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Haruki Murakami (Kioto, 1949) es uno de los escritores que más venden. En los ochenta sorprendió con una novela intensa y escrita con gran dinamismo: Tokio blues, luego presentó obras de buena factura como Baila, baila, baila y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. A partir de ese momento continuó escribiendo historias en donde el desequilibrio, la soledad y el vació fueron los ejes de sus tramas, e incluyó a personajes extraños, mujeres insólitas, y como trasfondo, algunas piezas o canciones conocidas. Con esta fórmula ha creado otras obras, que además adereza con breves reflexiones filosóficas. Así su narrativa ha ido perdiendo lectores porque la estiman repetitiva y predecible.
Hace unas semanas se dio a conocer, en varios idiomas simultáneamente, su más reciente trabajo: Los años de peregrinación del chico sin color (Tusquets, Col. Andanzas. No. 815; México, 2013. 314 p.). En este relato cuenta el rechazo que sufre Tsukuro Tazaki en la adolescencia por parte de un grupo de amigos. Años después, impulsado por su querida, decide averiguar las causas del repudio. Así descubre un suicidio, equívocos, mujeres raras, incomunicación, desequilibrios emocionales e indiferencia que provocaron su exclusión. Todo lo anterior acompañado de varias referencias a las suites para piano solo de Franz Liszt llamadas Los años de peregrinación.
En esta historia Murakami recurre a la fórmula ya probada de sus anteriores narraciones, pero sin convencer por la simpleza de las manidas anécdotas incluidas que han ajado y llevado a su literatura a la mesa de los best-sellers.
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J. M. Coetzee (Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 1940), Premio Nobel de Literatura en 2003, da a conocer La infancia de Jesús (Mondadori, Col. Literatura; México, 2013. 217 p.). En esta novela cuenta la historia de un hombre (Simón) y un niño (David) que llegan por mar a un país desconocido. El chico ha perdido a su madre. Ante esto Simón lo protege y ayuda a buscarla. En esa nación se les asiste, hallan un trabajo y aprenden un nuevo idioma. Además olvidan el pasado. Ante la imposibilidad de encontrar a la progenitora el hombre decide hallar una sustituta. En tanto que David hace amigos y entra a la escuela. Sin embargo, el peculiar carácter del niño y su rara manera de pensar dificultarán las relaciones con vecinos y conocidos. Así como provocarán que las autoridades intenten integrarlo a través de una escuela especial.
La historia es poco convincente porque da por supuestos muchos hechos que para el lector son discutibles, y crea situaciones incoherentes y personajes disparatados. Así no se indican las causas por las que abandonan su lugar de origen, ni por qué pierden la memoria. Los diálogos que tiene Simón con los estibadores son poco creíbles, por su tono acartonado y académico. Además es inverosímil la recepción que reciben los emigrantes en ese país. De esta manera, los vacíos y absurdos le restan veracidad a la anécdota.
Con esta narración Coetzee pretende acercarse a la vida infantil de Jesús de manera ingenua, lo que lo lleva a caer en una simplificación común, que lo entiende como un ser especial con capacidades particulares. La infancia de Jesús es una novela fallida que no agrega nada a la comprensión de un sujeto excepcional y sorprende por lo rudimentario de la trama. Historia muy alejada de las obras anteriores de Coetzee como Esperando a los bárbaros (1980), Foe (1986), El maestro de Petesburgo (1994) y Elizabeth Costello (2003).








