La estrategia: ocultar la violencia

REYNOSA, TAMPS.- Tamaulipas está en virtual “estado de guerra”, luego de la creciente ola de violencia desatada en los últimos meses tras una fractura del Cártel del Golfo (CDG) que está siendo capitalizada por Los Zetas, quienes le disputan varias plazas locales.

La semana pasada, tropas del Ejército y la Marina, así como policías federales y altos mandos de la Policía Estatal Acreditable, fueron atacados por sicarios de ambas organizaciones en Matamoros, Ciudad Victoria, Tampico y esta ciudad.

En marzo pasado el senador panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca –a quien intentaron secuestrar a finales de abril– presentó un punto de acuerdo en el que pide al Ejecutivo federal una estrategia integral con la cual se combata al crimen organizado no sólo con fuerzas militares, sino con trabajo de inteligencia y medidas preventivas para restablecer el tejido social.

Sin embargo sus pares del PRI lo rechazaron pues, dijeron, “no es urgente”. Hasta ahora, comenta, “la única estrategia” del gobierno estatal y federal contra la inseguridad ha sido ocultar la violencia”.

El legislador panista comenta a Proceso que se reunió con 37 senadores de todos los partidos para discutir el tema. Les dijo que Michoacán y Tamaulipas son una muestra de la inseguridad que se vive en prácticamente todo el país. En 2013 Tamaulipas ocupó el primer lugar en secuestros y está entre los cinco primeros lugares en los delitos de extorsión y robo con violencia.

Tamaulipas, reitera en la entrevista, es rico en gas natural y gas shale; además, las aguas profundas del Golfo de México cercanas a su territorio albergan inmensos yacimientos petrolíferos. Sin embargo Tamaulipas está cercado por el crimen organizado.

En marzo y abril, por ejemplo, en Matamoros, Reynosa y Tampico –plazas controladas por el CDG– hubo narcobloqueos y enfrentamientos entre sicarios de la organización criminal, quienes se disputaban la jefatura. Incluso intentaron secuestrar al propio García Cabeza de Vaca la madrugada del 28 de abril, cuando se dirigía al aeropuerto de Reynosa.

“Eso que me pasó lo viven día a día las familias tamaulipecas; ya están cansadas de la apatía de las autoridades”, dice. Al siguiente día, el 29, la violencia escaló y mantuvo paralizada Reynosa varias horas, incluyendo el aforo vehicular en los puentes internacionales. El resultado: 17 muertos, según las autoridades. Los testigos hablan de 33.

Cuando soldados se dirigían a la colonia Beatty, cuatro sicarios los atacaron desde una camioneta con blindaje artesanal. Los militares respondieron y mataron a los atacantes. Iban armados con los fusiles conocidos como serpiente de fuego, que utilizan balas con punta de acero que penetran el blindaje. En el fuego cruzado murieron también dos jóvenes: una de 22 años y otro de 24.

Al iniciarse los enfrentamientos, decenas de halcones intentaron frenar la movilización de los cuerpos de seguridad con narcobloqueos. Robaron unidades de transporte urbano, tráileres y otros vehículos para atravesarlos en las principales arterias de la ciudad.

En la colonia Aquiles Serdán seis pistoleros atacaron otra patrulla militar desde una pick-up también blindada artesanalmente. Los soldados contraatacaron y dieron muerte a los delincuentes. Los enfrentamientos continuaron durante la noche.

A las 00:30 horas del 30 de abril un convoy de hombres armados se enfrentó a una partida militar en la colonia Los Caracoles. Los atacantes huyeron y dejaron abandonados nueve vehículos, tres de ellos con blindaje artesanal.

 

Emboscada y bloqueos

 

En esos dos días (29 y 30 de abril) la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) decomisó 76 armas largas, siete lanzagranadas, 12 granadas, 14 vehículos, fornituras, cargadores, numerosos cartuchos útiles de diferentes calibres y droga.

Los ataques se reanudaron el lunes 5 por la tarde. Alrededor de las 14:00 horas un grupo de sicarios atacó a agentes federales que realizaban patrullaje de vigilancia. Los agredidos se lanzaron sobre ellos y los persiguieron hasta el estacionamiento del Walmart de bulevar Hidalgo y avenida El Pasito.

Ese mismo día, en Matamoros civiles armados abrieron fuego desde una camioneta contra marinos que hacían patrullaje de vigilancia en la carretera Lauro del Villar, a la altura de Ciudad Industrial. Al intentar huir impactaron su vehículo contra un árbol.

A las 19:00 horas de ese mismo lunes 5 en Ciudad Victoria fue emboscado el comandante Salvador de Haro Muñoz, jefe del grupo de inteligencia, quien ubicaba a los líderes zetas en la capital tamaulipeca.

De Haro Muñoz, especializado en seguridad, tuvo diversos cargos en varios estados. Apenas había tomado posesión en el Departamento de Inteligencia de la Secretaría de Seguridad estatal y ya había ubicado a los líderes de Los Zetas en Ciudad Victoria.

El mando policiaco y sus escoltas acudieron al popular barrio Altavista luego de una denuncia anónima sobre la presencia de un capo en la zona. Los dirigían elementos de la Policía Estatal Acreditable, quienes presuntamente “los pusieron”.

En el cruce de las calles 42 y Ocampo los esperaban una veintena de zetas armados, quienes los acribillaron desde las azoteas de las viviendas aledañas. Atraídos por la balacera, marinos y soldados acudieron al sitio y se enfrentaron a los pistoleros.

Los disparos duraron más de una hora. Algunos vecinos grabaron la escaramuza; incluso subieron audios y videos al portal Valor por Tamaulipas.

Los militares abatieron a cuatro sicarios y capturaron a cinco, incluidas dos mujeres. Horas después arrestaron a los uniformados que habían huido durante la balacera; algunos llevaban los sobres con el dinero que presuntamente les pagó el grupo criminal para emboscar a De Haro Muñoz.

Ese crimen puso en evidencia la nulidad de los exámenes de control de confianza de la Policía Estatal Acreditable y dejó claro que la emboscada contra De Haro se fraguó desde el gobierno estatal.

En Tampico la violencia no cesa desde el 4 de abril a raíz de la captura de Javier Garza Medrano, El Comandante 14, quien pretendía convertirse en el nuevo jefe del CDG. El capo cayó en Querétaro.

Cinco días después el Grupo de Coordinación Tamaulipas informó sobre enfrentamientos en la zona conurbada de Tampico, donde 28 personas perdieran la vida.

 

La ciudadanía quiere firmeza

 

Para finales de abril, cuando los muertos eran más de 50, las autoridades dejaron de informar sobre los tiroteos, ejecuciones y atentados contra comercios en el puerto. Ahora únicamente son reportados en las redes sociales especializadas en alertar a la población sobre “situaciones de riesgo”.

Los lugareños aseguran que las autoridades intentan esconder la inseguridad mediante el bloqueo de las señales de internet en las zonas donde hay balaceras, narcobloqueos y persecuciones.

Asimismo, comentaron algunos de ellos a Proceso, la Marina bloquea teléfonos fijos y celulares así como las señales de radio e internet con equipos de alta tecnología, sobre todo cuando realiza operativos contra algunos delincuentes que no son precisamente los capos de la droga.

Esas medidas restrictivas contrastan con el confort de los internos del Penal de Altamira, de donde sale 80% de las llamadas de extorsión de la zona noreste, según documentó el Consejo de Seguridad de Nuevo León.

García Cabeza de Vaca insiste: “No es ningún consuelo que la violencia en Tamaulipas se deba a la división de los grupos criminales. Lo que la ciudadanía requiere es firmeza y decisión de las autoridades locales y federales”.

Se queja porque, dice, el gobierno de Egidio Torre Cantú está rebasado por los criminales, quienes andan armados por las calles de Tamaulipas. Y aun cuando la población pide ayuda y le exige que asegure la paz, él no responde. Cuando hay violencia, Torre Cantú ni siquiera da la cara, dice el legislador.

Y sentencia: “Si no puede, que renuncie”.