¿Es cosa de locos auspiciar conciertos de jazz en México? Hay, por supuesto, mucha gente a la que le gusta este género musical. Pero no parece existir un público estable que asista con frecuencia a escucharlo, como existe para la música culta.
Hace dos semanas se presentó en la Sala Telefónica del Centro Cultural Roberto Cantoral de la Sociedad de Autores y Compositores de Música, en el pueblo de Xoco, a espaldas de la Cineteca Nacional, un extraordinario jazzista, Warren Wolf, ejecutante de vibráfono y, asombrosamente, en la puerta no había nadie suplicando o peleando por entrar, como probablemente habría ocurrido en Nueva York o en París. El precio de entrada no llegaba siquiera a la mitad de lo que costaría en cualquiera de esas dos ciudades, aún así, sólo se llenó poco más de la mitad de la sala. Sin embargo, los afortunados asistentes saben que estuvieron en uno de los mejores conciertos que hayan tenido lugar en México en los últimos 20 años.
Esto sucede a pesar de que hace mucho tiempo existen programas radiofónicos sobre jazz como los de Roberto Aymes y de Alain Derbez, a pesar de que hay una estación en el cuadrante (Horizonte) que ofrece una programación de jazz más o menos afortunada a lo largo de todo el día, a pesar de que cada vez hay más y mejores músicos mexicanos de jazz.
Por fortuna, hay en nuestro país gente a la que el jazz le gusta lo suficiente no sólo para invertir dinero sino, además, una gran cantidad de tiempo en su divulgación. Entre esa gente se cuentan Maribel Torre y Eugenio Elías, directores de DeQuinta Producciones que llevan ya varios años empeñados en traer a México a jazzistas contemporáneos de renombre internacional.
Desde el año pasado han ofrecido al público una espléndida serie de conciertos bajo el rubro general de New York Jazz All Stars, y este año la serie continúa: El próximo sábado 5 de julio, a las 20:30 horas, se presentará en la Ciudad de México el grupo de jazz neoyorquino Kurt Rosenwinkel Standards Trio, encabezado por el guitarrista del mismo nombre, que a sus 44 años es considerado como uno de los mejores músicos de su género en Estados Unidos.
Proceso preguntó a los organizadores qué los lleva a apostar por la producción de conciertos de jazz en México. Estas son sus intervenciones:
–Eugenio Elías: Yo creo que entre nosotros, el cultivo del jazz, como el cultivo de cualquier otra forma musical, se tiene que crear a través de conciertos en vivo. La música sólo puede apreciarse de esa manera, y mejor aún si se trata de un concierto acústico, porque así se escucha al músico, se escucha su instrumento, y se escucha también la sala, que es una suerte de instrumento musical.
–Maribel Torre: Y yo añadiría: sólo la música en vivo te da una experiencia emocional, que modifica espiritualmente a una persona. Nosotros creemos que para formar un pequeño público de jazz en México, un público conocedor –porque mucha gente llama jazz a cosas que no lo son–, tienes que tener programas permanentes, porque una golondrina no hace verano. A México han venido enormes músicos, pero de manera esporádica y a veces la gente no se entera.
“Cuando pensamos en crear esta serie entablamos contacto con uno de los grandes jazzistas de hoy: Wynton Marsalis, que ha creado una institución, Jazz at Lincoln Center, con un propósito eminentemente educativo, para que se conozca mejor este género, este arte que es el jazz.”
–EE: En el jazz hay una variedad y una riqueza tan grandes como en la música clásica. No alcanza la vida para conocerla toda.
–MT: Marsalis ha venido tres veces a México, siempre por nuestro conducto, y nos conoce (a Eugenio como músico, a mí como promotora). Eso nos permitió exponerle nuestro deseo: presentar en México, una vez al mes, no sólo a las grandes jazzistas de Estados Unidos sino también a los más jóvenes, que no son conocidos en México, pero son igualmente excelentes. Pudimos proponerlo gracias a que contamos con la Sala Telefónica, que tiene las condiciones ideales para conciertos acústicos. Y el objetivo es hacer lo mismo que hace Jazz at Lincoln Center: que los músicos participantes brinden, además del concierto, una clase magistral, dirigido en especial a los músicos mexicanos, pero también abierta a todo el público, pues el lenguaje de esas clases magistrales no es especializado. Les gustó nuestra idea y nos ofrecieron asociarnos con ellos. Gracias a eso Jazz at Lincoln Center se encarga de la contratación de los músicos (nosotros no podríamos pagar lo que cobran) y así los costos aquí resultan más bien bajos. DeQuinta no es lucrativa. Quiero subrayarlo porque eso permite que el precio para el público sea más bien barato: los boletos más caros cuestan 400 pesos. De otro modo, habría que cobrar más de mil pesos por entrada.
–EE: Creemos que vale la pena esforzarnos por difundir el auténtico jazz en México. A diferencia de otros países, el jazz ha tardado en desarrollarse aquí (el primer jazzista mexicano es de los años 50: Tino Contreras) porque la música mexicana tuvo un gran desarrollo tras la Revolución. El fenómeno de las grandes bandas (Benny Goodman, Harry James, Glenn Miller) no llegó a México al igual que en todo el mundo. Pero el jazz se ha vuelto una música universal, cuyo principal rasgo, la improvisación, el diálogo que ocurre entre los músicos en el escenario, lo llena de inventiva, a diferencia de la música comercial, que apela a la repetición machacona. Creemos que aquí también hay lugar para él.
–MT: Estamos seguros de que quienes asistan al concierto de este sábado disfrutarán mucho la música del Kurt Rosenwinkel Standards Trio.








