Con un proyecto postconceptual de archivo, que en su resolución formal no logra cumplir con los ofrecimientos del discurso que lo sustenta, el Museo Tamayo Arte Contemporáneo inició sus actividades 2014. Realizada por invitación de Willy Kautz –curador del museo hasta el pasado 10 de diciembre–, la propuesta titulada Atlas Eidolon estuvo a cargo del mexicano radicado en Barcelona, Erick Beltrán (1974).
Perteneciente al territorio de las creaciones que se apropian y reinterpretan imágenes de archivos otorgándoles una identidad que las vincula con la memoria local, colectiva o global, el proyecto de Beltrán está configurado con base en fotografías del periódico La Jornada. Dividida en dos apartados que corresponden a una “escultura dinámica” de gran formato y un emplazamiento museográfico que integra diagramas a muro y pequeñas impresiones digitales del archivo utilizado, la exhibición pretende explorar lo que ha significado la memoria en México en los últimos 30 años.
Diseñada con evidentes referencias formales al astrolabio esférico de la antigüedad, la escultura contiene varios anillos con numerosas imágenes, que si bien reproducen en su mayoría personajes y hechos políticos, también integran referencias a cultos religiosos y circunstancias sociales violentas. Creada como una “máquina de lectura” destinada a activar la psique colectiva de México, la escultura adquiere sentido al conjugar aleatoriamente las imágenes a través del movimiento de los discos interiores. Exhibida contradictoriamente con los discos inmóviles, la escultura sintetiza no sólo la arrogancia del discurso de Beltrán, sino también la profunda crisis creativa en la que se encuentran algunas prácticas posconceptuales: resguardadas bajo la complejidad y legitimación del discurso teórico, se apropian cómodamente de la creatividad y riesgo del periodismo fotográfico para elaborar productos artísticos de consumo bienal y ferial.
A diferencia del interesante peruano Fernando Bryce, quien con base en temas concretos recopila imágenes de distintas fuentes reinterpretando el discurso y la historia a través de una fina y expresiva reproducción dibujística, Beltrán se concentra en la apropiación descriptiva y anónima de la creación icónica periodística. Si, como él afirma, “la psique de un país se puede medir mediante su bagaje iconológico”, la psique de México no está escrita en las obras que expone el Museo Tamayo, sino en la diversidad del periodismo gráfico. Una diversidad que no se ubica a través del contenido y estética del archivo de un solo medio.
Inteligente en sus referencias a los atractivos diagramas mnemónicos medievales y renacentistas –esquemas de símbolos, imágenes y escrituras destinados a fortalecer la permanencia de la memoria–, el artista completa el proyecto de exposición con un emplazamiento que, a la manera de los modelos mencionados, señala distintas relaciones vinculadas con el ejercicio del poder político. En lo que corresponde a las imágenes, su recopilación en pequeño o gran formato –como los retratos de presidentes recientes de México– no rebasan la simple catalogación.
Compleja en su discurso y elemental en su contenido, la muestra hace honor al significado mitológico del término “eidolon”, presentando, como un fantasma artístico, la realidad política y social de nuestro país.








