Centenario: entramado de mentiras

Se sintió flotar en el ánimo de muchos exalumnos y docentes que acudieron a los festejos por el centenario de la Escuela Preparatoria de Jalisco una tristeza generalizada. Su malestar se manifestó al enterarse que la administración universitaria se propone hacer pasar a mejor vida a la institución educativa festejada. El rector general, Tonatiuh Bravo Padilla, anunció que sólo están esperando la entrega de un terreno de parte del gobierno estatal para iniciar la construcción del nuevo edificio que la albergue.

Pueden aducir que los alumnos ya no caben en el plantel, que el edificio está deteriorado, que la instalación no cumple ya con las nuevas exigencias pedagógicas para un buen rendimiento escolar. Pretexto puede ser cualquiera. Mas los díceres que no se harán públicos son los que agita el padillaje como hilo conductor real para adquirir y construir instalaciones, de donde fluyen para embolsarse sus más abundantes tajadas. Asaltó este filón. Lo maneja de manera discrecional y no lo va a soltar así como así.

La escuela funciona como una dependencia escolar todavía. Su control disciplinario depende directamente del Sistema de Educación Media Superior (SEMS). Pero tiene años el edificio convertido en centro de operaciones políticas. Aunque no está ubicado en el distrito 13, Trino Padilla lo utilizó como casa de campaña para su diputación local. También lo tienen (o tuvieron) como sede de su fantasmal Montu, del que ya no se oyen ni estertores. Estos y otros destinos so capa apuntan al móvil auténtico que esconde el desplazamiento de este edificio de sede escolar en nido burocrático de políticos logreros.

Podrán disfrazar luego su movida presentando apretadas agendas de actividades culturales, de museos, de bibliotecas, de residencias de investigación, de lo que sea. Un palacio como el filipense bien vale una misa, habría dicho Napoleón. A los Padilla les vienen como anillo al dedo tales alocuciones. ¿Les resultará acaso complicado dar un paso de esta naturaleza? Como se mueve la vida universitaria presente, ¿quién osaría impedirlo?

Estos y muchos otros comentarios fluían entre el público que asistió a los festejos del centenario de la Preparatoria de Jalisco, abundantes y variados. Los eventos duraron 15 días. Como en botica, hubo de todo. Buenas y malas charlas, conciertos, develación de esculturas conmemorativas, entrega de reconocimientos, nominación de personajes destacados, la edición de por lo menos un libro histórico que se esfuerza en recoger la memoria de muchos personajes que transitaron por este espacio a lo largo del siglo festejado.

Hubo, como tiene que ser, un evento central al que acudieron las máximas autoridades universitarias y estatales. Se programó el 10 de septiembre y, para buena fortuna de los organizadores, no llovió. De habernos empapado la ciudad, como suele ocurrir por la temporada, quizás no hubiera resultado lo brillante y esmerado que se planificó. No deslució del todo, aunque la parafernalia buscó cubrir más bien lo hueco de sus contenidos y la falsedad con que se revistieron los hombres de la administración central para conmemorar la vida de una escuela que no sienten como propia.

Se asemejó este festejo al realizado por el panismo en el poder, con Felipe Calderón Hinojosa al frente. El discurso oficial le obligaba a no dejar pasar desapercibido el centenario de la Revolución Mexicana. ¿Pero cómo iban a festejar los panistas tal acontecimiento, si fueron precisamente los derrotados de aquel movimiento? ¿Cómo exaltar honras y bondades de una lucha popular, si eran de ellos las veleidades que habían frenado? ¿Cómo aplaudirles a quienes les marcaron el alto a sus arbitrariedades e impunidades, cuando fueron casta porfirista? La fortuna da más vueltas que la Tierra. A la vuelta del siglo son ellos los panistas quienes ocupaban la silla presidencial, instituida por aquellos bragados luchadores. ¿Cómo reconocer que la razón histórica estuvo del lado de aquellos, si ahora son los derrotados?

Así de falso y hueco se sintió el festejo de este centenario. La preparatoria nació a la sombra de la Revolución Mexicana. En ella se vivieron momentos decisorios importantes para la continuación de la lucha que le dio origen. Manuel M. Diéguez entregó el edificio a los estudiantes del Liceo, con el fin de que los jóvenes estudiosos que ella formara se convirtieran en semilla, en pioneros de una futura práctica profesional que subvirtiera los papeles de la vida profesional en el estado. Que se atuvieran ahora con al tinte y sesgo revolucionario, como lo hacían los hombres del campo en las trincheras de la lucha armada. No eran metáforas éstas, ni discursos. El ambiente estuvo impregnado de olor a pólvora a lo largo de varias décadas.

Se puede hacer una larga reseña de estos avatares, a veces confusos, siempre trágicos, de los hechos de sangre y de las decisiones duras que se tomaron para poder sacar adelante la propuesta de la educación popular en Jalisco. Conjuras, confabulaciones, planes piloto, horas y horas de desvelos destinados a este objetivo, conforman el grueso dossier de la vida de la centenaria Escuela Preparatoria. Toda la historia del FESO transcurrió dentro de esos muros. La misma FEG, antaño invicta, ahora desaparecida y deturpada por sus máximos beneficiarios, quienes la utilizaron de trampolín para apoderarse de la rectoría aún bajo su control, tiene muchas páginas de historial transcurridas al interior de dichos muros. Por fortuna la descolorida FEU actual ya no tiene vínculos que la aten de manera cordial a este centenario plantel.

La administración universitaria presente abjura y vomita de todo lo que tenga que ver con luchas populares, con mantenerse en la línea de la defensa de los desheredados, con la erradicación de la miseria y el destierro de las supercherías. Estas eran las dínamos que dieron sostén ideológico a quienes se dedicaron a educar a las jóvenes generaciones tapatías en la escuela festejada, a lo largo de casi todo el siglo, hasta que la asaltaron los Padilla.

¿Cómo pueden entonces festejar los figurines actuales, con espíritu de autenticidad, las viejas banderías de combate y lucha sin cuartel contra la ignorancia y el fanatismo? ¿No aparecen sus ruidos como mero entrampado de mentiras, que ni ellos mismos se creen? ¿No descubre su falsedad el desangelado colofón de querer cambiar de espacio la escuela? ¿No es lo mismo que desaparecerla, para que no les recuerde más su esquizofrenia ante ella y ante toda la UdeG? ¿Es lo que merece Jalisco como “realidad universitaria”? ¿Es la auténtica continuación del sueño universitario que tuvieron nuestros abuelos alzados en armas?