VIENA.-El 16 de octubre de 1762 el pequeño Wolfgang Amadeus Mozart, que apenas si contaba con seis años de edad, ofreció un concierto en una de las salas del Palacio Palffy. El concierto presentado con su igualmente pequeña hermana Nanert (quien también poseía grandes virtudes musicales), encantó a los presentes y colaboró en el prestigio de los conciertos que se presentaban en el palacio adquirido por el Conde Paul Eberhard Palffy en el siglo XIV y siguió en poder de su familia hasta finales del siglo XIX.
Más de 200 años después, en ese mismo lugar, ahora denominado Salón Fígaro en honor al personaje central de la estupenda ópera Las bodas de Fígaro del propio Mozart, se aprovecha el verano –temporada en que las principales salas de conciertos están de vacaciones y los más destacados conjuntos también–, para presentar conciertos que incluyen música del Divino autor, instrumental y operística, pero también del otro compositor insoslayable de Viena, Johann Strauss.
El concierto propio para turistas y no para los verdaderos amantes de la música, se integra con algunas de las piezas más “light” y conocidas de ambos creadores, como las mozartianas Pequeña música nocturna (allegro), Marcha turca y un aria de Susana de Las bodas de Fígaro, y de Strauss Rosas del sur, la polka de Anna, el couplét de Adela de la opereta El murciélago, el vals Alma vienesa y, por supuesto, Danubio azul.
Más que de un concierto strictu sensu, se trata de un espectáculo que se presenta con un pequeño conjunto de cuerdas de siete miembros, conducidos a la antigua usanza desde el violín por la directora del grupo, al que se agrega una soprano, tenor o barítono (según disponibilidad), y una pareja de bailarines que, obviamente, dan movimiento a los famosos vals.
Los músicos vieneses no son malos porque su enorme tradición y escuela los forma con las armas y conocimientos suficientes; sin embargo, no encontrará usted en este tipo de shows a los mejores cantes y bailarines sino a los que se pueden encontrar en el verano, temporada en la que la mayoría de las principales figuras aprovechan para vacacionar. Pero no todas lo hacen, así que puede ser encuentre, a precios Más módicos que en invierno, alguien y algo que valga la pena. Tomando en cuenta que se trata, reitero, de espectáculos para turistas…lo que es cierto es que ya solo la visita a los palacios e iglesias en donde estos conciertos se efectúan es algo que vale la pena.
La buena soprano mexicana Bertha Granados ofreció un concierto acompañada de órgano en una de esas las bellas iglesias y, un día después, con localidades agotadas y ya imposible de conseguir boletos dada la premura, La Traviata en el Teatro de Viena (ya que la Staatsoper estaba cerrada), llevando en el papel central masculino, Alfredo, a nuestro Arturo Chacón Cruz.








