De Rodolfo Padilla
Señor director:
Conocida la situación que priva en el Palacio Municipal de Ecatepec, a cargo de Pablo Bedolla, gracias al reportaje titulado En Ecatepec, nepotismo mafioso (Proceso 1963), puedo dar fe de las consecuencias nefastas para la sociedad cuando desde la administración pública, con desfachatez, se actúa bajo arcaico vicio de la clase política.
Vecino del municipio, ostento el oprobioso récord de haber sufrido tres asaltos violentos en los que me han despojado de igual número de autos. En el último, ocurrido hace días, los delincuentes no sólo trastocaron mi patrimonio y mi seguridad personal, sino la tranquilidad y estabilidad emocional de mi familia.
Doy fe de la inseguridad que se sufre en la colonia Ciudad Azteca, en Ecatepec, donde vivimos una realidad desesperante, sobre todo por el robo de vehículos con violencia, delito que ocurre a cualquier hora del día y del que no se salva carro nuevo, seminuevo o viejo.
La nota referida señala que Bedolla, al asumir el cargo, prometió: “Ecatepec será más seguro que nunca”. ¿Cómo puede serlo si colocó a una improvisada, beneficiaria de la cultura del nepotismo, como responsable del C-4 y del sistema Plataforma México? Se trata de Genoveva López Monroy, hija de Rey Antonio López Vázquez, director de Asuntos Jurídicos, y, según infiero leyendo el reportaje, media hermana de Eduardo Antonio López Rivera, líder de una banda de robacoches.
He aquí una de las razones por las cuales estamos como estamos con el robo de vehículos en Ecatepec, rey de los municipios en dicho ilícito, según la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros –cita el reportero–, entre diciembre de 2012 y noviembre de 2013.
Cuando se comenzaron a instalar cámaras de vigilancia en la zona y se anunció la entrada en operación del llamado C-4, muchos dijimos: “de algo han de servir”. Hoy sabemos que los operadores monitorean ¡dormidos! en la base Ecatepec (Reforma 23/05/14); e igualmente sabemos que los policías son utilizados como escoltas de funcionarios y que las patrullas sirven para llevar de compras a las secretarias.
Cuando leí esto último, relacioné las palabras del policía municipal que acudió a mi domicilio, ¡al otro día del robo!, para saber cómo iba “mi asunto”. Aproveché para cuestionar la ineficacia policial, y para referirme a la gran cantidad de robos de autos en la colonia. Asumo que le calaron mis palabras, y la honestidad de su respuesta: “Nos estamos quedando sin compañeros con esa chingadera del control de confianza; no hay patrullas, no tenemos gasolina. Hacemos lo que podemos”.
Ecatepec está para llorar.
Atentamente
Rodolfo Padilla








