado ni equipo adecuado para atenderlo en caso de urgencia; tampoco luz ultravioleta ni filtros ni sala de espera para los familiares.
Declaracionitis
Les llama la atención, dicen los entrevistados, lo que dijo González Álvarez el lunes 20, cuando expuso: “El protocolo de entrada es detectar los casos sospechosos; y una vez que se detecte un caso habrá comunicación directa con la federación y así se podrá mandar el avión con la cápsula y el paciente será enviado a la Ciudad de México. Eso es lo que tenemos hasta el momento como parte del protocolo, siempre y cuando no llegue de lleno la enfermedad”.
En el anexo al Hospital General de Occidente, que depende directamente de esta secretaría, agregó, se habilitó un área para recibir “algún caso sospechoso”. El espacio cuenta con campana de flujo laminar y presión negativa, como lo marca la federación, y está listo para cualquier eventualidad.
Según González Álvarez, seis médicos fueron capacitados para atender a quien presente síntomas de contagio por el ébola; uno de ellos pertenece incluso a la Secretaría de Salud Jalisco y se encuentra en el CDC de Atlanta.
No obstante, el personal capacitado es insuficiente. Y pone como ejemplo el caso de Thomas Eric Duncan, el primer paciente diagnosticado con ébola en Estados Unidos y primero en el continente.
Duncan fue atendido en Dallas, Texas, quien en una primera etapa fue atendido por 12 profesionales de salud pública. El CDC envió un segundo equipo de 16 personas para capacitar y asistir al hospital en las actividades de control de infecciones y en la vigilancia de los trabajadores del sector de la salud que tuvieron contacto con el paciente.
El equipo adicional de los CDC de aquel condado incluyó expertos en control de infecciones, control del virus del ébola y enfermedades infecciosas, ciencias de laboratorio, equipo de protección personal, epidemiología hospitalaria, seguridad en el lugar de trabajo, sostienen los entrevistados.
Además, de acuerdo con el boletín del CDC, el equipo incluyó expertos que controlaron eficazmente brotes de la enfermedad del ébola en África en las últimas dos décadas; algunos de ellos laboraron con la organización Médicos sin Fronteras en protocolos de control de infecciones.
Aun con los controles y los especialistas, en el Hospital Presbiteriano de Salud de Dallas se contagiaron dos enfermeras del equipo que atendió a Duncan.
Aquí, en Jalisco, el Consejo Estatal de Salud –conformado por instituciones públicas y privadas– apenas se reunió el martes 21 para presentar los planes de acción y manejo contra el ébola. González Álvarez propuso habilitar una línea telefónica 01 800 que sería manejada a través de las secretarías de la Defensa y de Salud.
Y advirtió que, si se rebasa la capacidad del hospital de referencia en la capital del país, entraría en funciones el Instituto Mexicano del Seguro Social, los hospitales civiles de Guadalajara y el Hospital General de Occidente, que contarán con áreas específicas para atender a los enfermos.
En esa reunión del Consejo Estatal de Salud se informó que el infectólogo Ariel Campos Loza, actual titular del Consejo Estatal de Prevención del Sida, será el coordinador estatal de respuesta al ébola.
Sobre Ariel Campos, una de las entrevistadas comenta que aun cuando cursó una maestría en Salud Pública en la Universidad de Guadalajara, “no está capacitado en bioseguridad. El gobierno debería enviarlo junto con otros especialistas a Estados Unidos a especializarse y dejar de decir que estamos preparados”.
Equipo precario
El 20 de octubre, González Álvarez anunció que llegaron 150 trajes de bioseguridad nivel cuatro a Jalisco para distribuirlos en Puerto Vallarta, el aeropuerto Internacional de Guadalajara y entre el personal de Protección Civil estatal. Cada uno costó 18 mil pesos, dijo, y fue el gobierno federal el que aportó el dinero.
“Lo que pretendemos en estos momentos es hacer un curso intensivo que deberán iniciar hoy mismo todos los que tengan necesidad de utilizar estos trajes. Esperemos en Dios que nunca los requieran”, dijo el funcionario.
Sin embargo, la epidemióloga entrevistada asegura que los trajes adquiridos no son los indicados: “Yo vi unos overoles Tíbet con mascarillas N95, cuando se necesitan trajes de cuerpo entero, con provisión de aire y presión. Las prendas que compraron son de bioseguridad uno; la cara queda descubierta.
“Ellos (los directivos de la Secretaría de Salud) piensan que eso se resuelve con ponerse unos lentes y un cubrebocas N95 –esas son las instrucciones que nos dieron–, pero no es suficiente.”
El propio CDC instruyó ese mismo día que los trajes especiales deben cubrir totalmente el cuerpo, sin ningún tipo de exposición de la piel para evitar riesgo de contagio. Las recomendaciones son traer guantes dobles, botas a prueba de agua, bata impermeable, respiradores o purificadores de aire, capucha para cubrir cabeza y cuello, y delantal.
El personal que atienda a los eventuales enfermos de ébola, reitera la especialista, debe tener capacitación “en el manejo hidroelectrolítico”; “no se necesitan expertos infectólogos, sino médicos que sepan manejar a los pacientes infectados con equipo de protección para evitar riesgos”.
Algunos trabajadores de salud, sobre todo los de urgencias, comentan que si llega alguna persona infectada con ébola no la van a atender; intentarán canalizarla a un cuarto de descontaminación, dice la entrevistada. Pero el problema es que los nosocomios no tienen la infraestructura adecuada. Entonces, cualquiera que toque al paciente sin un equipo de bioseguridad podría contagiarse.
Además, dice, algunos compañeros se preguntan: ¿para qué atender a un paciente con ébola, si voy a sacrificar a 20 personas? Lo único que podría hacerse es canalizarlo para que se rehidrate –el virus del ébola provoca diarreas con sangrado y vómitos–; no hay una cura ni un tratamiento específico.
“Hoy –agrega–, en África se mueren en 10 días siete de cada 10 pacientes; en Estados Unidos la incidencia es de 50%.”
Los infectólogos
Las autoridades sanitarias no han dado una instrucción precisa para el manejo de los pacientes con ébola. “Tenemos borradores que nos pasaron… Cualquier hospital que reciba un caso sospechoso puede ser de riesgo, ya sea por el contacto con personas de África o de venir de lugares donde hay casos de esa enfermedad y notificar de inmediato a la brigada, liderada por el doctor Ariel Campos Loza”, dice la entrevistada.
En los países del primer mundo, como Estados Unidos, la sobrevivencia se eleva. “Allá (los contagiados) tienen un aislamiento perfecto y una atención increíble; allá sí se puede contener la enfermedad porque los hospitales tienen buenos equipos de bioseguridad, infraestructura y personal capacitado.
“Nosotros, en cambio, ni siquiera tenemos hospitales certificados en el Consejo de Salubridad. Me parece un pecado que Héctor Raúl Pérez (director de los hospitales civiles de Guadalajara) diga que estamos preparados; eso no es cierto. Y si bien el coordinador del ébola es un chico muy brillante, como no es infectólogo, no está preparado para la bioseguridad que se requiere.
“De hecho, hay un infectólogo, el doctor Esteban, quien es muy amigo de Héctor Raúl y protegido de Eduardo Rodríguez Noriega (jefe de Infectología del Hospital Civil). Es del grupito de infectólogos que ahorita tienen el poder del hospital.
“El doctor Esteban –quien es muy prepotente– dice que él sabe todo, porque cursó durante un año una maestría en investigación clínica y aprendió sobre salud pública, epidemiología y protocolos de vigilancia. Me da pendiente que digan eso (que saben cómo manejar a los infectados por el ébola): poco protege a sus trabajadores”, dice la epidemióloga.
Por eso apoya la propuesta de que un enfermo con ébola sea trasladado a un hospital del Distrito Federal “que sí esté capacitado para manejar este nivel y así evitar un brote”.
Y concluye: “En Estados Unidos se preocupan por bajar la mortalidad. El aislamiento es de bioseguridad tres o cuatro, pero en Jalisco no hay nadie que nos diga cómo actuar ante una eventual contingencia sanitaria de ébola.”








