Contagio en el Este

PARÍS.- En su libro Los nuevos populismos, el catedrático Dominique Reynié trata por separado a los partidos de ultraderecha activos en los países excomunistas de Europa Oriental. Cita a Ivan Krastev, politólogo búlgaro, presidente del Centro de Estrategias Liberales de Sofía e investigador del Instituto de Ciencias Humanas de Viena, quien subraya sus características: “Coraje y odio contra las élites, falta de programas políticos claros, aspiraciones al ‘igualitarismo’, euroescepticismo exacerbado combinado con convicciones anticapitalistas, ultranacionalismo, xenofobia abierta o latente y lucha contra la corrupción”.

Reynié ofrece algunos ejemplos.

Menciona la Liga de las Familias Polacas, creada en 2001, ultracatólica y antisemita furibunda. Y el Partido Nacional Eslovaco, fundado en 1989, de corte abiertamente neofascista, que multiplica ataques contra los homosexuales y discursos racistas contra los gitanos y los húngaros, y aboga por la rehabilitación de Jozef Tiso, expresidente pronazi de Eslovaquia y responsable de la deportación de judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Habla también de la Unión Nacional Ataka, de Bulgaria, fundada en 2005, antisemita, xenófoba y antiestadunidense, que defiende el cristianismo ortodoxo y la identidad eslava, que odia a los inmigrantes y cuyo fundador y líder, Volen Siderov, gran provocador y amigo de Jean Marie Le Pen, amenaza con “fabricar jabón con los gitanos”.

Se refiere también al Movimiento por una Hungría Mejor (Jobbik), agrupación que defiende el cristianismo, la familia y la autoridad; se proclama anticomunista, antiliberal, antisemita y antigitano, y que es ya la tercera fuerza política de Hungría. Uno de sus altos responsables, el diputado Marton Gyongyosi, provocó un escándalo al pedir la elaboración de listas de judíos húngaros. El mismo año otros miembros del partido no vacilaron en quemar una bandera de Israel frente a la sinagoga de Budapest.

Señala Reynié: “Fue precisamente para solidarizarse con los judíos de Hungría que el Congreso Judío Mundial se llevó a cabo en Budapest del 5 al 7 de mayo de 2013, cerca de la gran sinagoga de la capital húngara. En esa oportunidad Eniko Kovacs, diputada de Jobbik, arengó a centenares de militantes y simpatizantes del partido exhibiendo suásticas, insultando a los miembros del Congreso y provocándolos con saludos hitlerianos. Sólo la presencia policiaca impidió que los neofascistas enardecidos agredieran a los congresistas”.

Hungría

El caso de Hungría es especial. Desde 2010 la gobierna Viktor Orban, cabeza a la vez de su partido, Fidesz-Unión Cívica Húngara, más cercano a la ultraderecha que a la derecha conservadora.

Tras su amplia victoria en las elecciones legislativas del pasado 6 de abril, Orban inauguró­ su segundo mandato como jefe de gobierno exigiendo una amplia autonomía para las minorías húngaras radicadas en los países que tienen frontera con Hungría.

El origen del problema de estas minorías se remonta al Tratado del Gran Trianon firmado el 4 de junio de 1920 en Versalles entre los países victoriosos de la Primera Guerra Mundial –Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Italia, Rumania y el reino de los serbios, croatas y eslovenos (que se volvería Yugoslavia en 1929)–, por una parte, y Hungría por la otra.

Derrotada, Hungría perdió dos terceras partes de su territorio y de la noche a la mañana 3 millones de húngaros quedaron convertidos en rumanos, checoslovacos, serbios, croatas o eslovenos. Una minoría fue integrada a Austria.

La humillación infligida a Hungría por el Tratado del Trianon sigue presente en la memoria colectiva y es el caballo de batalla de Fidesz-Unión Cívica Húngara y de Jobbik. Ambos bregan por la Gran Hungría, el primero de manera soterrada; el segundo abiertamente, causando tensiones en los países vecinos y en la Unión Europea.

El preámbulo de la nueva Constitución húngara –en vigor desde el 1 de enero de 2002– hace hincapié en “la protección de los húngaros que viven en el extranjero”.

En un informe muy crítico sobre la radicalización del régimen de Orban, la Comisión Europea para la Democracia y el Derecho (Comisión de Venecia), institución que depende del Consejo de Europa, se pregunta qué implica semejante protección.

Para Jobbik no hay ambigüedad: en agosto de 2013 Gabor Vona, diputado de ese partido, pidió la creación de una región autónoma húngara en Rumania, la cual quedaría bajo amparo de Budapest. Enfatizó que importaba más “la preservación de la raza húngara” que “las buenas relaciones con Rumania”.

El control cada vez más estrecho de los medios y de la justicia por parte de Orban y su partido preocupa a la Comisión de Venecia, cuyo informe recalca: “En lo que concierne a los derechos fundamentales, la comisión estima que la Constitución debería ser más explícita sobre su definición y garantizar más su protección y su ejercicio a nivel individual, tal como lo exigen los instrumentos internacionales adoptados por Hungría”.

Reynié enfatiza: “Viktor Orban se está convirtiendo en el primer caso de ‘transición autoritaria’ de un Estado miembro de la Unión Europea”.