De Ramiro Lomelí
Señor director:
He leído con asombro negativo la referencia a mi persona que su revista atribuye a un tal Mauricio Navarro Guzmán, a quien no recuerdo conocer y a quien quisiera encarar. Cito el artículo “Más por México. Trampolín mediático”, publicado en Proceso 503 el 29 de junio: “Todo mundo reconocía que había que entrarle con 25% de lo que lograbas de contrato; la cara visible de ese amarre era (Ramiro) Lomelí, un hombre delgadito que trabajaba con Lamas”.
Para que sus lectores contextualicen, señalo que Navarro Guzmán se refiere a presuntos cobros de comisión por contratos de publicidad durante la administración municipal tapatía 2010-2012 y en lo que va del actual gobierno estatal. En ambos casos la administración de la comunicación social estuvo y ha estado bajo control del ahora jefe de gabinete, Alberto Lamas Flores, un vendedor de publicidad improvisado como comunicador, quien debiera aclarar tales acusaciones.
Yo pregunto al tal Mauricio Navarro Guzmán a qué se refiere con la pobre metáfora de “la cara visible de ese amarre”. Si me acusa con dicha baratija lingüística de participar en el cobro de tales comisiones, exijo la presentación pública de cualquier prueba que se tenga al respecto, así como una denuncia formal. Si Navarro Guzmán y quien redactó la nota sólo profieren, redactan y publican un dicho irresponsable, falso y doloso, exijo una disculpa personal y periodística.
Navarro Guzmán declara impúdico y copartícipe, descalificándose a sí mismo, haber entregado un sobre con dinero –no a mí, por supuesto, sino “a una secretaria” cuyo nombre dice no recordar–. Como recuerda el mío, imagina que he tenido actividades que nunca realicé. El reportero de Proceso debiera analizar las atribuciones de un director municipal de Prensa en Guadalajara, lo que fui durante parte del trienio referido.
En síntesis, con carácter estrictamente operativo, tal cargo obliga a atender a periodistas (profesión que ejerzo), organizar ruedas de prensa y entrevistas, y emitir información oficial. Ello excluye la contratación de publicidad o cualquier manejo de recursos monetarios del erario, asuntos a cargo del entonces director administrativo del área, Marco Antonio Carbajal, cuñado de Lamas Flores; a cargo también de la señora Mindy García, así como de Laura Murillo, coordinadora general de Comunicación Social en el municipio al final del trienio.
En su edición número 500, Proceso cita mi reiterada crítica a la política o ausencia de política de comunicación social por parte de Alberto Lamas. He dicho y digo, entre muchos silencios cómplices, que la comunicación a cargo de Lamas Flores no comunica nada, y eso traiciona a la democracia y a la cultura en Jalisco. Ahora, en su edición 503, Proceso me cita como “cara visible de ese amarre” (¿cobro de comisiones o qué?).
Para enmendar tal bipolaridad textual, aclaro: soy el mismo, el que acusa con verdad en la edición 500, y el difamado con dichos no verificados en la edición 503. Navarro Guzmán también es el mismo, un acusador que miente respecto a mí.
Atentamente
Ramiro Lomelí
Respuesta de Proceso Jalisco
Señor director:
Ante la réplica del señor Ramiro Lomelí, sólo cabe advertir que fue Mauricio Navarro Guzmán quien lo identificó como “la cara visible de ese amarre”, y que no hay ninguna “bipolaridad textual” o periodística en el hecho de que un “acusador” pueda ser también “acusado”.
Atentamente
Equipo Proceso Jalisco








