Oriundo del Estado de México, con apenas 11 años de edad, el taekwondoín Irving Jiménez Hernández consiguió en marzo pasado su boleto a la Olimpiada Nacional. Sus tutores decidieron festejar irresponsablemente y el pequeño atleta estuvo a punto de morir ahogado en la alberca de un hotel en Guanajuato. Sobrevivió, pero su salud resultó gravemente afectada: el cerebro fue dañado y los riñones dejaron de funcionar. Aún no recupera la conciencia. Las autoridades deportivas, por su parte, han dado cátedra de ineptitud y cinismo.
Desde hace dos meses, el niño Irving Israel Jiménez Hernández, promesa del taekwondo nacional, batalla por su vida a causa de un accidente hasta ahora no aclarado y presuntamente mal atendido en hospitales de Guanajuato, donde estuvo dos semanas en coma inducido.
Todo comenzó como un juego la tarde del 8 de marzo en la alberca del Hotel Gran Plaza, en Guanajuato: delegados y entrenadores del Instituto Mexiquense de Cultura Física y Deporte (Imcufide) celebraron los logros de sus atletas en la Fase Regional de la Olimpiada Infantil y Juvenil lanzándose a la pequeña piscina con traje y zapatos.
Atraídos por la algarabía, los pequeños deportistas se unieron al festejo en la estrecha pileta de 34 metros cuadrados y 1.45 metros de profundidad, que se llenó en cuestión de minutos. “¿Cuántos estaban en la alberca? Quizás unos 100”, relata el gerente del lugar, Mario Aguado.
Los niños jugaban a los “bucitos”, contenían la respiración bajo el agua el mayor tiempo posible, cuando el cuerpo del adolescente apareció flotando en la piscina. Algunos compañeros pensaron que Irving Israel Jiménez Hernández jugaba hacer “el muertito”, pues él sabe nadar y la alberca no era muy profunda. La realidad es que emergió luego de casi ahogarse. Sufrió asfixia por inmersión.
Lo que ocurrió después evidenció las fallas de la Federación Mexicana de Taekwondo (FMTKD) y otras instituciones deportivas.
La FMTKD, por ejemplo, contrató un seguro de gastos médicos “personales” de alcance limitadísimo, que apenas cubre la suma de 10 mil pesos si el evento ocurre durante un entrenamiento o 25 mil pesos si sucede en una competencia federada o avalada por el organismo.
Dichos seguros forman parte del “sinnúmero de beneficios para todos los agremiados” que pregonó el organismo en octubre pasado, tras desaparecer el Sistema del Registro Nacional de Deportistas y anunciar la creación del Registro Único Federado (RUF).
Para mantener el RUF exigió a cada atleta una cuota anual de 350 pesos.
La familia empezó a recibir “apoyos de la FMTKD” un día después del accidente, sin ser informados de que los recursos provenían del RUF. “Ahora resulta que la ayuda que nos dio la federación fue por el RUF, sin existir siquiera el seguro para gastos mayores”, afirma el padre de Irving Israel, Rogelio Jiménez.
El niño, quien cumplió 12 años el 19 de abril, nació en Chalco, Estado de México. En el torneo de Guanajuato triunfó en su categoría en la modalidad de formas y con ello obtuvo su pase a la Olimpiada Nacional, el más importante certamen de la Conade. Ahora permanece en terapia intensiva y su estado de salud es reportado como “sumamente grave”, con escasas perspectivas positivas para el futuro inmediato y con una movilidad prácticamente nula.
Además ha sido cambiado de clínica varias veces. Primero lo ingresaron al Hospital General de Guanajuato. De ahí lo enviaron al Hospital Regional de León, después al Darío Fernández del ISSSTE en la Ciudad de México y por último al Adolfo López Mateos de la misma institución, donde sigue internado.
El pasado 9 de abril, la Secretaría de Salud de Guanajuato compartió a Proceso el diagnóstico del jefe de la División de Pediatría del Hospital Regional de León, doctor Joel Cruz González: “Pronóstico reservado” y “alto riesgo de secuelas funcionales”.
La interpretación del expediente clínico, solicitada a otro médico de León, detalla que a Irving inicialmente le aplicaron reanimación cardiopulmonar (RCP) y después de recuperar la frecuencia cardiaca se le entubó y se le mantuvo sedado. Tenía un pulmón comprimido y, por falta de oxígeno, los riñones dejaron de funcionar y se le inflamó el cerebro, que sufrió severos daños, lo cual dejó al paciente con funciones mínimas (en “estado vegetativo”, según el análisis).
Dolor después del dolor
El reporte del 8 de marzo realizado por el director de Protección Civil de Guanajuato, Carlos Ruiz Lona, detalla que la ambulancia privada San Miguel “pasaba por enfrente (del hotel) cuando unas personas se acercaron a pedir auxilio porque un menor estaba inconsciente a un costado de la alberca. (…) Cuando llegó al lugar se percató que había gente dándole reanimación cardiopulmonar de forma inapropiada al menor y continuó con la atención de urgencias”. También indicó que dejaron al paciente con vida en el Hospital General de Guanajuato (HGG), “pero en condición crítica”.
Dicho sanatorio consignó que cuando los paramédicos llegaron, el paciente todavía flotaba en la alberca, “de donde fue extraído para aplicarle maniobras de recuperación por un tiempo aproximado de 20 minutos. Posteriormente fue llevado al HGG. Allí requirió nuevamente RCP por 20 minutos más. Al recuperar la frecuencia cardiaca fue entubado y se inició la ventilación artificial”.
El médico que recibió al niño en Guanajuato lo reportó como muy grave y dio aviso al Ministerio Público por ser un caso médico-legal. En esa acta se asienta que la persona que acompañó al paciente, el entrenador Francisco Lara Villalpando, se negó a firmar la hoja de responsiva.
Además de deslindarse, las diversas instancias guanajuatenses que intervinieron en el caso tampoco supieron precisar lo ocurrido. Sus reportes sobre el estado del niño al llegar al hospital ni siquiera coinciden: la Procuraduría de Justicia señala que fue el personal de seguridad del hotel el que lo trasladó; Protección Civil Municipal asienta que fueron los socorristas de la ambulancia San Miguel y la Secretaría de Salud manifiesta que llegó en una ambulancia del Sistema de Urgencias.
En su estancia en Guanajuato, Irving acumuló enfermedades, refieren sus padres, Rogelio y Santa Hernández. En un mes presentó complicaciones “del corazón, cerebro, pulmones, bacterias, convulsiones, riñones y fiebres altísimas. De una u otra manera, todos sus órganos han sido atacados. Gracias a Dios ha recibido una oportunidad más de vida”, sostiene la madre.
Al final el menor fue trasladado a un mejor hospital en León. Sus padres mencionan otras irregularidades: Ya cuando llevaron al niño a esa ciudad lo ingresaron con un seguro popular y lo registraron con dos nombres distintos (Irving Ismael o Irving Yahel).
En total, revelan, el niño requirió tres RCP, cada una de más de 20 minutos. Recuerdan que la subdirectora del Hospital Regional de León, Ruth Cobo Rosales, les avisó que desde el momento en que al paciente le indujeran el coma “teníamos de 48 a 72 horas para ver si reaccionaba; de lo contrario habría que tomar la drástica decisión (de desconectar al menor)”. La familia decidió darse un margen de seis meses para observar el progreso del niño, asesorada por su neuropediatra.
“Mientras esté en terapia intensiva Irving sigue grave. Apenas va saliendo de las cuatro infecciones que contrajo en León. Desgraciadamente los mismos médicos de León reconocieron que allá se perdió mucho tiempo porque ya no le podían hacer más. Tampoco recibió la atención adecuada y le suministraron medicamento contra las convulsiones, pero no era ni la cantidad ni la forma en que se debe administrar. Ahora empieza de cero”, dice su padre.
La familia adelanta que emprenderá acciones legales contra la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), la SEP “y quienes resulten responsables”. A la primera, dirigida por Jesús Mena, se le responsabiliza de negligencia y de abandonar al deportista, porque pese a tener todos los medios a su alcance no lo apoyó en sus traslados ni gestionó el ingreso a un hospital de prestigio, como el Siglo XXI, petición formulada al jefe de los servicios médicos de la Conade, Juan Manuel Herrera, a través del enlace Jorge Ismael Zaragoza, encargado de la Unidad Médica de la Comisión del Deporte (Code) Guanajuato.
Después de superar las primeras dos semanas críticas, Irving fue despertado del coma artificial y los médicos estimaron viable su traslado a la Ciudad de México. Pero los trámites no pudieron ser más complicados.
El 21 de marzo sus familiares gestionaron el servicio ante la Conade, Imcufide y el Code Guanajuato.
Las “atenciones” del director del Imcufide, Fernando Platas, quedaron en palabras. El funcionario comisionó al subdirector de Fomento del Deporte del organismo, Arturo Mendoza, para que se ocupara del pequeño. “No se preocupen, que mientras el niño esté con vida vamos a poner todo lo que esté de nuestra parte para sacarlo adelante. Tampoco se mortifiquen de ningún gasto, que todo va a correr por cuenta nuestra”, prometió Platas, según cuenta Rogelio Jiménez.
Los padres pidieron a Mendoza realizar los trámites para el traslado al Siglo XXI. “La Conade acordó hacer el traslado y se lo encomendaron directamente al doctor Juan Manuel Herrera, quien se comunicaba con su colega Zaragoza”, relata el padre de Irving.
“Sin embargo, pasó el día 21, el 22, el 23, el 24, el 25 y el 26 de marzo, hasta que nos avisaron que el traslado no podía hacerse por parte de la Conade. Y a sabiendas de que estábamos en León, el doctor Herrera nos mandó pedir los papeles originales del niño: el acta de nacimiento, los datos de su escuela, el CURP, y los quería en su escritorio. Hasta pidió que uno de los padres viajara directamente a México para entregarlos. Eso nos informó su enlace, el doctor Zaragoza”, prosigue.
La entrenadora de Irving, Melina Báez, agrega que tras las instrucciones del doctor Herrera, el 26 de marzo llamaron al contacto de Platas, además de a la Asociación de Taekwondo del Estado de México, cuyo titular, Antonio Ángeles, le informó que el organismo a su cargo disponía de la documentación completa y original del niño, entregada para la Olimpiada Nacional. “Ahora mismo se la mando al doctor Herrera”, se comprometió.
“Tres horas después, el profesor Ángeles me habló para confirmar: ‘En este momento una persona de la asociación entregó los documentos originales en la Conade’ y hasta me informó que le firmaron de recibido. Todos pensábamos que la Conade realizaría el trámite”, recuerda Báez. Al día siguiente, el padre de Irving habló con el enlace, Arturo Mendoza. “Todo mundo estaba desesperado y, mientras, Arturo pedía que le aguantáramos hasta el viernes”, agrega la entrenadora.
Los padres y la instructora decidieron contactar a Zaragoza para que les ayudara sin intermediarios. “Ya no podíamos, pues en el Hospital Regional de León nos presionaban: ‘¿Y el traslado? Porque cada día que su hijo pase aquí es una oportunidad más de vida que se pierde’”, platica Santa Hernández, la mamá.
“En León perdimos tiempo vital. Fueron muchos obstáculos. Al final, la Conade ni pudo ni resolvió nada, y mi esposo lo resolvió en un solo día. Afortunadamente a Irving ya se le está atendiendo como debe ser. Requiere de mucha rehabilitación; también de eso depende para que no quede como dicen. Los milagros existen.”
–¿Con qué persona de la Conade realizaron los trámites? –se le pregunta.
–Con el doctor Juan Manuel Herrera (responde la señora).
Consultado el 25 de abril, Herrera dijo: “No tengo información de ese deportista” y prometió devolver la llamada al terminar una reunión. Una semana después no lo había hecho.
“Puede preguntarle directamente al doctor Juan Manuel Herrera; él está perfectamente enterado del caso. De hecho, nos apoyó mucho en el traslado. Se involucró cuando ya fue necesario trasladar al niño”, asevera insistente el doctor Jorge Zaragoza, también hermético.
Futuro quebrantado
La familia solicitó a la Conade que le proporcionara un helicóptero para mover rápidamente al niño. Ante el silencio de la autoridad, Irving finalmente fue trasladado al Distrito Federal el 28 de marzo, en una ambulancia del Sistema de Urgencias del Estado de Guanajuato, en compañía de Zaragoza y el sicólogo de la Code Guanajuato, Carlos Guzmán. En el trayecto el niño volvió a convulsionarse.
Los padres afirman que salió infectado de León, porque en el Hospital López Mateos detectaron cuatro bacterias que empeoraron el precario estado de salud del infante y le siguieron causando convulsiones.
El deportista fue ingresado en ese hospital, que es del ISSSTE, porque su padre es derechohabiente. Al recibirlo, la clínica levantó una demanda por negligencia médica contra quien resulte responsable por el estado en que Irving llegó a la Ciudad de México, afirman los padres del pequeño.
Del asombro, Rogelio Jiménez pasó al enojo: “La bronca es que si yo no fuera derechohabiente, ¿dónde estaría mi hijo ahora?” Y señala que el responsable de los servicios médicos de la Conade “jamás puso un pie en el hospital para conocer el estado de Irving”.
“El responsable directo es la Conade, porque de una u otra manera la Asociación de Taekwondo del Estado de México nos está apoyando económicamente”, acusa la madre del taekwondoín. Y como corresponsable señala al Imcufide, porque ese organismo –al que representó el niño accidentado– sólo se ocupó de él las primeras dos semanas, pese a las promesas de su director, Fernando Platas.
El gerente del hotel no tiene dudas de lo que vio: “Los primeros que se lanzaron a la alberca a festejar fueron los delegados y entrenadores. Creo que si no se hubieran aventado, los niños no los hubieran seguido. (Estos señores) eran fáciles de identificar porque vestían un traje gris con corbata morada”.
En el expediente 14-07943 que la Secretaría de Salud de Guanajuato entregó a este semanario se indica que Rogelio Jiménez es vigilante en la UNAM. Desde el accidente solicitó un permiso permanente. Sufraga parte de los gastos con los apoyos de familiares y amistades y con lo aportado por el Code Guanajuato –que pagó la estancia y el traslado de los padres en el estado– y el Imcufide, que les entregó nueve mil pesos.
Pese a que el presidente de la Federación Mexicana de Taekwondo, Juan Manuel López, prometió dar a esta revista el número de póliza y el nombre de la aseguradora, su vocero, Ricardo Argudín, sólo envió una relación de cifras por correo electrónico, en la que presume que entre el organismo y la asociación mexiquense han entregado a la familia del atleta “apoyos de manera extraordinaria” por 61 mil 500 pesos, de los cuales 20 mil 250 salieron de la FMTKD. La ayuda, indica, se les dio para la compra de medicamentos, pago de hospedaje, alimentación y lo que se derive. Pero no precisó que se trataba del dinero del RUF.
El personal de la Comisión del Deporte de Guanajuato refirió que dio 10 mil pesos para el hospedaje de los padres, además de cinco mil pesos para medicamentos.
No obstante, prevalece el desinterés de las autoridades deportivas: la Conade sigue sin manifestarse, el Imcufide “se retiró en la tercera semana”. Y la entrenadora Báez señala que los funcionarios del Code ya no le responden las llamadas.
Y las dudas persisten: La Procuraduría de Justicia de Guanajuato no señala responsables, y sus indicios “revelan que se trató de un accidente”. Por el momento, los padres de Irving se reservan el derecho de presentar querellas.
Entre las altas y bajas del paciente, la familia del deportista se muestra esperanzada ya que, aseguran, recientemente el hijo dio señales prometedoras: “mueve bien los ojos. De repente le movemos ligeramente los pies y cuando siente que le duele inmediatamente jala sus extremidades”, cuenta Rogelio.








