El cuerpo múltiple de la danza

Para la bailarina Gabriela Cuevas “la danza es todo”, pues se ejecuta con el mismo cuerpo con el que se vive. Con esta apertura, anuncia el proyecto Woman body, que creó con una bailarina húngara, una tailandesa y una coreana, en el que combinarán técnicas y conceptos para concebir una obra que exprese la unidad del arte y la variedad de sus culturas.  

Woman body es un proyecto de danza contemporánea diseñado y promovido por cuatro bailarinas: la jalisciense Gabriela Cuevas; Batarita, de Hungría; Sonoko Prow, de Tailandia, y So Jung, de Corea del Sur.

En entrevista, Cuevas relata que hace dos años, durante un festival en Guanajuato, conoció a Batarita, intérprete de danza butoh, y les surgió la inquietud por hacer alguna obra juntas, por lo que empezaron a intercambiar ideas por medio del correo electrónico.

La húngara ya tenía relación con Sonoko Prow y So Jung, así que le planteó a Cuevas la posibilidad de incluirlas en el proyecto, con el compromiso de que las cuatro buscaran en sus países los apoyos necesarios para recibir a las otras tres y organizara presentaciones y talleres de sus especialidades.

Así surgió el proyecto Woman body, que tendrá cuatro etapas. La primera ya se efectuó en Tailandia, entre diciembre y enero pasados. La segunda será en Budapest, Hungría, en mayo; la tercera será en Guadalajara, para noviembre, y la última tendrá lugar en Corea del Sur en marzo de 2015.

Del 28 de diciembre de 2013 al 20 de enero de este año Cuevas viajó a la ciudad tailandesa de Chiang Mai con el apoyo de la Secretaría de Cultura del estado, que le pagó el boleto de avión. Comenta que el objetivo del proyecto es hablar del cuerpo, pero no sólo el de la mujer sino también el del hombre. “Tuvimos una experiencia en uno de los monasterios budistas en los que estuvimos, que nos obligó a hacer toda una transformación en el modo de trabajar y en lo que queríamos decir. Aunque estuvo muy intenso e interesante el trabajo, no logramos llegar al final de la obra, que aún está en proceso”, explica.

Agrega que en aquel país presentaron en un estudio la primera parte del proceso y tuvieron un diálogo con el público. “Presentamos formalmente una obra cada una, que ya teníamos preparada”, acota. Sin embargo, la intención de las bailarinas es elaborar una obra internacional en la que cada una aporte su experiencia dancística y cultural.

Señala que hace un año reunió las cartas-invitación y le presentó el proyecto a Miriam Vachez, secretaria de Cultura del estado, a quien le interesó y decidió apoyarlo. No obstante, Cuevas aún no sabe si para las siguientes etapas, incluyendo la presentación en Guadalajara en noviembre, recibirá financiamiento para viajar, hospedar a las tres bailarinas y la autorización para utilizar un foro en el que se presenten los avances de la obra, se hagan los ensayos y se impartan los talleres.

Comenta que el proyecto completo lo presentó a Proyecta 2014, al que recientemente convocó la Secretaría de Cultura. Confía en recibir el apoyo, pues la coordinadora de Danza de la dependencia estatal, la bailarina Sandra Soto, ya solicitó el teatro Degollado y el foro de cámara del mismo con ese fin.

Según los planes de Cuevas, las bailarinas invitadas impartirán sus talleres durante tres días, tres horas cada una, con un cupo limitado a 15 personas. Además, dialogarán con el público sobre el trabajo que presenten. “Es interesante ver que aun cuando las tres estamos interesadas en el lenguaje de la danza, cada una tiene distinta formación, cultura y manera de concebir el arte”, aunque aclara que el punto en común es la danza butoh.

Pone como ejemplo la forma en que conciben la enseñanza. Sonoko, dice, quiere hacer un taller para toda la gente de todas las edades; Batarita, en cambio, se dirige sólo a actores y bailarines, mientras que So Jung se enfoca a bailarines, actores y personas que estén interesadas en el lenguaje corporal.

Cuevas narra que las piezas individuales y el trabajo colectivo que presentaron en Chiang Mai fueron bien recibidos por el público. A la gente le gustó lo diverso de las coreografías individuales porque contrastaban las expresiones corporales, la música y el vestuario de las bailarinas. A la vez, señala, el público percibió unidad en el montaje conjunto, pese a que son tan distintas y a que se trata de la primera etapa del proyecto.

Adelanta que en Hungría la estancia será de tres semanas. Cada bailarina dará un taller durante dos días, y tanto las coreografías individuales como la obra Woman body totalmente terminada las presentarán en el Teatro Nacional, en Budapest.

Anuncia, asimismo, que cuando les toque venir a México, presentarán el espectáculo tanto en Guadalajara como en Puerto Vallarta y la Ciudad de México.

 

Búsqueda constante

 

La trayectoria de Gabriela Cuevas es muy amplia. Nacida en Guadalajara pero registrada en Chapala, Jalisco, inició sus estudios en danza clásica desde los nueve años de edad con la maestra Doris Topete; durante casi 16 años se dedicó al estudio y ejecución de ese tipo de danza, durante los cuales recibió la enseñanza de profesoras como Déborah Velázquez y Ana Torquemada. Formó parte de la Compañía de Danza Clásica que dirigía el desaparecido maestro Alejandro Zybin.

En 2005 incursionó en la danza contemporánea –que prefiere llamar experimental– con la bailarina y coreógrafa Lola Lince, y desde entonces se ha dedicado a la búsqueda de formas novedosas de expresión corporal mediante la combinación de diversas técnicas, primordialmente con la danza butoh, de la que ha tomado cursos especiales con Ko Murobushi, Natsu Nakajima y Akira Kasay.

Desde 2002 Cuevas ha creado varias coreografías y formado grupos como Tiempo Navío; además, ha incursionado en el teatro con los directores Fausto Ramírez, Rodrigo Angoitia, Miguel Lugo y Beto Ruiz, primero impartiendo cursos de entrenamiento corporal para actores y luego interviniendo en escena. Recientemente montó la coreografía Anímula, obra multidisciplinaria diseñada a partir de poemas de Jorge Esquinca, que ya ha presentado con éxito en festivales de poesía y de artes escénicas en diversos estados del país.

Por último, la entrevistada expresa lo que para ella significa la danza: “Algo que me ha mantenido en este laboratorio del cuerpo es que todos los días me pregunto por qué hago danza, por qué el arte. Es muy difícil responder. Es muy abstracto, porque lo sientes a través del cuerpo, de la psique, de las emociones, de las experiencias de vida, tanto que se va volviendo un camino y parte de la vida cotidiana. Llega un momento en que se comprende que la danza es todo, como me lo dijo una maestra y que al principio no entendí. Claro, porque uno no puede separarse de su cuerpo, es el mismo cuerpo que maneja, el que va a la tienda y el que hace las cosas más cotidianas, y es el mismo que se tiene que poner en disposición para hacer otra cosa; para transformar el tiempo y el espacio.

“Claro, hay obstáculos y momentos en que uno dice: ya, hasta aquí. No todo es dulzura, y qué bueno, porque irte al inframundo, a las partes oscuras, te permite encontrar las partes luminosas de tu quehacer. Entonces, la visión de la danza la conecto con la vida, con un todo, no la puedo separar.”