Desde Uruapan, Michoacán, Luis Mendoza Bolio ha puesto a circular los mil ejemplares de su poemario Frente al espejo (Ediciones Morevalladolid. 139 páginas), cántico general en homenaje al eterno femenino, iniciando con un autorretrato que brinda título al volumen:
Éste que se refleja y aún existe,
oculta de mis ojos su mirada. Y rozando su orilla de la nada, no toca retirada, se resiste. (…) Pátzcuaro es el remanso que le
( asiste.
Uruapan, un fervor que nunca
( cesa,
y guarda la mujer a quien
( desviste.
En 18 sonetos de voz precisa, Mendoza Bolio otea erotismos con humor bien temperado, desvelo amoroso y juegos armónicos a la exuberancia del paisaje en celebración y anhelo por la vida bella, para culminar la segunda parte y final “Espejos del paraíso” con epígrafe escueto: Siempre fue la mujer.
Amante de ritmos tropicales y la fotografía, en 1998 publicó los poemas y cuentos Uruapan es un río (Ed. Impresión/Arte) y en 2009, Calaveras de añoranza (Talleres Gráficos Rojas). Sus versos tornan ahora pinceladas de luz pelliceriana y visitaciones puntuales a la bolerística de Agustín Lara, como en “De la amistad”:
Noche de ronda, placidez de
( aurora,
música en el oído, vino en los
( labios,
abrazo que abomina los
( resabios;
recuerdo que se guarda y
( atesora,
inspiración que busca el
( hombre sabio,
hermandad que perdona los
( agravios.
O en “Danzón”:
Abanican su rostro las mujeres,
el trópico se adueña del salón…
( En noches de jolgorio tropical,
armado “Caballero del
( merengue”
cambié la ciencia por el buen
( bailar.
Hay citas a Federico García Lorca y cantautores como la argentina María Elena Walsh o El león de la sierra de Xichú Guillermo Velázquez en “Libros, libros (mucho más que un prólogo)”, al comienzo de Frente al espejo, cual decreto de fe servida por vaivenes de rima, verso libre y prosa:
“No sólo de pan vive el hombre… Yo tengo mucho más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas; pero el hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, muchos libros los que necesita.”
El poemario está dedicado a “la memoria de mi querida hermana Edith (Uruapan, 1966-Monterrey, 2012)… Por su vida fructífera, su entusiasmo literario y el recuerdo de felices lecturas compartidas”.








