Partidero

Llegamos al número 500 de Proceso Jalisco, casi 10 años de informar cada semana sobre asuntos poco conocidos, desconocidos y hasta reservados o secretos. Para bien de la sociedad y la democracia, ahora son públicos, aunque para algunos de los aludidos resulten incómodos. Pero ese ha sido, y es nuestro ser y quehacer.

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Desempacado en el último momento –el 28 de febrero de 2013– como bateador emergente, pero con más experiencia política que todos en el gabinete de Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, Arturo Zamora Jiménez se va de la Secretaría General de Gobierno como llegó: solo y sin amigos entre los cercanos del gobernador, casi todos recién salidos del cascarón, incluido el mismo Ejecutivo estatal. Cuando alguien se pregunta por qué Zamora regresa al Senado, la respuesta es sencilla: porque no es ni ha sido del equipo de Aristóteles. Le había sido impuesto, al estilo de antes. Por tal razón, cada día más le hacían el vacío y lo pasaban por alto, incluidos algunos de los colaboradores que él mismo apoyó; de ahí que Zamora haya nadado de muertito en los últimos meses. Cuando el gobernador dijo que se iba de regreso a la capital del país para tener presencia jalisciense allá, nadie le creyó. Y cuando Zamora expresó que es para participar como senador en la elaboración, discusión y aprobación de las leyes secundarias de las reformas constitucionales, tampoco hubo quién le creyera. La verdad es que se va porque lo dejaron solo, empezando por Aristóteles, quien ha dejado meter mano, aparte de sus colaboradores, a su padre, el magistrado Leonel Sandoval Figueroa en el Supremo Tribunal de Justicia del estado. Las cosas no marchan bien, como se sabe.

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El decomiso de mil litros de gasolina el 12 de mayo pasado en Guachinango, que habían sido extraídos de manera clandestina de algún gasoducto de Pemex, pudo no haber sido el único motivo de la emboscada a las tropas del Ejército, donde murieron cuatro elementos y el camión en el que viajaban fue reducido a cenizas. La sospecha de algunos uniformados es que, para tamaño convoy de los agresores que provocó zozobra en aquella región durante varios días, por ahí se estaría moviendo algún capo de peso pesado y que, para protegerlo, sus pistoleros se adelantaron a los militares.

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Hace un mes se reunieron casi en el sigilo alrededor de 30 provinciales jesuitas de América Latina con el superior general de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás Pachón, S.J., a las afueras de Guadalajara (Proceso Jalisco 497). Aquí, en la Casa de Ejercicios Espirituales de Puente Grande, le tocó atenderlos al provincial en México, Francisco Magaña. Nada trascendió del encuentro. El padre Eugenio Gómez informó de manera escueta a este reportero que se abordó la situación interna de la comunidad jesuítica en el continente, así como la situación de pobreza extrema, migración y violencia por país. Y no dijo más porque Pachón pidió absoluta discreción en su viaje a México para la 28 Asamblea de la Conferencia de Provincias de esta parte del continente americano, incluido Brasil. Luego, casi a su regreso de estas tierras, el prepósito general anunció en Roma, donde tiene su sede, su renuncia al cargo, efectivo a partir de 2016, algo poco usual en la Societas Jesu. No se sabe si tal decisión la planteó como una posibilidad ante sus provinciales o si fue a partir de esta visita de más de una semana en la que tomó tal determinación. ¿Pudo ser una decisión a partir de lo que vivió y escuchó de sus hermanos jesuitas latinoamericanos o fue un acto de humildad y un adelanto de lo que en el futuro puede ocurrir con el mismo Papa Francisco, también jesuita, de seguir los pasos de Benedicto XVI en el sentido de que ni el papado es para toda la vida? Lo cierto es que el superior general, de origen español, expresó que renunciaba por cansancio y que se va “muy contento y optimista” por la labor de los jesuitas, “desde Guyana hasta aquí”.

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