Señor director:
El estado de Morelos, colindante con el de Puebla por el rumbo de la Mixteca, tiene décadas de estar sumido en una profunda degradación de la seguridad pública. Es harto conocido que a partir del Puente del Muerto, que une ambos estados, los delincuentes morelenses o guerrerenses depredan el vecindario poblano, llegando muchas veces hasta la angelical ciudad de Puebla.
Nos enteramos por medio de la reportera Patricia Dávila que los habitantes de la tierra de Zapata empiezan a calentar la plaza en un proceso de morelización pidiendo la renuncia de su ejecutivo estatal, y apreciamos también las opiniones en sentido contrario de un ciudadano ejemplar como es el señor Javier Sicilia.
El poeta –que condujo una caravana formada por dolientes producidos por la guerra calderonista “hacia las entrañas de la bestia”, pidiendo actos de humanismo a los gringos que lo escucharon– solicita angustiosamente que los integrantes honestos de los partidos y del gobierno llamen a cuentas a los delincuentes por comisión o por omisión. Este llamado seguramente retumbó de Cuauhnáhuac hasta el Tepoxteco, pero no obtuvo respuesta de político alguno por razones obvias.
Si la Coordinadora Morelense de Movimientos Ciudadanos desea contener la delincuencia debería pugnar por integrar –de acuerdo con el artículo 115 de la Constitución federal– los Consejos de Seguridad Ciudadana y Vecinal, que apoyados por los observatorios ciudadanos de seguridad darían resultados inmediatos. Los fenómenos de arabización o morelización pueden convertirse en procesos de paz si hay cuando menos hojas de ruta. Lo demás es anécdota partidista primitiva y atrasada.
Atentamente
César Musalem Jop
Puebla, Pue.








