WASHINGTON.– Gracias a la entrada en vigor del Acuerdo Transfronterizo México-Estados Unidos sobre Hidrocarburos (ATH), empresas petroleras y energéticas de Estados Unidos se aprestan a colaborar con Pemex en la exploración y explotación de yacimientos de gas y petróleo en el Golfo de México, sostienen expertos en la materia.
El viernes 18 –al tiempo que los senadores mexicanos aprobaban las leyes secundarias de la reforma energética– entró en vigor el ATH “que pone fin a la moratoria para la exploración y producción a la porción de la ‘Dona Oeste’ del Golfo de México”, según lo establece el lenguaje del compromiso entre México y Estados Unidos refrendado en 2012.
En extraña coincidencia –el arranque del ATH y la celeridad con la que legisladores priistas y panistas aprobaron las leyes secundarias de la reforma energética–, el compromiso bilateral da luz verde de manera limitada a la industria petrolera de Estados Unidos, por primera vez desde 1938, de volver a meter mano en la explotación de los hidrocarburos mexicanos.
Harold Trinkunas, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Stanford y especialista en temas energéticos y latinoamericanos de la Brookings Institution en Washington, explica que la nueva cooperación entre las compañías de su país y Pemex no será aquella que temen los mexicanos por medio de la que Estados Unidos se apoderaría de sus recursos energéticos.
Y expone: La participación de las empresas extranjeras en lo que permite el ATH “es de interés para los Estados Unidos porque al mismo tiempo que abre la perspectiva de que México pueda incrementar su producción, aumenta también la producción estadunidense de hidrocarburos. La pregunta: ¿qué destino tendrá toda esta energía?”.
El acuerdo permite que empresas petroleras y energéticas de Estados Unidos –Exxon-Mobil, Chevron, ConocoPhillips, Shell y decenas de compañías con sede en Texas y Louisiana, principalmente– puedan invertir en proyectos de largo plazo para la extracción, refinación y venta de petróleo y gas natural de las reservas del Golfo de México.
Asimismo, “establece un proceso de cooperación para el manejo de las delimitaciones territoriales marítimas en la región, que promueve la utilización conjunta de las reservas transfronterizas”.
Intercambios diplomáticos
Hace tres meses, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y el Departamento de Estado intercambiaron “notas diplomáticas” para depurar los detalles del ATH, que finalmente se puso en vigor el viernes 18.
Proceso solicitó a la SRE un comentario respecto de los márgenes de la cooperación entre Pemex y las empresas estadunidenses en el Golfo de México. El titular de la dependencia, José Antonio Meade, respondió que el tema es competencia de la Secretaría de Energía (Sener), cuyo titular es Pedro Joaquín Coldwell.
El miércoles 16, el reportero llamó a la dependencia y solicitó hablar con Víctor Avilés, director de Comunicación Social. Hasta el cierre, el vocero no había respondido.
Por su parte, el Departamento de Estado respondió: “No tenemos comentarios al respecto”, cuando este semanario intentó conocer los detalles del ATH.
Ejecutivos de dos petroleras estadunidenses consultados sobre la puesta en marcha del ATH aceptaron hablar bajo la condición del anonimato. Admiten que desde hace varios años muchas compañías, incluidas las suyas, tenían listos “planes de contingencia” para colaborar con México en la exploración y explotación energética; sólo esperaban que se modificara la Constitución mexicana y Pemex se abriera a la inversión privada.
“Pemex no tiene los recursos ni la tecnología necesaria para la exploración y explotación de mantos petrolíferos y de gas en aguas profundas”, comenta uno de los ejecutivos consultados.
Y añade: “Nosotros sí contamos con esta tecnología y experiencia. Ya tenemos varios proyectos que vamos a presentar a Pemex –como aspirantes a invertir con ellos de manera conjunta–, en los parámetros que establece el ATH”.
Trinkunas, por su parte, matiza que, por lógica elemental y por la geografía, las empresas estadunidenses son las que de manera natural pueden trabajar con Pemex en la exploración y desarrollo de los mantos petrolíferos y de gas en el Golfo de México.
No obstante, resalta que a la par de lo que ocurra en México, la producción de petróleo y gas en Estados Unidos y Canadá sigue aumentando. De ahí que la eventual producción energética conjunta bajo el ATH, más que dirigirse al mercado estadunidense, se abocará al de México y otros países, subraya el especialista de la Brookings Institution.
“Con este incremento en la producción de energéticos en Estados Unidos, a largo plazo no descartemos que el país sea exportador. Estamos hablando de cinco o 10 años”, sostiene Trinkunas.
Insiste en que los mexicanos deben adaptarse a la realidad energética de su país, donde hace falta tecnología y conocimientos especializados para beneficiarse de los recursos naturales no renovables con los que cuentan:
“Habrá una cierta competencia por crear alianzas estratégicas entre empresas mexicanas y estadunidenses para trabajar… Por ello no creo que vaya a ser una relación tan desigual.”
Un acuerdo largamente preparado
Firmado cuando el panista Felipe Calderón aún despachaba en Los Pinos, en el compromiso bilateral con Estados Unidos se destacan tres aspectos cruciales para una eventual alianza en materia de desarrollo energético en el Golfo de México:
–El acuerdo provee un marco legal para posibles actividades comerciales en las delimitaciones marítimas y establece lineamientos para el desarrollo transfronterizo. Define incentivos para que, de manera voluntaria, las compañías de petróleo y de gas firmen acuerdos, desarrollen y exploten las reservas transfronterizas.
En el caso de que éstos no se suscriban, el ATH define un proceso bajo el cual las compañías de Estados Unidos y Pemex desarrollen de manera individual los recursos a cada lado de la frontera, en apego estricto a intereses y recursos de cada nación.
–La certeza legal creada por el acuerdo permite a las compañías de Estados Unidos explorar nuevas oportunidades, e instrumentar proyectos de colaboración con Pemex.
–El acuerdo habla también de inspecciones conjuntas de equipos de los dos países para garantizar el cumplimiento de leyes y regulaciones aplicables. Asimismo, los gobiernos, según el documento, revisarán todas las plantas para el desarrollo de cualquier reserva transfronteriza.
El otro ejecutivo consultado explica que existe un “acuerdo hablado” con Pemex y con funcionarios mexicanos de que mientras no se promulgue la reforma energética, en Estados Unidos nadie podrá hablar de manera oficial con la prensa mexicana sobre lo que define el ATH.
“Lo que sí te puedo decir es que desde que arrancó la nueva administración en Pemex (con Emilio Lozoya Austin al frente), varias empresas han elaborado proyectos de colaboración para la exploración y explotación de gas y petróleo, siempre en estricto apego al ATH”, declara off the record.
Los límites del ATH permiten la colaboración porcentual de los recursos energéticos transfronterizos del Golfo de México según su ubicación geográfica. Así, si un manto petrolero de aguas profundas se localiza en un territorio marítimo el cual 60% está del lado mexicano, en esa misma proporción podría ser la colaboración de explotación del recurso para Pemex.
No obstante, el acuerdo amplía la posibilidad de inversión y explotación de empresas estadunidenses –o de Pemex, en caso de que la ubicación geográfica sea la inversa– conforme al análisis que se haga sobre sus capacidades tecnológicas para que exploración y explotación sea la más adecuada.
La participación de empresas estadunidenses en el desarrollo petrolero y del gas natural mexicano, según Trinkunas, colocaría a México en una posición más privilegiada en materia energética mundial en los próximos años. “Las producciones de recursos de aguas profundas –dice– crearán la competencia y abrigarán más posibilidades de inversión en América del Norte”.
Los ejecutivos consultados por el corresponsal admiten que sus compañías ya han elaborado cálculos de inversión de capital con Pemex bajo el ATH, sobre todo para la exploración y explotación de yacimientos en aguas profundas del lado mexicano del Golfo de México. No obstante, se niegan a hablar sobre este punto.








