Silla de ruedas: ineptitud federativa

La rama paralímpica mexicana en el caso del lanzamiento de bala acusa graves problemas, tanto que incluso llegan a poner en riesgo la participación de atletas en las justas internacionales. Es el caso de Ángeles Ortiz, campeona paralímpica y bicampeona mundial en la prueba, quien estuvo a punto de no competir en el Grand Prix de Dubai. La deportista responsabiliza de ello al titular de la Federación Mexicana de Deportes Sobre Silla de Ruedas y a un director técnico del área…

La campeona paralímpica y bicampeona mundial de lanzamiento de bala Ángeles Ortiz denuncia que la indiferencia e ineptitud con la que se conducen el presidente de la Federación Mexicana de Deportes sobre Silla de Ruedas, Pablo Lárraga, y el director técnico internacional, Sergio Durand, ocasionaron que estuviera a punto de no competir en el Grand Prix de Dubai porque su banco de lanzamientos no cumplía con las nuevas especificaciones que a partir de enero de este año comenzó a aplicar el Comité Paralímpico Internacional (IPC).

Finalmente la atleta sí participó, terminó en el cuarto sitio –de 10 participantes– con 8.86 metros, pero considera que pudo haber obtenido el primer lugar, puesto que la marca con la que llegó al torneo (10 metros en los entrenamientos) era mejor que los 9.73 metros con los que la rival de Bulgaria ganó oro. Asegura que la presión por adecuar el banco, apenas unas horas antes de la competencia, le restó concentración.

“No estaba como una atleta debe estar para competir. No estaba tranquila ni enfocada, sino solucionando problemas que no me corresponde resolver ni tendrían por qué pasar si en la federación hicieran su trabajo. Con mi banco improvisado no tenía un buen agarre y todos mis lanzamientos se iban para abajo. La atleta que ganó el tercer lugar lanzó 9.12 metros y desde noviembre había estado entrenando con el nuevo banco”, indica Ortiz.

La deportista narra que en julio de 2013, durante el Mundial de Atletismo de Lyon, se enteró de que, a partir de 2014, el IPC desaparecería la categoría F-58, que es la de atletas con menos discapacidad en las pruebas de campo y en la que ella compite. De acuerdo con lo que pudo investigar, desde enero cambiaría el diseño de los bancos y también la forma en que las atletas deben lanzar.

Ortiz supo también que en la convención anual del IPC, que se realizaría en noviembre de 2013, los representantes de cada comité paralímpico nacional de todos los países podrían aclarar sus dudas y allegarse información acerca de la nueva reglamentación para que el cambio no los tomara desprevenidos, pero asegura que nadie de México asistió, razón por la cual tuvo que esperar hasta que los primeros días de enero el organismo publicara las reglas en su sitio web.

“Durand se enteró de los cambios el mismo día que yo, pero el IPC ya tenía dos años discutiendo cómo serían las nuevas reglas. Por eso ocurrió que en Lyon, México sólo llevó a pasear a Mario Santillán porque su categoría dejó de existir, como ahora la mía, y ningún federativo en México estaba informado de que esa prueba se abriría en 2014 otra vez.

“Ese desconocimiento, que representa gastos al país, sucede porque toda la información del deporte adaptado se centraliza en una sola persona, que es Durand, el único contacto entre el IPC y México. En otros países, como Argelia y Alemania, diseñaron sus bancos desde noviembre porque sus comités paralímpicos nacionales se acercaron al IPC a preguntar sobre la nueva regla. Yo tuve que estar rascando la información, cuando a mí me corresponde entrenar y que me den las herramientas para hacerlo”, se queja.

Ángeles Ortiz asegura que el IPC no le da información a nadie, ni a las autoridades deportivas gubernamentales, que no sea el representante del Comité Paralímpico Nacional, en este caso Sergio Durand. Por tal motivo, ella contactó a algunas atletas y a personal del IPC que por la relación que ha tenido durante varios años le ofrecieron algo de ayuda. Le mandaron algunas fotos del banco e información acerca de la nueva posición y movimientos válidos y no válidos para realizar los lanzamientos. Pero la recomendación más importante fue: “que el oficial responsable traduzca a español y envíe el documento al IPC para que sea avalado”.

El 2 de enero la deportista descargó de la página del IPC la nueva reglamentación que está en inglés, el idioma oficial del organismo, y la tradujo. Informó a Samuel Pérez, funcionario de la Conade responsable del deporte adaptado, que urgía que la federación hiciera la traducción oficial puesto que el documento tenía muchos tecnicismos.

“Yo traduje pero tiene tecnicismos que son de interpretación y si no interpretas bien lanzas como crees que es y puede ser foul, o lanzamiento no válido, expulsión o error en el diseño del banco. A mediados de enero, Durand mandó a los entrenadores el reglamento en inglés, de forma ‘provisional’. Es hasta burla, entrenadores que están en comunidades alejadísimas qué van a saber del sentido que darle”, refiere.

Los días corrían y la atleta estaba deses­perada porque aún no tenía banco ni la traducción oficial del reglamento avalada por el IPC. Con base en su propia traducción, y con la que fue hecha en la Conade, solicitó a un ingeniero del puerto de Veracruz, donde ella reside, que lo fabricara para poder entrenar aunque fuera unos días antes de la competencia.

“Siempre mandan a hacer los bancos en Atlanta, donde cuestan como 3 mil dólares, pero luego ni nos quedan y se los tenemos que regalar a otros atletas. Por eso, y para facilitar todo, le pedí a la federación, con la autorización de Samuel Pérez, que le depositaran 23 mil pesos al ingeniero que es de mi confianza porque ya nos ha ayudado antes. Un tal Ángel Flores le mandó correo diciéndole que desconocían el caso de ese banco y que Pablo Lárraga había dicho que la federación no tendría dinero sino hasta mediados de febrero. Faltaban menos de 20 días para mi competencia y yo no tenía banco ni reglamento traducido.

“Cuatro días antes de viajar a Dubai, Durand por fin emitió la regla traducida. Lavándose las manos porque sabía que estaba mal, mandó un correo agradeciendo al entrenador Iván Rodríguez Luna, que hizo un gran trabajo. Todos sabemos que Iván no habla inglés. Lo hizo porque como no mandó al IPC su versión traducida sabía que estaría mal, comencé a leerla y me di cuenta de que, efectivamente, estaba mal. Así me fui de viaje.”

Ya estando en Dubai, Ángeles Ortiz se encontró al estadunidense Richard Roberts, un oficial del IPC. Le dio a leer la traducción que fue hecha en la federación y le pidió que revisara su banco. Conforme pasaba los ojos sobre el texto, Roberts abría los suyos. Levantaba las cejas. Abría la boca. Movía la cabeza de un lado a otro.

Le dijo que había algunas partes que sí estaban bien, lo demás, incluyendo el diseño del banco, no.

“Me dijo que Durand tenía que haber hablado al IPC, que incluso a los oficiales que no hablan inglés les asignan técnicos bilingües o trilingües para despejar todas las dudas. Me dijo que conoce a Durand desde hace más de 15 años, que debió hablarle para pedir ayuda, pero en la federación no hicieron nada porque no se les pegó la gana, porque no les interesa el deporte, porque lo único que les interesa es cuánto presupuesto les va a dar la Conade, cómo se lo van a gastar, quién va a viajar; no les interesa que el deporte adaptado crezca ni que haya más medallas ni más deportistas.”

Cuando Roberts revisó el banco que Ángeles Ortiz diseñó a ciegas le dijo que tenía dos errores: una de las cuatro puntas del cojín estaba cortada, entonces no era un cuadrado perfecto. Para corregir ese detalle tenía que cambiar el tubo de ese lado. “No te van a dejar competir”, soltó Roberts.

La deportista tabasqueña, que por supuesto no habla árabe, no tuvo más remedio que contactar a un integrante del Comité Organizador del Grand Prix que conoció en 2013 para pedirle que la llevara a algún lugar donde pudiera arreglar su banco. El hombre, llamado Hassam, tendría que ser, además, su traductor. En lugar de entrenar, pasó dos días sólo haciendo ejercicio en el gimnasio esperando a que Hassam tuviera tiempo de llevarla, y otros dos recorriendo Dubai.

“Andábamos como locos buscando un lugar donde vendieran tubos. Mi entrenador, como pudo, arregló el asiento para que pareciera punta; arregló el cojín y quedó. Conseguimos el tubo y lo soldaron. Creímos que ya había quedado, pero en el primer entrenamiento lo doblé. Necesitábamos uno de acero inoxidable. Otra vez llamé a Hassan, buscábamos pero sólo había de aluminio y hierro. Terminamos poniendo un tubo aunque no era de la altura. Eran las siete de la noche y ya iban a cerrar. Me dijeron lo tomas o lo dejas. El entrenador me dijo: ‘Tú decide si compites o te quedas viendo’. Pues que se lo pongan, y así competí.

“Esto no pasaría si todo se hubiera planeado. Debí haber estado cómoda y segura, eso fue lo que menos tuve y aun así fui cuarta. Como atleta me sentí sola, me sentí abandonada. Estuvieron mi entrenador, mi doctora y Samuel hasta donde pudo, pero, ¿y la federación en qué momento se preo­cupó? Porque estos dirigentes (Lárraga y Durand) ya tienen tres reelecciones y van por la cuarta. Durand tiene años ahí sentado, conoce a la mitad del IPC, asegura que tiene amistades por todo el mundo, que es amigo de jueces y ¿de qué nos sirve?”

A Ángeles Ortiz también le indigna que Durand le haya dicho a su entrenador, Gustavo Dacal, que aprovechando el viaje a Dubai, tomara fotografías y video de los competidores en las pruebas de campo de todas las categorías. Después, con ese material, el entrenador daría una conferencia en México para explicar cuál es la forma correcta de lanzar. La deportista indica que eso no es un trabajo profesional y que, finalmente, Dacal va para ayudarla a ella a entrenar, que quizá sí podría grabar las de su categoría (F-57), pero no al resto de los participantes. Además, considera que debe ser un especialista en la materia quien asuma la responsabilidad de informar a todos los atletas y entrenadores cuáles son las condiciones para competir.

Ante esta situación, Ortiz pactó con Richard Roberts –con el permiso de Samuel Pérez– que viajara a México a impartir unas clínicas en español para capacitar a entrenadores y jueces mexicanos. El oficial aceptó el trabajo sin cobrar con la única condición de que se le pagara el boleto de avión, viáticos y que, al término de los cursos, lo llevaran a conocer algún lugar histórico de la Ciudad de México.

A pesar de que en México no existen jueces certificados para deportes de pista y campo paralímpicos –para los selectivos echan mano de jueces avalados por la Federación Internacional de Asociaciones de Atletismo (IAAF) que se desempeñan con atletas convencionales–, a Richard Roberts sólo le dieron la oportunidad de dar una conferencia de una hora un día y el mismo tiempo al día siguiente. No le entregaron los viáticos completos y prácticamente lo dejaron a su suerte.

Del viernes 28 al domingo 31 de marzo, en las instalaciones del Cnar, la Federación Mexicana de Deportes Sobre Silla de Ruedas realizó un preselectivo mexicano, evento que sustituyó a un selectivo internacional avalado por el IPC que desde 2009 se había efectuado en México.

Esos selectivos internacionales han servido para clasificar a los atletas a nivel mundial, pero en su última edición su única utilidad fue conformar una preselección nacional para un certamen de fogueo en Arizona, que sí tendrá el aval del IPC y, por ende, el valor que el mencionado preselectivo ya no tuvo.

Los atletas que participaron tienen menos de dos meses poniendo en práctica lo que algunos entrenadores lograron aprender –al curso no asistieron todos los entrenadores del país– en las dos horas que Richard Roberts los asesoró.