Un documental sobre las relaciones Cuba y México

Actriz y cineasta de Cuba radicada en México, Idalmis del Risco concluye un testimonio fílmico –que está en etapa de posproducción– en torno a la entrañable amistad entre ambos pueblos: Entre Cuba y México, todo es bonito y sabroso. En la cinta desfilarán personajes del arte, la política, la historia y la cultura. “Se contará la historia a través de los colores, sabores, texturas y sonidos de los pueblos”, resume, “elementos que evidencian esa transparencia cálida, aunada a la elocuente sensualidad que detona el clima y la cercanía geográfica”.

La cineasta cubana Idalmis del Risco prepara el documental Entre Cuba y México, todo es bonito y sabroso, un recuento de las relaciones entre ambos países desde el siglo xix  hasta la actualidad, “las cuales suman un proceso histórico de proporciones políticas, económicas y culturales”.

Ya en la etapa de posproducción del filme, la también actriz manifiesta que en la isla caribeña ahora reside en México desde 1994– ha escuchado, generación tras generación, la admiración hacia México, su gente y su cine:

“Ninguno dejábamos de ver, y hasta la fecha es así, películas de Jorge Negrete, María Félix, Pedro Infante y Pedro Armendáriz. Y sin temor a equivocarme la música mexicana ocupa un lugar preponderante en Cuba, al igual que existe una fuerte interrelación de la música cubana con México.

“Al llegar a este país vi la misma admiración por nuestra cultura, y sentí la necesidad de conocer más sobre los mexicanos. Comencé a investigar para testimoniar en un documental este gran cariño, empatía y afinidad de ambos pueblos. Realicé entrevistas al escritor Eliseo Alberto Diego, al historiador Salvador Morales, al diseñador René Azcuy, al periodista Ángel Guerra, y pintores mexicanos y cubanos que exponían en el Jardín del Arte, en el parque Sullivan del Distrito Federal y a gente del pueblo.”

El largometraje ofrece testimonios de diversos personajes, con diplomáticos como Juan José Bremer Martino, embajador de México en Cuba; Dagoberto Rodríguez, embajador de Cuba en México; el historiador de La Habana Eusebio Leal; colaboradores del Movimiento 26 de Julio como Antonio  del Conde, El Cuate (quien colaboró con Fidel Castro en México durante su preparación para salir hacia Cuba en el yate Granma, que era de su propiedad) y Emma Castro Ruz.

También escritores, entre los que se encuentran Elena Poniatowska, Carlos Luis Alvarado, Waldo Leyva, Eliseo Alberto Diego, Eliseo Altunaga y Roberto Fernández Retamar y Senel Paz.

Los músicos Armando Manzanero, Eugenia León, Francisco Céspedes y Amaury Pérez.

Varias personalidades del cine como Rosita Fornés, actriz cubana; Jorge Sánchez Sosa, director del Instituto Mexicano de Cinematografía; Álvaro Curiel, Sachiko Uzeta, Samuel Larson, Fabrizio Prada, los cineastas isleños Manuel Pérez, Gerardo Chijona y Rebeca Chávez. Y gente del pueblo, de ambos países, entre otras figuras del deporte y la medicina.

Del Risco, quien ha trabajado en las películas Guantanamera, de Tomás Gutiérrez Alea; Alicia en el pueblo de Maravillas, de Daniel Díaz Torres; y Arresto domiciliario, de Gabriel Retes, entre otras, rememora que en el siglo xix la tensión social en Cuba y en México produjo continuos exilios y encuentros, como los de Benito Juárez, el poeta  José María de Heredia y José Martí, este último viajó a México en un momento crucial para pugnar por la independencia de Cuba. Y señala:

“En los años treinta del siglo xx, las migraciones entre ambas naciones fueron notables; algunas obedecieron a razones políticas, como la del revolucionario Julio Antonio Mella, asesinado aquí, o personales, culturales e intelectuales. Grandes personajes, como los escritores Nicolás Guillén y Alejo Carpentier, quienes crearon parte de su obra fuera de la isla, pero manteniendo una esencia absolutamente cubana. Los músicos siempre han sido verdaderos embajadores de la cultura cubana, por ejemplo Amadeo Roldan y Ernesto Lecuona. Los soneros veracruzanos, los santiagueros y los habaneros comparten el danzón, que nació en Cuba pero fue criado en México.

“El mambo es un género que México y Cuba no se disputan, sino comparten. Dámaso Pérez Prado, Benny Moré, Enrique Jorrín, Bola de Nieve, Rita Montaner y toda esa generación de músicos de los años cuarenta y cincuenta han sido claves para el desarrollo de la música latinoamericana y, sin duda, su presencia en México fue consecuencia de una política cultural solidaria entre ambos países.”

Platica que la aparición y evolución de los medios de comunicación masivos ha sido un elemento significativo para la concepción que el cubano tiene de México:

“La gran pantalla llegó a Cuba con una imagen definida del pueblo de México: las películas de Pedro Infante, Jorge Negrete y María Félix se convirtieron en las representaciones icónicas de una forma de vida. Las canciones típicas entonadas por sus personajes fueron y siguen siendo cantadas por el pueblo cubano. La presencia de actores, y especialmente de actrices cubanas, como las ‘rumberas sabrosas’ Ninón Sevilla, María Antonieta Pons, Amalia Aguilar y la vedette Rosita Fornés, definió una época y mitificó una imagen del ser cubano.

“El advenimiento de la revolución del 59 fue un hecho con doble filo para las relaciones entre México y Cuba. Buena parte del pueblo mexicano vivía inmerso en la desinformación con respecto a la nueva vida que surgía en la isla. Sin embargo, como todos sabemos, durante los difíciles años de la revolución, el gobierno y el pueblo mexicanos jamás abandonaron al pueblo cubano. Durante el movimiento estudiantil de 1968, la revolución cubana era una empresa a continuar en México, siguiendo los logros de Fidel Castro, el Che Guevara y los demás revolucionarios cubanos. La trova cubana, cantada por Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, entre otros, representaba un símbolo de libertad para los jóvenes mexicanos.”

La producción general de Entre México y Cuba… está  a cargo de Carlos Sánchez Sosa. Gerardo Ruffinelli es el director de fotografía, Sigfrido Barjau realiza la edición y Alejandro Varela Vázquez, el sonido.

–¿Cómo será el tratamiento de esta película?

–Tanto lo visual como lo dramático, estará pensado para recrear los sentidos. Cada fotograma estará regido por la mirada afectiva de los pueblos y sus manifestaciones culturales. La atmósfera sonora revelará la admiración, cariño y hermandad de ambos pueblos. En general, la fotografía capturará la luz tropical que se cuela por las ventanas, calienta las calles y satura los colores; contrastará el azul intenso del mar de Cuba con el verde agua del Caribe mexicano; el color del cielo, los claroscuros de los atardeceres y la verde gama de la vegetación.

“Se contará la historia a través de colores, sabores, texturas y sonidos de los pueblos: su música, su danza, su cine, sus poetas, su mesa, su arte, sus sueños…, elementos que evidencian esa transparencia cálida, aunada a la elocuente sensualidad que detona el clima y la cercanía geográfica de ambos pueblos. La emotiva narrativa de los personajes de ambos pueblos (diplomáticos, escritores, poetas, músicos, deportistas, científicos…) aviva la memoria ancestral, mientras nos describe cómo se han conectado ambas naciones por generaciones a través de hechos históricos comunes. Visualmente, ésta se enriquece con imágenes de los sitios más simbólicos de las dos naciones y material fílmico de archivo.”

Al preguntarle sobre la parte sonora, enseguida recordó una canción de Benny Moré:

Pero qué bonito y sabroso

bailan el mambo las mexicanas,

mueven la cintura y los hombros

igualito que las cubanas.

(…)

y hasta parece que México y La Habana

son dos ciudades que son como hermanas.

Luego explica:

“El sonido limpio y sensual nos descubrirá lo lúdico de ambos pueblos; la hospitalidad y el espíritu festivo que desborda su cultura, sus cantos, sus risas, el llanto emotivo, el placer y regocijo al escuchar el aceite hirviendo que hace crujientes los plátanos, la yuquita con mojo, el arroz congrí, esa deliciosa comida tradicional cubana que se ha sincretizado en Tlacotalpan, Veracruz, Campeche y Yucatán. Todos estos elementos serán enfatizados por la banda sonora, que ensalzará el agradable acento de su gente, la gestualidad y el bamboleo al caminar, aderezándolos con la música, que tendrá un pronunciado protagonismo en el documental, intercalando géneros, cantados y contados por sus creadores.”