“Cultura en Armonía”, excluyente

Testigo presencial de algunas actividades del programa “Cultura en Armonía” iniciado en abril pasado en Michoacán, la antropóloga Carmen Pérez Camacho considera que la cultura puede ser una herramienta en estos momentos críticos, pero debe vincularse con otras esferas de la vida pública para lograr, realmente, regenerar el tejido social.

Dice que la cultura generalmente se ha visto como un espectáculo o algo para los momentos de ocio y tiempo libre. Pero puede ser una fortaleza si se le ve como un detonador de otras actividades que permitan la participación de los ciudadanos, la convivencia y el desarrollo de la economía local.

No basta con que se lleven actividades para una “cobertura” momentánea en donde la ciudadanía asiste pasivamente como espectador sin apropiarse de un espacio público, sin convivir y sin desarrollar sus propios procesos culturales y advierte que lo importante es que construya valores, normas, certeza e identidad.

Se le pregunta si el programa impulsado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), aporta esos elementos. Refiere haber presenciado el 30 de abril una función de Cine Sillita, y le agradó ver que la gente comienza a apropiarse del proyecto. Sabe que todos los jueves habrá “cinito” y van organizándose entre conocidos para llevar la merienda. Falta ahora, agrega, que la comunidad decida qué películas quiere ver.

Es necesario también conocer qué sucede cuando una actividad concluye, sobre todo cuando es de un solo día, como el concierto de la cantante Lila Downs en Pátzcuaro, el 30 de abril pasado:

“Tendríamos que hacer un estudio más profundo de qué pasa en la ciudadanía cuando se acaba el evento, se va Lila Downs ¿qué se queda en la ciudadanía?, ver qué se está construyendo con la recuperación del espacio público.”

Recuerda que cuando comenzaron en Colombia los programas para combatir la violencia a través de la cultura, una de las principales preocupaciones fue generar confianza en la gente:

“Yo creo que con sus diferencias y matices, este programa de ‘Cultura para la Armonía’ puede derivar en algo muy importante: Certidumbre, confianza, convivencia y organización.”

Se le comenta que el Conaculta aún no cuenta con indicadores sobre los resultados. La titular de la Dirección General de Culturas Populares, Alejandra Frausto, sólo habla de la gran cantidad de familias involucradas. En tanto las noticias dan cuenta de que la violencia no disminuye. El miércoles18 renunció al gobierno de Michoacán, Fausto Vallejo, argumentando motivos de salud, en medio del escándalo por la publicación de una fotografía  de su hijo Rodrigo con Servando Gómez La Tuta, líder de Los Caballeros Templarios.

La antropóloga, directora de C2 Cultura y Ciudadanía A.C., plataforma de investigación y diseño de políticas culturales, establece que no basta tener cifras sobre la cantidad de gente que va a un concierto, 15 mil o 12 mil personas, porque no se trata sólo de crear condiciones de acceso a la cultura “como dar instrumentos, pagar profesores (de arte) o llevar cine”, sino de evaluar cualitativamente si realmente se está impactando en el tejido social.

La investigadora coincide con quienes afirman que el problema de violencia en Michoacán y otras regiones del país tiene su origen en factores diversos, entre ellos el modelo económico neoliberal debido a que es excluyente.

Se le comenta que ahora se busca ofrecer una alternativa para jóvenes que quizá han sido excluidos del sistema educativo o el mercado laboral, pero con la limitante de que las orquestas y colectivos de artistas tampoco pueden atender a todos.

“Yo creo que el programa debe vincularse con otras esferas, con otros ámbitos, porque es cierto que la cultura, más allá de ser un espacio para el tiempo libre, puede regenerar tejido social. Pero no lo hace sola, la cultura no es suficiente, no le debemos cargar todo a la cultura.”

Se puede decir, indica, que con estas alternativas se está ayudando a fortalecer la economía familiar y comunitaria, pero si no hay una vinculación con las esferas de la economía no habrá un verdadero impacto:

“El modelo económico no ha sido suficiente para dar alternativas a otros modos de vida y por lo tanto están los resultados que hoy tenemos. Sí creo que este programa debe aliarse con otras instituciones para resolver el problema, si queremos empujar la economía tiene que aliarse con un desarrollo social.”

Si no van de la mano, desarrollo social y económico, la cultura no será suficiente, remarca:

“El programa no va a poder cubrir a todos, vamos a tener grupos que participan y otros excluidos. Podemos empezar con los que hoy nos permite el presupuesto y al mismo tiempo crear alianzas para generar propuestas para los niños en la parte educativa… Si no pueden entrar a un ensamble a un coro, deben tener mejores posibilidades en las escuelas y sus padres en el trabajo. El trabajo debe ser en red, si no es –otra vez– un trabajo individual, parcializado y excluyente.”