A 25 años de la creación del Conaculta, y debido al recrudecimiento de la violencia en el país, Peña Nieto instruyó a Rafael Tovar y de Teresa la creación de un programa especial cultural que comenzó en Michoacán. Son tantas las necesidades que la institución cultural “no atiende de manera cotidiana”, que la directora del programa, Alejandra Frausto, posterga las cifras y prefiere subrayar las opciones para niños y jóvenes.
A unas semanas de cumplirse un año de la puesta en marcha (primero como piloto y meses después formalmente) del programa nacional “Cultura para la Armonía”, cuyo fin es contribuir a la prevención del delito y la reconstitución del tejido social, su responsable Alejandra Frausto hace una evaluación y reconoce que no es tan sencillo brindar una alternativa de desarrollo a los niños y jóvenes del país.
En su oficina de Paseo de la Reforma, ante el requerimiento de datos duros que permitan medir los alcances y avances de este proyecto que se ha convertido en uno de los ejes principales de la administración de Enrique Peña Nieto en materia cultural, la directora general de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y exdirectora del Instituto Guerrerense de Cultura considera que el mayor impacto es el número de familias involucradas en actividades culturales.
El programa piloto se inició en julio de 2013 en 25 estados. En enero de este año, durante la celebración del 25 aniversario del Conaculta, Peña Nieto instruyó a su titular Rafael Tovar y de Teresa para ponerlo en marcha en Michoacán por ser “la entidad a la que estamos dedicando esfuerzos para la reconstrucción del tejido social”. Y en mayo aseguró que aunque no se puede cantar victoria se está avanzando en la entidad.
Sin embargo, un par de semanas más tarde, en entrevista con el reportero José Gil Olmos (Proceso 1961), el líder de las autodefensas michoacanas, José Manuel Mireles, desmintió que Michoacán se esté pacificando y consideró que tales afirmaciones son una campaña mediática para apaciguar a los inversionistas extranjeros interesados en el petróleo mexicano.
Por ello se le interroga a Frausto sobre el impacto del programa. Al tiempo que muestra fotografías de una carpeta habla sobre las actividades que involucran a niños y jóvenes, mujeres artesanas, en colectivos de artes plásticas, gastronomía, teatro, fotografía, radio, arte efímero y arte popular, entre otros, e indica que no sólo se está trabajando en Michoacán, sino también en otras zonas “de vulnerabilidad social”, como Tijuana, con migrantes deportados o en Tlaxcala, donde hay “un alto índice en la trata de menores”, dice:
“Nuestra posibilidad de acción en terrenos como éste es dar una alternativa a los jóvenes y a los niños de manera permanente. Colaboramos con un programa integral de seguridad pública que tiene otros principios, pero al Conaculta le toca la parte de dar alternativas.”
Agrega que hay “cientos de familias” deseosas de desarrollar su fuerza creativa, niños ávidos de participar. Pero no ofrece cifras exactas de cuántos jóvenes, niños o familias están participando en estos proyectos. Sólo que los que mayor número de personas agrupan son las orquestas y coros en donde pueden participar de 100 a 300 elementos.
“No nos corresponde a nosotros decir el alcance social que pueda tener el trabajo comunitario del Conaculta… El trabajo se hace y siempre hay un esfuerzo de las familias que viven en las zonas.”
Ofrece otros ejemplos que se están desarrollando en Apatzingán, en donde se construirá el Centro Cultural Rosa de los Vientos con una inversión de 70 millones de pesos. E insiste:
“¿Cuál es el impacto? Pues las familias que están reunidas, que ven en la cultura una alternativa. La cantidad de familias que se acercan es enorme.”
–¿Entre mayor es el número, hay un impacto positivo en la disminución de la violencia?
–Yo no puedo hablar de eso, no te puedo decir. Nosotros lo que podemos decir es: ‘Hay tantas familias involucradas en un proceso cotidiano cultural’.
–¿No lo han evaluado?
–Sí, sí y se evalúa desde otros ámbitos, va en paralelo con los esfuerzos de seguridad pública, ¿me explicó? ¿Qué podemos decir? Que hay un cierto número de jóvenes en estas zonas que ya tienen, por lo menos, una alternativa cotidiana a nivel cultural.
La pregunta es entonces qué distingue al programa “Cultura en Armonía”, del cual los propios funcionarios del Conaculta han subrayado su propósito de resarcir el tejido social y prevenir la delincuencia, de cualquier otro presentado en diferentes sitios, por ejemplo el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, y por qué a un año de iniciado el proyecto piloto no se tiene una evaluación sobre los impactos.
Frausto responde que el diagnóstico para crear el programa se hizo con trabajo de campo y también así “se está construyendo la propia evaluación”. Asegura que es un proyecto que sí se distingue de los programas tradicionales del Palacio de Bellas Artes o cualquier teatro del país, porque en el caso del programa especial se busca incluir circuitos que “normalmente no están atendidos por Conaculta de manera cotidiana”.
Otra característica es que forma parte del Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia (Pronapred) y de la Cruzada contra el Hambre. Y, además, se trabaja de manera conjunta y transversal con varias instancias del sector cultural como el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Fondo de Cultura Económica, Alas y Raíces para los Niños, la Fonoteca Nacional, entre otros:
“Están volteando los ojos a un sitio donde no había una atención prioritaria. Yo creo que el tiempo nos va a ayudar a reconocer estos esfuerzos, porque el compromiso es permanente, es estar ahí no solamente en un momento en el que las cosas llegan a cierto límite crítico, sino una vez que atiendes una comunidad no te puedes ir, no puedes moverte de ese lugar.”
Agrega que están construyendo los indicadores de la mano de la Secretaría de Desarrollo Social y de la Secretaría de Gobernación (Segob) y enfatiza:
“Creo que también parte del reconocimiento de que son zonas que no habíamos atendido, o sea no habíamos atendido de manera permanente.”
–¿El Conaculta no atendía esas zonas?
–Pues de manera permanente no, no existía esa política dentro del Conaculta de atender estas zonas con proyectos comunitarios.
Lista de espera
Se le pide explicar por qué afirma lo anterior cuando hay programas muy antiguos como el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC), o instancias como la Dirección General de Vinculación Cultural (antes llamada de Descentralización):
–¿Su evaluación es que las administraciones pasadas abandonaron estas comunidades?
–¡No, no! No estoy diciendo eso, de ninguna manera…
Corrige y asegura que se habían hecho esfuerzos para vincular a los jóvenes en proyectos cotidianos que no terminen en una o dos semanas, sino permanezcan, como las bandas en Ciudad Juárez o las agrupaciones de Fomento Musical, “pero las necesidades son tantas, tan abismal la cantidad de requerimientos y de zonas que hay que atender”, que ahora se requiere unir esfuerzos en una política transversal que sume varias instancias del Conaculta y, “eso sí es una diferencia, que enfoquen esfuerzos de manera coordinada”.
Agrega que la Segob marcó polígonos llamados “de atención prioritaria” en el marco del Pronapred y ahí se lleva el programa “Cultura en Armonía”, lo cual no exime que el Conaculta continúe con proyectos de otros programas. Menciona por ejemplo que en Morelia, donde “hay una oferta cultural exorbitante y permanente”, se lleva el trabajo especial a zonas como Lomas de Durazno o colonias donde no llega la otra programación.
Hay lugares donde resulta conveniente, dice, su convergencia en varios programas de manera permanente. Cuenta por ejemplo que en Acapulco se creó la Orquesta Renacimiento con 320 niños, y hay algunos con cinco años de edad que están esperando crecer para ingresar, otros no lo hacen porque no hay instrumentos y “ya hay una lista de espera tremenda”. Ahí se abrió entonces, como otra opción, un colectivo de fotografía que registra las actividades de la orquesta y se realizan programas como el de “Cine Sillita” donde se acondiciona un muro en un edificio para proyectar cine al aire libre y la comunidad lleva sus sillas.
–Me dice que hay niños esperando para ingresar a la orquesta y que se atiende fundamentalmente a la gente que asiste a casas e instituciones de cultura, ¿no hay de alguna manera una exclusión?
–Abarcar a toda la gente, de todos los lugares, todo el tiempo pues es irreal, pero tratamos de hacer proyectos que convocan al mayor número de jóvenes de manera permanente.
Relata que cuando se hizo la convocatoria para la Orquesta Renacimiento (“te soy honesta”) no sabían si le iba a interesar a la comunidad por tratarse de música clásica, pero había que ofrecer esa alternativa. Y se hizo mediante altavoces, “como se anuncian los bailes”. Había lugar para 180 niños y llegaron 320, “no teníamos capacidad para atenderlos a todos y afortunadamente hubo la voluntad para crecer la plantilla de maestros, la compra de instrumentos y atender a todos, no se rechazó a uno solo. Entonces justamente el principio es de inclusión, todo lo que se pueda”.
La orquesta, agrega, se fundó en un barrio donde “no había ni una casa de cultura” o un espacio similar, y la comunidad participa con otros proyectos en torno a la orquesta (el colectivo de fotografía, las artesanas hacen los trajes, otro de jóvenes les han hecho escenografías, etcétera), a partir de lo cual “se puede ir fortaleciendo ese tan resonado tejido social”.
Se le comenta que algunos investigadores señalan que el problema de la violencia en el país no tiene sus causas en el ámbito cultural, sino en el modelo económico neoliberal que es excluyente (1954).
–Sí, lo leí, es muy interesante. Yo pienso que efectivamente la gente necesita trabajo, hay muchísimos artistas que necesitan trabajar y hay procesos culturales que pueden ayudar a que la economía comunitaria, la economía familiar, se vaya fortaleciendo. Es uno de los principios que están dentro de este programa, la cultura es una alternativa que se debe de sumar a muchísimas otras categorías y otras políticas.
“Creo que no falta razón al decir que la economía es una de las razones por las cuales las comunidades se ven fracturadas, que provoca la migración… sí, es devastador el problema económico, ¿qué podemos hacer como cultura en eso, en los esfuerzos que tengan que ver con artistas, con creadores tradicionales? Generar alternativas permanentes, permanentes, permanentes.”
–Se hace el programa diciendo que la cultura será un medio para reconstituir el tejido social, pero México tiene una cultura milenaria y diversa, ¿a qué atribuye la situación de violencia actual?
–¡Qué pregunta! Creo que la cultura debe reconocerse como un proyecto estratégico dentro de este esfuerzo de articulación. Es totalmente cierto lo que dices, cuando me hablan de rescate, digo: ‘¿Qué? No estamos rescatando, esto está más vivo que nada’. Nuestra obligación como entidad pública es promover en caso que las comunidades quieran que se promueva.
“Su papel es dignificar y fortalecer la cultura –juzga– que comienza a tener un papel protagónico.”








