Juárez sigue siendo uno de los más importantes puntos de cruce de droga a Estados Unidos. Catalogada como la más peligrosa del mundo en el sexenio de Felipe Calderón, ahora la ciudad ha recuperado poco a poco una tranquilidad aparente. Menos asesinatos, menos desapariciones, menos extorsiones… Pero esta precaria calma no llegó milagrosamente. Una fuente consultada por Proceso revela la existencia de un acuerdo entre los jefes del narcotráfico para enfriar la plaza; enfriamiento que pasa por la eliminación de los pequeños delincuentes que aprovecharon el río revuelto para dedicarse al secuestro y el cobro de piso.
CIUDAD JUÁREZ , CHIH.- “Ya viene la limpia”. Es el rumor que recorre las calles de esta ciudad fronteriza, cuyos habitantes poco a poco han recuperado la tranquilidad, pues en los últimos meses se ha registrado un descenso en el número de asesinatos relacionados con el narcotráfico.
“Esta plaza está controlada. Aquí en Juárez ya no hay enfrentamientos por las rutas de paso de droga”, dice a Proceso una fuente que por razones de seguridad pide el anonimato.
Durante mucho tiempo considerada –sobre todo en el sexenio de Felipe Calderón– la ciudad más peligrosa del mundo, Juárez tiene ahora otra cara. En las calles camina más gente y lo hace con mayor tranquilidad. Hay más negocios abiertos, se observa mayor tránsito vehicular y por las noches los bares y antros tienen mucha clientela, incluso de personas que vienen desde El Paso, Texas, para divertirse con más libertad que en su país, como solían hacerlo hasta hace unos ocho años.
“Esta tranquilidad es de cinco o seis meses para acá”, explica la fuente, quien incluso dentro de la habitación del hotel en la zona centro de Ciudad Juárez donde lleva al reportero, y con las cortinas cerradas y los celulares apagados, habla muy bajito, como temiendo que alguien lo escuche.
“Hubo un acuerdo para calmar la plaza. El año pasado se hizo una junta en Culiacán con la gente del Cártel de Sinaloa y los de aquí. En esa reunión se dieron por terminados los enfrentamientos entre los grupos que tenían presencia en Juárez”, sostiene.
No es que de pronto en Ciudad Juárez hayan terminado las ejecuciones relacionadas con el narcotráfico como consecuencia del presunto acuerdo alcanzado en Culiacán. Las de ahora –que seguirán un tiempo, explica la fuente– se hacen de otra manera, “más profesional” y sólo contra quienes “deben morir”.
“Los ejecutados de las últimas dos semanas han sido personas que le perdieron el respeto a los jefes. Los muertos han sido casi puro pandillero de Los Aztecas; chavos a quienes sus ejecutores han encobijado o descuartizado. Son muertos con mensaje”, apunta.
Desde septiembre u octubre del año pasado las ejecuciones de carro a carro –tan comunes y que aquí se volvieron símbolo de la violencia del crimen organizado– son cada vez menos frecuentes.
La fuente afirma que este tipo de asesinatos los cometían “los sicarios” de Los Aztecas, jóvenes de entre 15 y 17 años reclutados como tropa en la contienda por el control de la plaza entre los cárteles de Juárez, de Sinaloa, del Golfo, Los Zetas y el de los Beltrán Leyva.
“Ya regresaron los sicarios profesionales, grupos tácticos que visten de negro; como antes pues, quienes tienen la orden de levantar y eliminar sólo a la gente necesaria, a los secuestradores, extorsionadores, a los que venden droga al menudeo y a los que piensan que pueden convertirse en jefes”, explica la fuente.
“El Chuyín”
Alguna vez se pensó que el Cártel de Sinaloa se apoderaría de la plaza, pero en esta ciudad fronteriza ya ni siquiera el Cártel de Juárez manda. Mucho menos su cabecilla, Vicente Carrillo Fuentes, El Viceroy.
–¿Quién o quiénes controlan la plaza? –se le pregunta a la fuente.
Antes de responder, el entrevistado puntualiza: “Yo no lo vi. Usted no me vio. Yo no hablé con usted ni usted conmigo. ¿Trato?”.
–Trato –concede el reportero–. ¿Quién controla la plaza de Ciudad Juárez?
–La Línea. El Viceroy se dice que ni está aquí, que vive por allá en Sinaloa, en su tierra; que ya se retiró, que está enfermo. La gente que manda ahora ni siquiera vive todavía aquí en Ciudad Juárez.
La Línea, el grupo de sicarios que comandaba Carrillo Fuentes para contener las incursiones de los grupos de narcotraficantes que pretendieron arrebatarle la plaza durante el sexenio de Calderón, ahora es –según la fuente– casi un cártel poderoso.
–Por eso se dice que ya viene la limpia –subraya la fuente.
–¿Quién es el jefe de La Línea, el que controla Juárez?
–El Chuyín. Él es el jefe. Su nombre no se lo puedo decir, pero aquí todos saben quién es. Fue mano derecha de Pedro Sánchez cuando todo estaba bajo control del Cártel de Juárez.
–¿En qué consiste la limpia?
–El Chuyín y su gente están en Ciudad Cuauhtémoc. Desde allá y desde Villa Ahumada está llegando la gente profesional que ha venido a levantar a los malandros que se sentían narcos y cobraban cuota a la gente de aquí de Juárez, que nada tiene que ver con el negocio (del narcotráfico). Lo que se oye, y la verdad es lo que se dice aquí por todos lados, es que pronto va a venir gente de La Línea y del grupo Los Linces, que ya no operaba, y van a hacer un trabajo exprés por todo Juárez.
–¿Cómo será ese trabajo exprés?
–Lo que nos han dicho es que El Chuyín quiere que en unos cuantos días su gente levante a todos los extorsionadores de Los Aztecas y otros grupos. Que hagan lo que se tiene que hacer y listo. Va a haber una matazón, pues. Ciudad Juárez será otra vez noticia nacional, pero sólo va a morir la gente que se tiene que morir. Nadie más. Luego todo se va a calmar y cuando eso pase, El Chuyín se va a venir de Ciudad Cuauhtémoc para acá.
El objetivo de La Línea, según la fuente, es “trabajar como antes y calmar la violencia de la plaza”. De hecho la administración antidrogas estadunidense (DEA) admite que Ciudad Juárez es nuevamente un punto importante para el paso de drogas a Estados Unidos, pero extrañamente tranquila.
“El Cártel de Sinaloa no logró asentarse en Ciudad Juárez ni en esta región de Chihuahua. Son los remanentes del Cártel de Juárez los que están metiendo mucha mariguana, heroína y metanfetaminas a El Paso por los puentes transfronterizos y por otros corredores tradicionales de la región para el tráfico de narcóticos”, sostiene un documento que entregó la DEA a este semanario.
Por su parte, la fuente consultada en Ciudad Juárez confirma que por las rutas de esta ciudad sí pasa mucha droga a Estados Unidos. “Por eso están limpiando, por eso se hizo el acuerdo en Sinaloa. Nadie quiere otra guerra, lo que se quiere es trabajar, porque así hay dinero y nadie pierde. Como ya hay más dinero, la vida en Juárez es más tranquila. Por eso ve usted más movimiento y seguridad en las calles, aunque todavía no en las colonias más pobres y violentas”, acota.
–¿Cuándo se detuvo la guerra entre los grupos aquí en Ciudad Juárez?
–Prácticamente desde que entró el nuevo presidente.
–¿Por qué ocurrió eso?
–No sé qué tanto tenga de cierto, pero aquí ya se decía que si ganaba Peña Nieto la Presidencia, las plazas se iban a calmar porque a él lo que le interesaba era que ya no muriera más gente inocente y que los malandros no los robaran, secuestraran ni extorsionaran. Los jefes entendieron el mensaje y ahí están los resultados, por lo menos aquí en Juárez.
Revive La Línea
La lucha militarizada de Felipe Calderón contra el crimen organizado y el narcotráfico exacerbó la guerra entre criminales por el control de las plazas y rutas del tráfico de drogas y creó un ambiente de inseguridad en el cual muchos delincuentes menores adoptaron patrones de conducta sanguinarios, como de traficantes de drogas, para intimidar y extorsionar a la sociedad. Y de alguna manera lo lograron.
La fuente lo interpreta así: “Los Aztecas, Los Mazatlecos y chavos que se sentían narcos y zetas le metieron mano a las armas y cundió el miedo por todos lados. Mataban a gente nada más por matar; pedían cuotas a todo mundo y el que no pagaba se moría. Eso ya se está acabando y dicen que se acabará con la limpia exprés”.
–¿Tanto ha cambiado Ciudad Juárez en los últimos meses?
–No me crea a mí, pregúntele a la gente. Hasta la Policía Municipal está cambiando. La gente de La Línea la respeta más que a la Ministerial y no se diga a la Federal. Dicen que El Chuyín quiere que Juárez sea nuevamente para los juarenses, incluida la Policía Municipal.
–¿Quiere decir que ya compraron a la Policía Municipal?
Antes de responder, la fuente suelta una carcajada. “¡No, hombre! ¡Qué va! ¡Qué mal pensados son ustedes los reporteros! Sé que no me va a creer, pero la orden de La Línea, y así se está haciendo, es que si la Municipal agarra un cargamento y detiene a la gente, que no se haga pleito y se entreguen, como se hacía antes. La idea es no llamar la atención más de lo necesario”.
Y sigue con el relato: “Hace poco agarraron a unos jóvenes en una bodega con mariguana. La Municipal decomisó la droga y encarceló a los que agarró. No pasó a mayores el asunto”.
La táctica de La Línea y de los remanentes del Cártel de Juárez es pasar droga a Estados Unidos en camiones de carga, cuando se trata de grandes cantidades; si es al menudeo, cruza por los puentes en autos particulares o con peatones (hormigas), según la explicación de la fuente, quien insiste en aclarar que se trabaja “como se hacía antes de que empezara la guerra” de Calderón.
Consultadas por Proceso, las fuentes de la DEA en esta región admiten no saber quién o quiénes controlan ahora la plaza de Ciudad Juárez. Reconocen que gracias a sus informantes en Chihuahua saben que La Línea está reviviendo y se fortalece como una fuerza dentro del Cártel de Juárez.
“No ha surgido un nombre específico de un nuevo jefe; por eso mantenemos el de Vicente Carrillo Fuentes, aunque sabemos que él ha ido delegando poder a sus sobrinos y otros familiares. Es cierto, Juárez ya está más tranquilo en cuanto a violencia, pero está pasando mucha droga y eso es un polvorín que puede desatar otra guerra entre los grupos del crimen organizado en cualquier momento”, sostiene la fuente de la DEA.
La incursión y afianzamiento de La Línea como timón para el control de la plaza de Juárez, y la de su presunto líder, El Chuyín –según la fuente consultada– no representa el fin a la criminalidad fronteriza.
“Nadie puede garantizar nada. Lo que se afirma es que la limpia será un escarmiento para todos aquellos que como Los Aztecas y Los Mazatlecos se sintieron jefes y pensaron que podían hacer todo lo que querían. Seguirá habiendo muertos, robos, extorsiones y secuestros… hasta desaparición de mujeres, pero estos son delitos comunes en una frontera.
“Acuérdese que no fue sino hasta que Calderón metió a los militares en esto cuando todo mundo se agarró a balazos para adueñarse de los cruces de la droga. Lo único que le digo es que la gente que viene ahora a controlar la plaza es profesional, es gente que conoce el negocio. Por eso le conté que El Chuyín fue mano derecha de Pedro Sánchez; ese señor sí sabía hacer bien las cosas”, concluye.








