Señor director:
Quisiera publicar en la sección Palabra de Lector la siguiente carta abierta al jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera.
La madrugada de este 8 de mayo, mientras circulábamos en automóvil por el Eje Uno Norte alrededor de las 0:50 horas, luego de terminar nuestros trabajos, frente a la entrada de la estación del Metro Lagunilla-Garibaldi, nos detuvo un retén policiaco que supuestamente realizaba un “operativo” contra la delincuencia. Allí se hallaba la patrulla P95 07.
Ser detenido por la policía es sumamente desagradable, señor Mancera. Serlo sin motivo, por más que digan que están combatiendo a la delincuencia, lo es más. Pero lo peor es ser extorsionado por esos sujetos que ante cada automovilista arbitrariamente detenido buscaban cualquier pretexto para amenazarlo con la detención –revisaban su cajuela, exigían sus documentos, encandilaban con sus lámparas a los acompañantes del conductor, intimidaban en general–, juraban que procedía la remisión al Ministerio Público y la retención del vehículo.
El pretexto contra nosotros fue encontrado. Mi amigo traía una espada de ornato –decorativa, por supuesto–, una obra de orfebrería, que estaba incluso en su estuche. Los agentes policiacos dijeron que posiblemente “éramos templarios” y enseguida sugirieron: “ayúdame para que yo pueda ayudarte”. Es decir, propusieron veladamente la extorsión. Como no contábamos con dinero suficiente, nos quitaron la espada.
Esto, en lenguaje llano, se llama robo. Una vez apropiados del caro ornamento, no les importó que, por traer una espada, quizá en efecto pudiéramos ser templarios y nos permitieron retirarnos.
¿Están sus policías, señor Mancera, autorizados para robar a los ciudadanos que pagamos sus sueldos con nuestros impuestos? ¿Puedo esperar una respuesta de la justicia contra este abuso? ¿Podrá mi amigo recuperar su espada que le robaron?
La actuación de sus policías, señor Mancera, una vez más (porque no olvidamos la brutalidad de sus granaderos en estos últimos dos años), nos recuerda la época terrorífica, cuando el jefe policiaco de esta ciudad era Arturo El Negro Durazo. Espero respuesta, señor, ¿o habrá que tomar otras providencias? ¿Tendremos que organizarnos como autodefensas contra estos abusos?
Atentamente
Jesús Ortega Rodríguez
(Pterocles Arenarius), escritor
044/55/27-25-20-23








