El jueves 20 la Cámara de Diputados ofreció un homenaje en memoria de Octavio Paz al que asistió su viuda, Marie-José Tramini. Ella y los diputados oradores mencionaron que tal homenaje era un “desagravio”. ¿Desagravio de qué?, fue la pregunta que se escuchó en el ámbito cultural de la izquierda. Para el sociólogo Armando Bartra se trata de un uso político de la personalidad del poeta, con la que el propio Paz no habría estado de acuerdo.
Si bien breve, el discurso de Marie-José Tramini durante el homenaje que la Cámara de Diputados rindió al poeta Octavio Paz el pasado jueves 20 de marzo, con motivo del centenario de su nacimiento a celebrarse este lunes 31, fue categórico:
“Hoy se le desagravia”, subrayó la viuda del autor sin precisar el agravio al cual se refería.
Incluso Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) –a quien algunos medios atribuyeron las palabras–, no pudo dar pormenores cuando la prensa le preguntó al final del acto si acaso Paz necesitaba un desagravio:
“Yo creo que es algo muy personal de Marie-Jo respecto a los recuerdos que tenga en este tema de las palabras de Octavio Paz y el modo en que ella lo contempla.”
El funcionario leyó el discurso de Tramini debido a una indisposición en la garganta, en el cual ella asentó que el poeta y ensayista “apostó por la pluralidad y el contrapunto y esa decisión le costó que los poderes lo miraran con recelo, que no supieran qué hacer con sus disensos y su defensa de la libertad”.
“Hoy –agregó– se le honra en la Cámara de Diputados y el círculo se cierra: su voz puede sonar aquí y allá como la del individuo libre y valiente que siempre fue.”
Los discursos de los diputados fueron en el mismo sentido. La presidenta de la Comisión Especial para Conmemorar el Centenario del Natalicio de Octavio Paz, Sonia Rincón Chanona, llamó al homenaje una reivindicación del poeta, “que ejerció la crítica sin concesiones, sin importarle que sus cuestionamientos provocaran la reacción de los fanáticos”. Y enfatizó que el poeta “no fue defensor del régimen político, por el contrario, fue autor de las más severas y profundas críticas al autoritarismo, a las prácticas patrimoniales…” y que “no titubeó para poner en juego todo su prestigio literario y su autoridad moral para criticar al régimen y desencadenar la democracia en México”.
Por su parte, el presidente de Nueva Alianza, Luis Castro Obregón, celebró que las etiquetas que le pusieron, como ser “intelectual de la derecha” o “defensor del régimen”, “han caído con el peso de la historia”.
Las reacciones en el medio cultural no se hicieron esperar, pero prácticamente no trascendió a la prensa. El lunes 24 en el diario Excélsior, el periodista Humberto Musacchio tituló su columna justamente “¿Desagravio?”, cuestionó que Paz hubiera sido agraviado, y puso en tela de juicio la aseveración respecto de su apuesta por la libertad. En su opinión nada hay más lejos de la realidad pues Paz combatió desde joven y en forma poco comedida las ideas que no estuvieran de acuerdo con las suyas. Enumeró varios ejemplos de los “agravios que –él sí– propinó tan injustamente”, entre ellos:
El caso Rubén Salazar Mallén de 1937, la “soez intolerancia” contra Gregorio Selser, las descalificaciones a Elías Trabulse, Jorge Alberto Manrique, Edmundo O’Gorman…
Y discrepó acremente con la idea de que los poderes miraron a Paz con recelo:
“¿A él, a quien llenaron de honores y de dinero? Recuérdese el generoso financiamiento de la entonces naciente Fundación Octavio Paz, a la que Ernesto Zedillo lambisconamente entregó la Casa de Alvarado y 12 magnates de la iniciativa privada le entregaron un millón de dólares por cabeza. Ésos son los hechos.”
Pleitos
¿A qué agravio pudo referirse Marie-José Tramini? ¿tal vez a la negativa de los diputados, a 10 años de la muerte del poeta, en 2008, a que su nombre se inscribiera en letras de oro en San Lázaro? la propuesta venía de los panistas.
En los corrillos se manejó si fue la quema de su efigie en la marcha de octubre de 1984 frente a la Embajada de Estados Unidos, en protesta tras aquel famoso discurso ante los libreros de Francfort, Alemania, cuando condenó al régimen sandinista en Nicaragua; ello como como parte de su continua discrepancia con la izquierda, que desencadenó una fuerte polémica en el encuentro internacional “El siglo XX: La experiencia de la libertad”, que se vio más como el festejo de la caída del comunismo que como la crítica al neoliberalismo, organizado en agosto de 1990 por la revista Vuelta que dirigía el poeta. O incluso a las respuestas a sus ensayos críticos, algunos de ellos compilados ahora en el libro Octavio Paz. Itinerario crítico. Antología de textos políticos, selección de Armando González Torres, coeditado por el Conaculta y el Senado de la República, y presentado la semana pasada en el marco del centenario.
En el primer caso, el de Nicaragua, el periodista Federico Campbell dio cuenta en Proceso (415) de las enconadas y múltiples reacciones, con un balance “abrumadoramente desfavorable para Octavio Paz”, generadas por aquel discurso, El diálogo y el ruido (recogido en dicho libro).
En un reportaje publicado en la agencia apro los días 6 y 11 de noviembre de 2006 se relata que cuando Paz recibió ese premio de los libreros de Francfort, la noticia fue difundida ampliamente por los medios, y “muy en particular por Televisa. Este desplante televisivo generó gran indignación en los medios intelectuales universitarios y periodísticos del país”. Y destaca que el escritor utilizó el apoyo de la televisora para criticar a los países socialistas y con especial dureza a los sandinistas.
“Desde el principio los dirigentes sandinistas buscaron inspiración en Cuba –dijo entonces Paz–; y han recibido ayuda militar y técnica de la Unión Soviética y sus aliados. Los actos de régimen sandinista muestran su voluntad de instalar en Nicaragua, una dictadura burocrática militar según el modelo de La Habana; así se ha desnaturalizado el sentido original del movimiento revolucionario. La oposición no es homogénea; en el interior es muy numerosa, pero no tiene medios de expresarse; en Nicaragua sólo existe un diario independiente La Prensa. Otro segmento de la oposición vive aislada en regiones inhóspitas, la minoría indígena que no habla español y ve amenazada su cultura y sus formas de vida y que ha sufrido despojos y atropellos bajo el régimen sandinista.”
Campbell consignó diversas reacciones: Roger Bartra lo consideró “tremendamente parcial”; el poeta de origen guatemalteco Carlos Illescas sentenció que “en su caso la lucidez se pone al servicio de la mayor oscuridad”; José Joaquín Blanco afirmó que “el proceso de derechización de Octavio Paz es cada vez más acelerado y ya no existe la menor diferencia entre su inspiración poética y la inspiración de la Kirkpatrick”; en el Congreso de la Unión se acusó a Paz “de corrupto y de vendido a intereses de los Estados Unidos y sus filiales en México”; y así por el estilo.
En su libro El pensamiento político de Octavio Paz: las trampas de la ideología (UNAM, 1996), Xavier Rodríguez Ledesma cuenta que unos días después del discurso, algunos grupos aprovecharon la manifestación contra la visita a México del secretario de Estado de Estados Unidos, George Shultz, para mostrar su desacuerdo con el poeta, “pero la única forma que se les ocurrió fue la más carente de imaginación, inteligencia y espíritu plural: quemar a Octavio Paz aunque fuera en efigie”.
Pero, y según el reporte de Campbell, de acuerdo a una foto aparecida en la prensa, “un militante del PSUM sostiene un monigote que representa a Octavio Paz durante la marcha de repudio a la visita de Shultz”.
Sigue Rodríguez Ledesma: En el Coloquio de Invierno de 1992 organizado por Conaculta, la revista Nexos y la UNAM, que motivó otro pleito con Octavio Paz, se dio “una agria discusión entre Sergio Ramírez, alto dirigente sandinista, y el escritor mexicano Alberto Ruy Sánchez quien con el texto en la mano, demostró que ninguna de las cosas que se afirmaba que Paz había dicho eran ciertas”.
Páginas más adelante el escritor evoca el Encuentro: La experiencia de la libertad, en el cual Paz “se sumó al clamor generalizado entre los invitados al encuentro y afirmó que hoy en día se asistía al fin del socialismo real y del marxismo”.
Hubo respuestas. Rodríguez Ledesma evoca las de Carlos Monsiváis y Arnaldo Córdova, quienes coincidieron en que el manejo del tiempo televisivo, “a conveniencia de los intereses ideológicos de los organizadores”, les impidió desarrollar sus disertaciones, por lo cual debieron recurrir a los medios escritos.
Y cita que el politólogo Lorenzo Meyer “señalaría más tarde que si bien es válida y necesaria la crítica del socialismo real, para nuestros países es más necesaria hacer la crítica del neoliberalismo real, ya que al final de cuentas es bajo ese régimen en el que vivimos y las verdades que se puedan decir sobre el socialismo real siguen siendo muy alejadas de las vivencias cotidianas de nuestros pueblos, éstos tienen bastante con los gravísimos problemas, brutalidades y deficiencias del capitalismo inspirado en el neoliberalismo que se está imponiendo a nuestras sociedades, por lo que era necesario que los plurales organizadores del Encuentro ‘Vuelta’, hicieran gala de esa vocación plural y democrática y organizaran también un evento que analizara esa propuesta política”.
No lo hicieron. En la crónica “El día que se lo dieron”, publicada en el especial 44 de Proceso, Octavio Paz. Voz que no calla. Luz que no se apaga, actualmente en circulación, se consigna que Paz, junto con el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari y el dueño de Televisa Emilio Azcárraga, apadrinaron el enorme despliegue de 400 actividades culturales de México a lo largo de cuatro meses en Nueva York, hacia octubre de 1990, como marco de entrada para las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con América del Norte.
La nota aparecida en el semanario el 1º. de octubre de 1990 consignaba:
“Caballo de Troya del empeño mexicano por irrumpir como país moderno en Estado Unidos, el arte nacional invade Nueva York. (…) Gobierno e iniciativa privada quieren poner de moda al país. Su puerta de entrada, el Museo Metropolitano, que los neoyorquinos llaman MET.”
Ahí recibió Paz la noticia de que se le otorgaba el Nobel de ese año. Y en un encuentro con la prensa evocó:
“Cuando vino el incidente de mi discurso en la Feria del Libro de Frankfort, me pareció que me condenaron sin oírme. Eso sucede con frecuencia, las críticas de la izquierda son siempre apasionadas y excesivas.”
Proceso le señaló:
–Usted también es un apasionado.
–Sí, pero mis pasiones son racionales y razonables. He manifestado siempre respeto por mis adversarios. Nunca ha sido la mía una razón que se pretendía absoluta. He sido, sí, firme, pero mi pasión nunca ha sido superior a mis argumentos ni a los de mis adversarios. Aunque esta polémica ya ha sido resuelta por la historia misma. Una parte de los intelectuales mexicanos sostienen lo que ya nadie sostiene en el mundo. En lugar de que defendieran otras causas, o las causas buenas, debieran pensar cómo debemos organizar una nueva sociedad.
Imagen impoluta
¿Cuál es la causa por la cual Paz tendría que ser desagraviado?, se le pegunta ahora vía telefónica al filósofo y sociólogo de izquierda Armando Bartra, quien lo considera un personaje fundamental en la cultura de México del cual no se puede prescindir, puesto que aborda a lo largo de su obra “una cantidad de temas con una penetración extraordinaria”, ya sea como poeta o ensayista.
“Está fuera de discusión: Los personajes culturales de estas dimensiones –a menos que los hayan fusilado, encarcelado u ofendido realmente– no tienen por qué ser desagraviados; tendrían que ser leídos, revalorados, enjuiciados críticamente.
“Me parece completamente inútil algún tipo de desagravio. Y también me parece completamente inútil un cierto tipo de homenaje que no llama la atención sobre su obra –la cual habría que seguir revisitando y discutiendo, sin duda– sino que trata de construir el tipo de intelectual que conviene a la derecha.”
Pone en duda que Paz estuviera hoy satisfecho con ese uso político de su personalidad, y expresa su molestia porque “ahora ya muerto él” sigan cuidando de su imagen, como él mismo lo hizo a lo largo de su vida, al hablar de su pluralidad.
“Me parece que se debe ser un poquito más descuidado de la propia imagen, aceptar que de vez en cuando uno dice tonterías, admitir que uno tiene errores, contradicciones y desacuerdos consigo mismo, y esto es parte de una trayectoria y será la historia la que lo valore.”
Pero Paz, añade, tenía una obsesión por construirse “una imagen impoluta, una trayectoria incuestionable” y reaccionaba de manera muy virulenta ante cualquier señalamiento, lo cual no le quita su talento, penetración y capacidad de análisis.
Fue contradictorio y en un momento dado se movió hacia posturas de la derecha, afirma:
“Y cuando uno se afilia a una postura, hay la tendencia natural, pero que uno debe cuidar cuando la padece, a encontrar argumentos tramposos a favor de tu interpretación.”
Eso no debe hacerse, y menos de manera consciente, como lo hizo Paz, sostiene Bartra. Y pone el ejemplo del discurso sobre Nicaragua, donde el poeta asegura que la oposición no tiene medios para expresarse pues sólo existe un diario independiente, La Prensa, cuando existían sólo dos periódicos en el país.
Confiesa también molestia por las reflexiones del autor ganador del Premio Nobel de Literatura en 1990 sobre el perfil y la identidad del mexicano, expresadas en El laberinto de la soledad. Si bien las califica de grandes y juzga necesario revisitarlas, recomienda una lectura desde una perspectiva de género pues considera que son sexistas:
“No sólo él, en realidad casi todos los del grupo Hiperión que hacen el análisis psico-filosófico y socio-ontológico del mexicano, lo hacen de ‘el mexicano’ porque ‘la mexicana’ es la esposa del mexicano, y en el caso de Octavio Paz, la chingada madre del mexicano, si me permiten el agravio.”
Es curioso, sigue el investigador, que cuidara tanto su imagen y definiera al mexicano varón en relación con su madre míticamente violentada por la Conquista. Y hay más ejemplos con los cuales “podríamos divertirnos mucho viendo cómo un hombre que pretendía tener una trayectoria sin mácula, tenía sus resbalones.
“Pero es lo de menos, uno se los echará en cara a una figura cuando la figura está rascando la manchita chiquitita en la manga de la camisa para que no salga en la fotografía. Creo que habría que olvidarla, en uno y otro sentido, y enorgullecernos de tener a un pensador, a un poeta, a un escritor de los tamaños de Octavio Paz. Lo demás son mezquindades de la intelectualidad que sigue haciendo canibalismo con sus muertos.”








