El Ixca Cienfuegos de Vicente Rojo

Excelente como propuesta artística, relevante como acto político y cuestionable como gestión gubernamental del arte público, la escultura urbana realizada por Vicente Rojo en honor de Carlos Fuentes con el título de Paseo Ixca Cienfuegos es un proyecto tan atractivo como confrontante.

Ubicada en la elitista zona que rodea a la Plaza Carso en la Ciudad de México –sobre el camellón de Ejército Nacional, después del cruce con Ferrocarril de Cuernavaca en dirección al Periférico–, la pieza se concretó gracias al vínculo entre la reciente visita de Estado del presidente de Francia Francois Hollande y su admiración por el escritor mexicano. Se inauguró el jueves 10 en un evento cerrado, en el cual Hollande y el presidente de México, Enrique Peña Nieto, develaron una placa en la que se omitía el nombre de Vicente Rojo y la intervención urbana se redujo, inmerecidamente, a un simple monumento.

Mencionado en los discursos que emitieron Peña Nieto y el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Rafael Tovar y de Teresa, durante la cena de honor que se efectuó el mismo día en Palacio Nacional, el proyecto careció de una estrategia de comunicación oficial que explicara su identidad y relevancia artística, así como los procesos de selección, producción, financiamiento y ubicación de la pieza.

El creador emérito Vicente Rojo (Barcelona, 1932) la diseñó en 2008 con el objetivo de sumarse a las celebraciones institucionales correspondientes a los 80 años de Fuentes (1928-2012), y si bien el Paseo Ixca Cienfuegos hace referencia al emblemático personaje de La región más transparente, rebasa su vínculo con la literatura.

Concebida como una escultura transitable que a manera de pérgola enmarca los trayectos peatonales, la obra está conformada por módulos rectangulares de acero al carbón de aproximadamente dos por dos metros de ancho, cuatro de altura y 100 de largo, que sobresalen por su llamativa retícula de pequeños cuadrados pintados en negro, azul, rojo y amarillo. Poseedor de un pensamiento artístico que vincula el rigor con la libertad, lo evidente con la duda y la sutileza con la contundencia, el artista ha desarrollado un lenguaje abstracto-geométrico en el que las formas, el color, la iluminación y la materialidad se fusionan generando entes o protagonismos perturbadores que oscilan entre la objetualidad y la escenografía.

Convencido del poder expresivo de la repetición, sus pinturas y esculturas se caracterizan por sugerentes vibraciones visuales que, a manera de susurro, seducen con el extraño misterio del buen arte. En el caso del Paseo… o La pérgola (como también se le nombra), las vibraciones cromáticas se enfatizan por el movimiento del peatón o los ciclistas que, al transitarla, se introducen en una hipnótica y lúdica vivencia artística. Desde esta perspectiva, la estética escenográfica que caracteriza a muchas de las obras de Vicente Rojo no se encuentra en la pieza, sino en la mirada del que la penetra.

Confrontante por la génesis de su producción, la opacidad de su información y la selección de su ubicación, el Paseo…, al igual que Ixca Cienfuegos, atestigua la conciencia de dos creadores: un catalán de nacimiento que después de crecer en México se emociona por la generosidad y la protección de su luz, y un escritor mexicano que eligió al turístico y famoso cementerio de Montparnasse como su última morada.