La elección de Raúl Padilla López como presidente de los recién ascendidos Leones Negros revela el creciente poder del exrector de la Universidad de Guadalajara. Volverá a encabezar el equipo de futbol del que se deshizo hace 20 años y unirá ese cargo al de presidente de la Feria Internacional del Libro y del Festival de Cine de Guadalajara, entre una multiplicidad de responsabilidades que detenta. Con otro problema colateral: el club puede convertirse en un gasto extraordinario y poco transparente para la UdeG.
El regreso de los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara (UdeG) a la Primera División del futbol abre una incógnita sobre las fuentes de financiamiento a las que deberá recurrir la casa de estudios para sostener la nómina del plantel y hacerlo competitivo. Al mismo tiempo revela que el mandamás de la institución sigue siendo el exrector Raúl Padilla López, quien dos días después del triunfo ante Tecos –el sábado 10– fue nombrado presidente del club en sustitución de José Alberto Castellanos Gutiérrez, para representar al equipo ante la junta de dueños de la Federación Mexicana de Futbol.
Este nombramiento se suma a otros 12 que tiene el llamado “cacique de la UdeG”, entre los que destacan: integrante del Consejo de Administración del Corporativo de Empresas Universitarias, presidente de la Feria Internacional del Libro, presidente del Festival Internacional de Cine de Guadalajara y del Consejo Consultivo de Cultura de esa casa de estudios, así como del fideicomiso del Centro Cultural Universitario y del Festival Papirolas, además de su plaza de profesor-investigador titular C en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades.
Académicos de la UdeG y periodistas ponen en entredicho la legitimidad de tal designación. Señalan que se trata de un autonombramiento de Padilla, quien suma “un juguete más a su colección” de empresas parauniversitarias.
Por separado, Juan José Doñán, docente del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño; Román Munguía Huato, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, y el periodista especializado Jaime García Elías expresan que es una paradoja el hecho de que Padilla, quien nunca ha sido un hombre de futbol, condenara a los Leones Negros a su desaparición en 1994 con la venta de la franquicia, cuando era rector general, y 20 años después aparezca como el héroe del equipo.
Para los académicos es sintomático que en las entrevistas previas a la transmisión de la final –por los canales TVC Deportes y 44 de la propia universidad– Padilla López apareciera como figura central del equipo, en un estadio Jalisco pletórico. A su lado estaban el rector Tonatiuh Bravo y, alejado, el depuesto presidente de Leones, Castellanos Gutiérrez.
Doñán advierte que mantener al equipo en Primera División puede convertirse en un gasto extraordinario para la Universidad de Guadalajara. Recuerda que en los setenta, cuando el equipo logró una plaza en el máximo circuito mediante la compra de los Diablos Blancos de Torreón, realizó las adquisiciones más caras del futbol mexicano hasta entonces, al fichar al portero de las Chivas Ignacio Calderón, al ídolo del Atlas El Astroboy Chavarín y a las estrellas brasileñas Eusebio, Roberto da Silva, Jair y Nené. Las compras sumaron 8 millones de pesos de entonces, casi 100 millones actuales.
El también historiador tapatío precisa que hay elementos para pensar que la historia se repetirá, si se toma en cuenta que las empresas parauniversitarias nunca han sido un ejemplo de transparencia. Por el contrario, acota, se han caracterizado por llevar una contabilidad turbia y deficitaria.
Recuerda que el destino de lo obtenido por la venta de la franquicia de los Leones Negros hace 20 años sigue siendo un misterio, pues los “mandarines” de la Universidad no entregan los estados financieros ni a la institución ni a la comunidad.
Incluso ahora, abunda, no se sabe con exactitud cuáles fueron las fuentes de financiamiento del equipo, si bien el depuesto presidente de los Leones Negros, José Alberto Castellanos Gutiérrez, asegura que surgieron de una mezcla de patrocinios y aportaciones de empresarios que hicieron llegar a la Promotora Operadora Deportiva de la escuadra.
Lo que sí es seguro, subraya, es que una de esas contribuciones salió del Proulex (Programa Universitario de Lenguas Extranjeras), la única empresa parauniversitaria que genera utilidades. Los Leones Negros portaron el nombre de la institución al frente de la casaca durante los dos torneos previos a su reciente ascenso.
Esta aseveración fue confirmada por el rector Tonatiuh Bravo Padilla en entrevista con Proceso Jalisco. Sin embargo él mismo la desmintió por vía telefónica 10 minutos después de su anterior declaración. Dijo que el nombre del Proulex en la playera sólo fue una “estrategia de marketing” que no le costó nada a la empresa parauniversitaria. También apareció en la camiseta el logotipo de la cementera suiza Holcim.
Doñán señala que el ascenso a Primera División fue una gran apuesta del grupo que detenta el control de la casa de estudios. Esto comenzó desde que la UdeG compró la franquicia El Tapatío de Primera A, hasta entonces propiedad de Jorge Vergara. Esa franquicia fue rebautizada con el nombre de Leones Negros.
El articulista refiere que los 40 millones de pesos anuales que supuestamente costaba la nómina del equipo y cuerpo técnico “son una cantidad irrisoria” en comparación con los grandes presupuestos que se manejan en el futbol mexicano. Destaca los 10 millones de dólares que pagó el América para hacerse de los servicios del delantero del Santos y de la Selección Mexicana Oribe Peralta.
Doñán se pregunta si los dirigentes universitarios serán capaces de erogar estas cantidades o limitarán su presupuesto.
El cronista deportivo Jaime García Elías expresa que Padilla López fue clave en la desaparición de los Leones Negros.
El columnista de El Informador y conductor de la agencia informativa radiofónica Notisistema rememora que, en 1994, el gobierno estatal le pidió desmantelar la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG). “Ya estaba resultando muy polémica la presencia de Leones Negros, por las limitaciones e insuficiencias de la universidad”.
El columnista percibe que el nombramiento de Padilla obedece a su experiencia en el manejo de industrias culturales; sin embargo, también concuerda en que será blanco de críticas porque las empresas que maneja no son un referente en rendición de cuentas.
“Él maneja de una manera libérrima los recursos de las entidades que dirige y no sé en qué medida también fondos de la UdeG para hacerlos sustentables. Creo que por ahí va el asunto, garantizar que haya flujo de recursos, porque el juguete del futbol es bastante caro.”
El comentarista destaca que, irónicamente, fue la Universidad de Guadalajara la que detonó la inflación en el futbol mexicano al contratar al portero de Chivas Ignacio Calderón por 3 millones de pesos, la más alta cantidad pagada hasta entonces.
García Elías añade que si bien los Leones Negros tienen una gran afición en la comunidad estudiantil, nada garantiza que vayan a tener estadio lleno y menos si en su primer año la escuadra obtiene pobres resultados que lo enfilen de regreso a la división de ascenso.
Opacos
Doñán resalta que detrás del equipo hay un abultado historial de corrupción, de enjuagues políticos y de abusos contra la comunidad universitaria y la sociedad en general, pues su intermitente participación en el futbol profesional no ha sido producto del esfuerzo y merecimientos deportivos, sino de la gratuidad, la prepotencia, operaciones comerciales y dádivas oficiales.
Puntualiza que la llegada de la escuadra a la Segunda División, en 1970, no fue porque hubiera ganado el campeonato de Tercera, sino porque la Federación Mexicana de Futbol decidió ampliar el número de participantes de un torneo a otro, así que extendió una invitación a varios clubes para que “ascendieran”.
El arribo a la Primera División –en 1974 y tras haber perdido la final ante la Universidad Autónoma de Nuevo León– ocurrió porque los Diablos Blancos de Torreón estaban en quiebra y tenían adeudos con el fisco, así que el entonces presidente de la República, Luis Echeverría, confiscó la franquicia al empresario lagunero Juan Abussaid y se la entregó a la casa de estudios con todo y plantilla de jugadores. Doñán considera que el mandatario fue generoso con los dirigentes universitarios porque éstos mantuvieron a raya –literalmente a punta de pistola– a todo el alumnado que buscó sumarse al movimiento estudiantil de 1968.
Al año siguiente del ascenso de los Leones, en solemne ceremonia celebrada el 28 de abril en el Paraninfo de la UdeG, la universidad entregó a Echeverría un doctorado honoris causa, aunque cuatro años después, el 8 de septiembre de 1979, decidieron retirárselo por considerar que tuvo responsabilidad en el asesinato, el 12 de septiembre de 1975, de Carlos Ramírez Ladewig, ideólogo de la casa de estudios durante más de 20 años.
Doñán señala que, paralelamente, los estudiantes tendrán que estar atentos a que no se les cobre el sostenimiento del club, como ocurrió en los setenta, cuando los dirigentes impusieron una cuota a docentes y alumnos “para el equipo de futbol”.
Puro pantalón largo
Tanto Doñán como Munguía Huato manifiestan que Padilla López nunca ha sido un hombre de futbol. “Desde que fue rector la infraestructura deportiva nunca ha crecido, no hay una política institucional de fomento al deporte para los estudiantes ni en el Sistema de Educación Media Superior ni en la Educación Superior”, dice Doñán.
Munguía Huato asevera que Padilla se deshizo del club en 1994 porque, además de que no le gusta el futbol, quería arrinconar a su rival político de la FEG, Félix Flores Gómez, fallecido en 2013, quien sí era un apasionado del balompié y fue presidente de Leones Negros.
“Fue un ajuste de cuentas y no quería ceder ningún espacio de oposición a alguien que, en realidad, había estado encargado de la administración del equipo de futbol. Por otro lado, es absurdo y ridículo que se vea a Raúl Padilla enfundado en la playera de los Leones, pues él nunca ha tenido ningún interés deportivo de nada”, señala el académico.
El viernes 9, un día antes de que se disputara la final de ascenso, el rector Bravo Padilla se mostró poco entusiasta con la idea de tener un club en Primera División. En rueda de prensa señaló que no se descartaría la venta de la franquicia si llegara una buena oferta.
“Tampoco estamos urgidos ni precipitados de hacer algún movimiento. Yo creo que el primer año la universidad va a continuar siendo responsable plenamente de la organización y operación del equipo”, expuso.
Después, ese mismo día por la tarde, matizó por medio de su cuenta de Twitter @tonatiuhbp: “La UdeG no tiene contemplado la venta de Leones Negros en caso de obtener el triunfo el día de mañana”.
En entrevista y a un mes de que arranque el torneo Clausura de la Liga Mx, el rector no tiene claras las fuentes de financiamiento que deberán nutrir al club. Habla de patrocinios, boletaje en taquilla y derechos de transmisión televisiva, pero sin una idea del monto que podrán recaudar por cada rubro.
“Me estoy dando a la tarea de conocer de cerca el patronato de la UNAM para ver qué le aprendemos. Y si es conveniente, que la UdeG cree un patronato que coadyuve con la operadora; no sería un esquema que descartaría, pero ahorita en este momento aún no tengo todos los elementos que voy a plantear al Consejo General Universitario”, aceptó.
Expresó que la escuadra no parte de la nada porque, a pesar de que estuvo ausente de Primera División dos décadas, preserva las instalaciones del club Villa Primavera, donde entrenan los jugadores, y tiene el estacionamiento del estadio Jalisco en comodato por 66 años.
Omnipresente Raúl
En la versión impresa de Reporte Índigo el miércoles 14, junto a la columna del comentarista Alfredo Domínguez Muro, se publicó una pequeña nota en recuadro en la cual se refieren a Padilla como el “viejo lobo, exrector y eterno político de colmillos retorcidos como 10 veces” que ha regresado en un “relevo exprés” para hacerse cargo del primer equipo, y deja entrever que los Leones se reforzarán con un mínimo de ocho jugadores, pero con fondos del gasto destinado a educación.
En tanto, el Frente Autónomo Universitario (no reconocido reglamentariamente por el Consejo General Universitario) escribió en su página de Facebook: “Cuando en el canal 44 de la UdeG llegó el momento de entrevistar a los dirigentes de la universidad (después del partido), ¿quién fue el primero en ser entrevistado? Uno esperaría que el rector, que es formalmente la cabeza de la institución. Pero no, el primero que fue entrevistado en la cancha del estadio, con playera de la escuadra puesta y sonriente de oreja a oreja, fue Raúl Padilla López, que, según la gente de la UdeG, es sólo ‘una voz más’ o, si acaso, un ‘líder moral’”.
Cuestionado por la rápida designación de Padilla, el rector explica: “Creo que Raúl tiene una (buena) capacidad como gestor y es una gente que se sabe mover, sabe entender los intereses que se mueven alrededor del esquema de la Primera División y yo creo que sabrá entenderlo y sabrá, en un momento determinado, navegar esas aguas difíciles”.
–A Padilla no se le conoce que sea un aficionado al futbol e incluso se le recuerda por haber vendido la franquicia del equipo –se le menciona.
–Pues ya se recuperó, ya tiene algunos conocimientos, más de los que ustedes se imaginan.
–Hay personas que piensan que fue un autonombramiento…
–Pues qué le vamos a hacer, que lo piensen. También tú lo piensas ¿no? –revira al reportero entre carcajadas.








