Un viaje de 120 mil pesos

RÍO DE JANEIRO.- Para quienes presenciarán los partidos de México en el próximo Mundial, pagar los boletos para los juegos fue sólo el primer gasto de una cuenta que superará los 100 mil pesos.

Los cálculos realizados por Proceso apuntan a un desembolso mínimo de 6 mil dólares por persona (75 mil pesos) para el periodo que va del viernes 13 al martes 24, lapso en el cual se jugarán los partidos de México en la fase de grupos contra Camerún, Brasil y Croacia.

Esa cantidad no incluye el boleto de ida y retorno de México a Brasil ni seguros médicos o viáticos. En esos 6 mil dólares únicamente se contabilizan los vuelos internos (Río de Janeiro-Natal, donde el tricolor juega con Camerún el viernes 13; Natal-Fortaleza, donde la Selección disputa el segundo partido con Brasil; el Fortaleza-Recife del partido contra Croacia; y el vuelo de vuelta a Río de Janeiro), así como la estancia en modestos y vetustos hoteles de tres estrellas que, para disgusto del cliente foráneo, no ofrecen un confort ni un servicio similares a establecimientos de una categoría equivalente en México o Estados Unidos.

El caso más llamativo es el de Fortaleza, sede del México-Brasil, donde la escasez de oferta desató los costos. La principal página de reservas por internet del país, www.decolhar.com, sólo disponía de cuartos en cinco de los 233 hoteles de la ciudad, cuando faltaban 15 días para el inicio del torneo.

Si a eso le sumamos los mil 200 dólares que cuesta el boleto de avión a Brasil y los 200 dólares diarios que cada aficionado deberá gastar en comida y transporte, el desembolso total sería de unos 9 mil 600 dólares, es decir 120 mil pesos. Esto equivale a unos seis años de salario mínimo.

Las cifras citadas reflejan la tendencia al alza en los precios de los servicios de las principales ciudades brasileñas por la celebración del Mundial. Ya de por sí extremadamente caras en comparación con el nivel de vida de los habitantes y la calidad de los servicios, ciudades como Río de Janeiro o Sao Paulo ofrecen ahora precios prohibitivos en alojamientos para corto y medio plazo.

“Río es así: precios de Manhattan a cambio de una calidad de Haití”, explica con ironía Luis, un oriundo de la Ciudad de México que reside desde noviembre de 2013 en la urbe fluminense. Vive junto a otro mexicano en un dúplex de Copacabana que no es lujoso pese al glamour que pueda evocar el vocablo: unos 80 metros cuadrados divididos en dos cuartos con pequeños baños, un salón con cocina y una terraza.

“Pagamos seis mil 500 reales (37 mil 500 pesos) al mes. Por ese precio tienes un palacio en México”, abunda Luis, quien recuerda que el departamento tiene goteras, muebles viejos y deja pasar el ruido del elevador. “No encontramos nada mejor. Río está imposible”.

La zona sur de la ciudad, donde se localizan los barrios de Copacabana, Ipanema y Leblón, considerados los más turísticos y seguros de la ciudad, ha experimentado un encarecimiento incesante desde que Brasil fuera elegido en 2007 sede de la Copa del Mundo. Ipanema es la zona más cara de toda la excapital brasileña, con un costo medio del metro cuadrado en 38 dólares, siempre y cuando se alquile por, al menos, 30 meses, según datos de la Asociación Brasileña de Administradores de Inmuebles (ABADI).

En caso de rentar por temporada junto a los estadios donde se disputan los partidos, los precios se disparan tanto en Río como en Sao Paulo. Junto al mítico Maracaná, donde se jugará la final el 13 de julio, algunos propietarios piden hasta 53 mil dólares por el mes de la copa. Esa cifra supone 100 veces el salario medio brasileño, que se situó en el primer trimestre de este año en 530 dólares, según datos publicados el 17 de abril por el ministro de Trabajo, Manoel Dias.

Deborah Mendonca, directora y presidenta de la ABADI, explica que el aumento de los precios no es producto de una “burbuja”, como argumentan muchos economistas, sino consecuencia de una “corrección del mercado”. Asegura que, además de la Copa del Mundo o los Juegos Olímpicos de Río 2016, la inflación se explica por el acceso al crédito entre los brasileños, el aumento de la seguridad y la inversión estatal en infraestructura.

También se defiende de las críticas Alfredo Lopes, presidente de la Asociación Brasileña de la Industria de los Hoteles de Río de Janeiro, quien en entrevista apunta que ha habido un “esfuerzo por renovar” la red hotelera de Río. “Se han añadido 6 mil 800 cuartos y estamos en una oferta total de 35 mil habitaciones, que oscilan entre 160 y 570 dólares de precio medio”.

Unas cantidades que no han impedido que “la ocupación roce 90%” durante toda la Copa del Mundo. Río y Sao Paulo se sitúan ahora como la segunda y tercera ciudades más caras del mundo para hospedarse en un hotel de cinco estrellas, consignó el diario económico brasileño Valor el pasado 8 de abril.

El expolio alimenta el expolio

Este aumento no se limita al sector inmobiliario; también toca al aéreo. En ese rubro los precios de los boletos se duplicaron pese al aumento en la frecuencia de los vuelos. De hecho, el incremento de los pasajes fue tan desproporcionado que las aerolíneas tuvieron que bajar los costes en las últimas semanas: las reservas estaban estancadas.

En este contexto la inflación que se prevé para 2014 es de 6.5%. Se sitúa además como uno de los mayores rompecabezas para ese país, sólo por detrás de la inseguridad. Un sondeo publicado en junio de 2013 y efectuado por la compañía Vox Populi indicó que 88% de los brasileños está “preocupado” o “muy preocupado” por el aumento de precios.

Con excepción de casos grotescos, el encarecimiento de la vida en Brasil tiene motivos estructurales. Por un lado se debe a la alta carga fiscal aplicada sobre el consumo y las empresas, así como al tradicional proteccionismo de Brasil, perceptible en la escasa media docena de acuerdos de libre comercio que mantiene y al alto arancel aplicado a los productos industrializados que se importan. El impuesto puede superar 70% del valor del producto.

Por otro lado la bonanza económica de la última década, impulsada por la venta de materias primas y alimentos, en especial a China, abonó a la inflación y la apreciación del real, que en agosto de 2011 llegó a situarse en 1.5 reales por dólar (actualmente está en torno a los 2.2 reales por dólar).

Esto provocó situaciones paradójicas. The New York Times señalaba en un reciente reportaje que el auto Volkswagen Gol de cuatro puertas y aire acondicionado, fabricado en Sao Paulo, se vende en Brasil por 16 mil 100 dólares, mientras que el mismo modelo, exportado y vendido en México bajo el nombre Nuevo Gol, cuesta miles de dólares menos. También otros productos, marca Apple, Sony o Diesel, por citar algunos, son mucho más caros en Brasil que en el resto del mundo.

Como consecuencia, las clases media y alta brasileña son muy aficionadas al turismo de compras. Estados Unidos es el destino preferido, pese a las más de nueve horas que separan Río de Janeiro y Sao Paulo de Miami o Nueva York, y del costo del boleto, que en clase turista y temporada baja se sitúa en los mil dólares (12 mil 500 pesos).

Fred Dixon, director de la empresa NYC & Company, que se encarga de la promoción turística de Nueva York, asegura que el año pasado 895 mil brasileños visitaron la ciudad, lo que supone casi el triple que en 2009. Brasil, de hecho, es uno de los pocos destinos mundiales en el cual las aerolíneas permiten al viajero facturar gratuitamente dos maletas de hasta 32 kilos por persona.

Como consecuencia, en enero se instauró un gravamen de 6.38% en todas las tarjetas bancarias, tanto de crédito como de débito, que se aplica a todas las transacciones realizadas en el exterior. Según el Banco Central de Brasil, los habitantes de ese país gastaron 23 mil 500 millones de dólares en el extranjero el año pasado.