Cambios del destino

Donna Tartt (Misisipi, 1965) es una de las escritoras estadunidenses contemporáneas más destacadas. Se dio a conocer con la novela El secreto en 1992, que fue bien recibida por la crítica y vendió cinco millones de ejemplares en más de treinta idiomas. Diez años después publicó Un juego de niños, que alcanzó altas ventas, pero la crítica se dividió porque estimó que repetía la trama al girar en torno al esclarecimiento de un crimen. En este 2014 su tercera obra, El jilguero (Ed. Lumen. Col. Narrativa. México, 2014. 1143 pp.), ha sido distinguida con el Premio Pulitzer de Novela.

La historia que cuenta Tartt se centra en Theo Decker, un adolescente de 13 años que sobrevive a un atentado terrorista en el Museo Metropolitano de Nueva York, donde muere su madre. En el desorden provocado por la explosión decide huir con El jilguero, cuadro pintado por el holandés Carel Fabritius en 1654. Después Theo pasa por una serie de vicisitudes; se hace de un buen amigo: Boris, con el que tendrá variadas aventuras; reencontrará a Pippa, una joven que le atrajo en el museo y que sufrió daños físicos por el bombazo; conoce a Hobie, quien le recibirá en su casa después de una muerte dolorosa… Así Theo crece, pero mantiene en secreto la posesión del cuadro, hasta que algo inesperado le dará un nuevo vuelco a su vida y sucederán eventos increíbles.

Donna Tartt en esta novela habla de la variabilidad del destino. Para la escritora hay situaciones inevitables que están determinadas por el contexto en que viven los sujetos y/o por su actitud. Sin embargo, en la existencia ocurren sucesos inesperados que los modifican. También el propio individuo a través de sus intenciones altera lo establecido. Con las variaciones se crean otras circunstancias que causan diversos hechos y posturas. Una fuente importante de la modificación es la amistad que impulsa a la realización de actos únicos, cuando el amigo se ve afectado, o el arte que a través de la emoción frente al cuadro, la música o el verso, abre otras perspectivas, invita a lo diferente, y ayuda a conocernos.

Dice Tartt al reflexionar sobre lo que provoca el arte:

“Todo lo que nos enseña a hablar con nosotros mismos, lo que nos enseña a salir de la desesperación entonando una canción, es importante.”

El jilguero es una obra en donde Tartt maneja con soltura e interés los acontecimientos que atrapan al lector desde el inicio. No obstante, hay algunos hechos que son descritos de manera excesiva y que aportan poco a la trama, pero la historia es interesante y su exposición lingüística regia.