De Jesús Echevarría

Señor director:

 

Le pido publicar la carta que adjunto.

Quiero manifestarle mi total desacuerdo con la afirmación que aparece en la portada de su edición del 6 de abril (Proceso 1953): Vividores, en lo que fue la Fundación Octavio Paz.

En el cuerpo del texto del reportero Carlos Acosta –titulado en interiores Fundación para las Letras Mexicanas / Vividores en nombre de Paz– no se justifica, de ninguna manera, tal calificativo para el poeta mexicano Eduardo Langagne (sí, ese es su nombre como poeta).

Eduardo Langagne es, además de Paz, uno de los afortunadamente numerosos excelentes poetas con que cuenta este país. Eduardo tiene una admirable trayectoria como escritor. Ha ganado con sus obras los premios: Poesía Casa de las Américas (1980), por Donde habita el cangrejo; Nacional de Letras Ramón López Velarde (1979), por Poemas para hacer una casa; Nacional de Literatura Gilberto Owen, en poesía (1990), por …a la manera del viejo escarabajo; Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1994), por Cantos para una exposición.

Como funcionario cuenta con una amplia trayectoria, donde ha trabajado incansablemente por la difusión de los creadores mexicanos en todos los campos de la actividad artística; y en la Fundación para las Letras Mexicanas, me consta, por la formación de nuevos valores.

¿En qué evidencia descansa la afirmación de su portada? Me parece que el tema merece una investigación de fondo mucho más informada que la sola declaración o parecer de un señor exburócrata del Banco de México. Me pregunto qué sabe de letras o de cultura el tal personaje.

Soy asiduo lector de Proceso desde su aparición; he participado con opiniones y entrevistas en distintas ocasiones, y, debo confesar, me duele que publiquen un reportaje tan falto de sustento. Muchas gracias por la publicación de estas líneas.

Atentamente

Jesús Echevarría

 

 

Respuesta del reportero

 

Señor director:

 

En principio, quiero advertir a nuestros lectores que el mismo reportaje dice que Eduardo Reyes Langagne “optó por suprimir en sus escritos el primero de sus apellidos”.

En segundo término, sobre la supuesta falta de justificación y de sustento para incluir a Langagne entre los “vividores”, remito a los lectores al párrafo que reza:

“Langagne, según Martínez Baca, sigue los mismos pasos de su jefe: sacarle todo el dinero que se pueda a la fundación y aprovecharla para hacerse de una presencia literaria.”

También, al parágrafo que expresa:

“Martínez Baca puso a disposición de Proceso un abultado expediente que revela el desorden que hay en la FLM, las corruptelas de su presidente Limón Rojas y del director nombrado por él, Eduardo Reyes Langagne, que han hecho de la fundación su ‘caja chica’; el descontrol en los gastos de la fundación; la indolencia de los becarios, que sólo van a ella cuando les toca cobrar la beca…”

Por otra parte, al revisar con detenimiento las bitácoras del personal de Vigilancia de la fundación –escritos de puño y letra de las personas encargadas–, leo que algunos becarios han llegado en estado alcohólico. Otros llegan a dormirse, a perder el tiempo viendo la televisión. Si acaso, sólo dos de los becarios asisten con regularidad a trabajar a la fundación.

Cada uno de los becarios tiene a su disposición un cubículo, con computadora y servicio de internet. Pero la serie de fotografías que proporcionó Martínez Baca muestran un verdadero cochinero en los cubículos: sobre el escritorio y aun sobre la pantalla y el teclado, papeles y libros encimados, en completo desorden; ceniceros atascados de colillas de cigarro, sobras de comida, botellas de licor, de refresco y agua; basura fuera del bote.

Las imágenes dan cuenta de que los becarios no usan las instalaciones para trabajar. Y de todo esto el responsable es el director de la fundación, Eduardo Reyes Langagne, que no pone orden y permite conductas impropias de los becarios.

Por último, es preciso aclarar que Bernardo Martínez Baca –quien después de haber fungido como contralor de la Fundación Octavio Paz y de la FML sabe lo que dice– no fue quien utilizó el calificativo de “vividores”, sino que éste se derivó de varias conversaciones con él y de un vasto expediente que puso a disposición de Proceso y que contiene testimonios, evidencias, recibos, etcétera, que justifican el epíteto.

 

Atentamente

Carlos Acosta Córdova