Crece la delincuencia en Chapala

La ribera de Chapala, que fuera el lugar ideal de descanso para jubilados extranjeros, fue escenario del brutal asesinato de una pareja de turistas candienses: Edward Kular y Nina Discombe, para despojarlos de unos dólares. Pese al escándalo, en este municipio vecino de Michoacán se sigue vendiendo droga en pleno día, los robos se incrementan… y la policía no hace caso de las denuncias.

Ricos y pobres viven por igual robos, asesinatos, balaceras y secuestros en Chapala sin que la policía haga mucho por resolver la inseguridad.

En un recorrido de Proceso Jalisco por la ribera de la laguna, los vecinos concuerdan en que el problema es muy grave. En las colonias Plaza de Toros, Barrio de Guadalupe y en especial Tepehua y San Miguel se vende droga “como si fueran chicles”, comenta una vecina que pide no revelar su identidad. E indica un domicilio en Prolongación Lázaro Cárdenas y La Cascada: afuera de “esa tortillería venden (droga); la mesita de dulces es sólo para disimular”.

Otra señora de Plaza de Toros confiesa su temor a quedar atrapada en una balacera. Con voz muy baja cuenta que hace “un año, en las calles de Pípila y Juventino Rosas, en una casa de dos pisos tenían secuestrado a un hombre, pero vinieron de otro grupo delincuencial y se armó la balacera. Quise llamar al 089, pero no había comunicación. Como a la media hora volví a intentarlo y pregunté si algún vecino había reportado la balacera. Me dijeron que no. Yo tenía miedo porque mis muchachos andaban en la calle a esa hora, cerca de las 11:30 de la noche. Después supe que uno de mis hijos se escondió porque pasó justo cuando se estaban dando con todo”.

Prosigue: “Me di cuenta que sí lograron sacarlo. Era un muchacho a quien después encontraron hecho pedazos. Ese día, después de que reportamos la balacera, la policía llegó casi a la una de la mañana, cuando ya no había nada de peligro. Al día siguiente andaba por aquí uno de esos que venden periódicos y empezó a gritar lo de la balacera y que habían encontrado al muchacho destrozado. Llegó la policía y le compró todo el periódico para que no se supiera la noticia”. La casa en cuestión tiene una fachada rosada con varios resanes.

Los policías de Chapala son parcos. Lo único que comentan, y brevemente, es que ganan 3 mil 400 pesos a la quincena, carecen de prestaciones y no les renovaron su seguro de vida.

Se quejan de que si se descompone la patrulla, ellos tienen que repararla. Se comprobó que en general esos vehículos, por ejemplo el de número económico CH-05, tienen las llantas en malas condiciones.

En ese sentido, la activista social Esther Solano explica: “Actualmente seguimos con una Dirección de Seguridad con transportes descompuestos, las patrullas con llantas viejas, con personal mal pagado al que se le violentan derechos laborales básicos; con un jefe que se ve bonito de brazos cruzados en la foto del grupo ambientalista y las fotos para que saquen la escoba las comadres y barran sus calles.

“Este director (Ramón del Arco Pérez) se lleva las palmas de la absoluta nulidad. Ya no se puede tapar la franca falta de prevención en toda la zona, no sólo en los fraccionamientos Lomas de Ajijic, La Floresta y Chapala Haciendas. Simplemente no tenemos cabeza en esta Dirección de Seguridad. Es incomprensible e inaceptable la inseguridad en que estamos viviendo.”

El miércoles 19 Solano y otras 45 personas, entre ellas la estadunidense Virginia Boyle, publicaron un desplegado en un diario local en el que demandan al gobernador Jorge Aristóteles Sandoval y al presidente Enrique Peña Nieto que se restablezca la seguridad en Chapala, cuya población sufre extorsiones, homicidios, secuestros, robos a casa-habitación y de vehículos, así como la venta de droga.

Solicitan además reemplazar como director de seguridad a Ramón del Arco, incrementar el personal en la Agencia del Ministerio Público, así como el número de policías investigadores y municipales, amén de que a éstos se les equipe adecuadamente, además de pagarles un sueldo digno y ofrecerles las prestaciones de ley.

Rematan al publicar que “toda una comunidad queda en espera de acciones para evitar otro Michoacán (estado del cual este municipio es vecino). Chapala, con carácter de urgente, pide a ustedes la atención que se requiere para rescatar la tranquilidad para nuestras familias”.

En la entrevista, Solano comenta que tras el asesinato de una pareja de canadienses a manos de dos albañiles que quisieron robarles, “el fiscal general, Luis Carlos Nájera Gutiérrez, mandó docenas de patrullas de la Policía Estatal, así como un helicóptero, como ya es usual si las víctimas son extranjeras”. Sin embargo, a falta de una estrategia de prevención, señala que los uniformados del estado “vienen a ranchear”.

El domingo 9 se encontraron en su residencia de la colonia La Floresta los cuerpos de Edward Kular, de 84 años, y su esposa, la escritora Nina Discombe, ambos originarios de Canadá. La policía estableció que el motivo del crimen fue el robo (Proceso Jalisco 484).

El jueves 20, Solano informó que personal de la fiscalía estatal le llamó varias veces para exigirle los números telefónicos de todos los firmantes del desplegado contra Del Arco Pérez.

 

Saqueados

 

La señora Emilia, que vive en la colonia Tepehua, también ha padecido el aumento de inseguridad. “Tengo 24 años viviendo en la colonia, y desde entonces ha cambiado. Hay vandalismo y hace como un año mataron a una de mis vecinas; le dieron balazos por la espalda, no se sabe quién fue ni por qué”.

Su familia y amistades han sido víctimas: “Mi hija vive en la colonia El Tecolote; le robaron sus cosas, hasta los cables de la luz y una soldadora. Ya van dos veces que le pasa eso”.

A sus amigas que viven en la colonia Emiliano Zapata y en el Barrio de Lourdes, dice, “les tocó que les robaran adentro de su casa, incluso cuando iban caminando por la calle, pero no presentaron denuncia… (dijeron) que para qué”.

Otra vecina refiere que la unidad deportiva cercana a la escuela Ramón Corona y calles aledañas ha sido escenario de asesinatos. A finales de enero, en el cruce de Lázaro Cárdenas con Ignacio Allende, mataron al albañil Sigfrido Hernández. “Llegaron unos cuatro hombres, le preguntaron si él era El Pocho y cuando respondió que sí, lo balearon en su domicilio”.

A cinco cuadras de dicho cruce, indica, está una unidad deportiva que carece de puerta, por lo que ahí pueden entrar los delincuentes a cualquier hora. “Junto a lo que sería la caseta de vigilancia de la unidad dejaron el cuerpo de un hombre, y poco tiempo después a una cuadras de la unidad dejaron tirado el cuerpo de Raquel”. La entrevistada no quiso dar más detalles de este caso, del que dijo no tener más datos.

Este semanario consultó a residentes extranjeros, quienes alaban el clima y a la gente de Chapala, pero lamentan la actual oleada de inseguridad, corrupción e impunidad.

Michael Arthur Pray, víctima de robo, recuerda que el pasado 20 de diciembre fue despojado de artículos y dinero por un total de 40 mil dólares en un robo a sus tres casas (averiguación previa 3912/2013). Sin embargo, lamenta, la autoridad no ha hecho nada para detener a los asaltantes.

Pray vive en el país desde hace seis años, pero visitó Chapala por primera vez hace 35, “cuando todavía no existían caminos transitables”. Admite, como otros de sus compatriotas, que “como en cualquier país debes tener cuidado de tus alrededores. De hecho, mi casa de Estados Unidos dos veces ha sido robada y sufrido importantes pérdidas, pero la respuesta de la policía fue asombrosa: terminaron arrestando a dos fulanos y metiendo a la cárcel a tres con sentencias de tiempo completo. Ese robo llevó al arresto de 30 individuos que estaban coludidos en una banda grande que cubría un anillo perimetral”.

En contraste, tras el robo múltiple que sufrió aquí, acudió a la fiscalía estatal para presentar su denuncia, pero el agente del Ministerio Público Miguel Ortega Carrillo le indicó que regresara en tres días “porque era fin de semana y las fiestas navideñas ya se acercaban”. Pero desde que presentó la querella hasta hoy “no ha habido respuesta de nadie en relación con el agravio”.

Por eso el ciudadano estadunidense se dirige al fiscal general Nájera Gutiérrez para “que se haga la investigación y que no se nos abandone en la indefensión; pido justicia”.

Relata que fue su pareja, Doris Ruth Sheppard, quien presentó la denuncia. En la narración de los hechos ella explica: “Sospecho de una cuadrilla de trabajadores que laboran en el techo de una de las casas del condominio en donde vivo, ya que nunca antes se había suscitado un robo ahí y la entrada a las personas ajenas al mismo es registrada, por lo que sospecho que esas personas fueron”.

Después del robo Pray acudió a un supermercado donde se topó con un sujeto con ropa de albañil que traía sólo billetes de 100 dólares, como aquellos de los cuales lo despojaron. Al darse cuenta de que era observado, el tipo escondió el dinero.

Entonces el estadunidense fue a la administración del condominio y pidió ver un video donde aparecían los albañiles que reparaban un techo el día del delito. Uno de esos trabajadores era el que sorprendió en el supermercado.

Pese a su caseta de vigilancia, el lujoso fraccionamiento ubicado en un cerro frente a la laguna de Chapala y donde la mayoría de los habitantes son extranjeros, tampoco se ha salvado.

Ginnie, una exbanquera originaria de Texas, leyó en 1984 un libro donde se decía que en México se vivía con 18 dólares al día. “Algún día iré a vivir ahí”, decidió.

La realidad actual dista de sus sueños: “No estamos seguros aquí. La gente ha sido asesinada, ha sufrido de robos por gente que atraviesa los cerros. Mis amigos Irene y Tom, además de Alan, fueron víctimas de robo.

“Tenemos muchas construcciones alrededor, ocurre todo el tiempo. Sabemos de algún caso cada dos meses; a veces los agarran, otras no.”

Trata de matizar sus críticas: “Me desa­grada la situación actual, con el narcotráfico y la corrupción. No puedo vivir con el temor (…), sé que hay inseguridad y que tenemos corrupción en Estados Unidos, pero no a este nivel que el gobierno mexicano ha permitido. Vivimos en un país donde el gobierno es muy corrupto, no hace un gasto adecuado, inteligente, y no hace lo suficiente para proteger a los ciudadanos (…) Eso debería de avergonzar a los políticos, por no utilizar los recursos de manera adecuada”.

Desde el punto de vista de los residentes extranjeros, añade: “Contribuimos a la economía de este país, tratamos de regresar a México lo que nos han ofrecido, pero no podemos ser la voz de la gente que está sufriendo más que nosotros, la gente necesita exigir (seguridad)”.

Otra ciudadana estadunidense que pidió no revelar su nombre confirma: “Tenemos mucho miedo de denunciar los robos que sufrimos en las casas-habitación, en nuestros autos, porque toman represalias. También tenemos miedo de salir a cualquier restaurante, no sabemos si nos van a clonar la tarjeta.

“Aquí en la ribera de Chapala están matando a la gallina de los huevos de oro. (Los extranjeros) se van a ir, todos estamos asustados, sin importar la nacionalidad.”

Afirma que la mayoría de sus amistades –estadunidenses y canadienses– ya quieren vender sus viviendas y alejarse lo más pronto posible de la ribera. “Estamos hablando de unas 25 familias, y en total somos como 150 personas extranjeras las que vivimos aquí. Estamos muy asustados. Al menos 15 de esas personas han sufrido de algún robo”.

Precisa que la inseguridad comenzó a repuntar hace tres años, pero “2013 fue terriblemente peor”. Lo peor es que cuando presentan denuncias “nunca se han visto resultados”.

Para ilustrar el grado al que ha llegado el problema, dice: “Amistades mías que viven en Chulavista dicen que relojes y joyas que les han robado los traen los encargados de levantar el acta del robo; eso es inaudito, es una corrupción total”.