El historiador de la UNAM Alfredo López Austin, reconocido por sus estudios precolombinos y la profundización en sus mitos –atento siempre a la realidad actual–, sostiene que México vive bajo la imposición gubernamental. Tal es el caso de las reformas estructurales que esta administración federal impulsa: educativa, laboral, hacendaria y energética. ¿Dónde está el estudio científico –se pregunta– que fundamente su beneficio?
El historiador Alfredo López Austin califica de “brutal” la imposición de quienes gobiernan sobre los intereses de las mayorías, particularmente en los campos político y económico.
El investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se ha dedicado a la investigación de las culturas precolombinas sin apartar los ojos de la realidad que lacera al México contemporáneo. Estudia los mitos mesoamericanos y está convencido de que la función de la ciencia es contribuir a mejorar la vida en el mundo.
Dice, sin embargo, que contrario a la extendida idea de que el mundo moderno es científico pues está “sumamente tecnificado”, imperan las creencias que van desde lo racional y equilibrado hasta lo verdaderamente absurdo y descabellado.
El autor de Los mitos del tlacuache. Caminos de la mitología mesoa-mericana y El conejo en la cara de la Luna, reeditado recientemente, luego de estudiar derecho se introdujo de lleno a la historia del México antiguo de la mano de Miguel León-Portilla. Relata que al inicio de su carrera se planteó un problema de investigación: La figura de Quetzalcóatl, su mito, su leyenda y su historia, así como la relación entre las tres diferentes versiones de un “aparentemente” mismo personaje.
El resultado fue el libro Hombre-dios. Religión y política en el mundo náhuatl, publicado por primera vez en 1973 y reeditado en 1989. El problema ha seguido hasta el presente pues considera que Quetzalcóatl es una figura “muy inquietante”, uno de los mitos fundamentales que conforman la historia antigua de México.
Explica que en varios de sus trabajos, no sólo individuales sino realizados con su hijo, el arqueólogo Leonardo López Luján, propuso la hipótesis de que fue una interpretación religiosa para apoyar una idea política muy fuerte en Mesoamérica. Fue una corriente que se implantó desde el periodo epiclásico y hacia el año mil había ya grandes centros poblacionales siguiendo esa corriente mediante la cual se impuso un sistema particular de gobierno:
“Usaban el mito para fundamentar su acción, como lo hacen muchas ideas políticas.”
Detalla que el mito de Quetzalcóatl fue el sostén religioso de una ideología política. Y que la acción política hegemónica de la Triple Alianza, integrada en uno de sus ángulos por los mexicas, derivó de las ideas originales de ese mito.
Se le pregunta si puede equipararse con Jesucristo y la religión católica que han sustentado la cultura occidental y los imperios actuales:
“Bueno, en este caso particular, la figura de Quetzalcóatl sostuvo una corriente política en una época particular. La figura de Cristo ya se refiere a épocas más extendidas, pero sí, también fue la base ideológica-religiosa de una ideología de dominio del sacro imperio romano que se prolongó muchísimo en la historia. Y que sigue, con altas y bajas, y con cambios, pero continúa.”
–¿Qué importancia tiene el mito? ¿Por qué el ser humano acepta los mitos y vive con ellos?
–Es una de las producciones intelectuales más interesantes, entre otras razones porque apoya nuestras propias acciones, nuestro propio pensamiento. Consciente o inconscientemente usamos el mito como un sostén, una corroboración de que lo que hacemos está bien. El mito no es una simple narración, se convierte en una prueba de que el conjunto de nuestro pensamiento está bien.
Frente a este mundo actual tan materialista, la cuestión es si sigue siendo importante estudiar los mitos. Responde el investigador que en realidad no vivimos tan alejados del mito. Y menciona una encuesta realizada en el marco del centenario de Charles Darwin, cuyo resultado fue que si bien muchas personas aceptan la teoría de la evolución, la mayoría cree en el mito bíblico de Adán y Eva como origen del ser humano, dentro de las distintas religiones (cristianismo, judaísmo o islamismo).
“Si ese es el prototipo de este mundo moderno, entonces se sigue viviendo en el mito, no en la idea evolutiva del mundo.
“Tenemos la falsa idea de que el mundo moderno es científico porque se confunde la ciencia con la técnica, entre otras cosas. El mundo moderno está sumamente tecnificado pero el pensamiento no se rige por la ciencia, predominan otras formas de explicar el mundo y de actuar. Lo científico pertenece a un ámbito muy pequeño, tanto poblacional como cotidiano.”
Agrega que imperan las creencias tanto antiguas como modernas. Las hay racionales y equilibradas pero también “totalmente descabelladas, absurdas”. Y dice que si la ciencia moviera al mundo habría una visión de la realidad más cuidadosa, más justa y mucho más proyectada hacia el futuro.
–¿Sería mejor realmente?
–No todos lo creen, pero yo sí soy de los científicos que creen que la ciencia es para mejorar la vida del mundo, no es simplemente un ejercicio sin efecto social. Para mí es un producto que debe estar encaminado al beneficio social.
Sin embargo advierte que hay ciencia alejada de ese concepto. Y no se diga la tecnología actual. Incluso, cuando se le menciona a la antropología como una de las ciencias que quizá se ocupe más de atender el ámbito social, señala que lamentablemente ha sido utilizada también como un arma de colonización, de intervención y de explotación. ¿Para qué si no –pregunta– se quiere conocer a fondo al otro?
Luego puntualiza que no se puede generalizar, ni calificar todo como negro o blanco pues en México no ha sido así del todo. Rememora a la generación de investigadores forjadores de la antropología que dio origen a instancias como el Instituto Nacional Indigenista, entre ellos Gonzalo Aguirre Beltrán, quien fue su maestro y compañero en el IIA.
Lo recuerda como un hombre de buena voluntad que creyó que beneficiaría a las comunidades indígenas (y en general al pueblo mexicano) con un proyecto de integración, y provocó serios problemas pues su población requería no una reducción sino campo para el desarrollo de sus propias formas de vida, lengua, creencias y aspiraciones:
“Y no ser metidos con calzador en un modelo de nación que no tenían por qué compartir.”
Incertidumbre
López Austin admite que pudo haber coincidido en parte con el proyecto de Aguirre Beltrán, a quien considera un hombre íntegro moralmente, pero desde la perspectiva actual él no actuaría así, pues se trataba de una imposición.
Considera que México es un país en el cual quienes están arriba imponen cánones sin importar la voluntad de los gobernados. Más ahora y sobre todo en los campos económico y político, donde las únicas voces que hablan se ocupan de que los intereses de las mayorías no se escuchen “y la imposición es brutal”.
Así ha sido con las llamadas reformas estructurales: educativa, laboral, hacendaria y energética. Cuestiona:
“¿Dónde está el estudio científico que fundamente el beneficio que van a traer esos cambios? Se ve, exclusivamente, el beneficio de un sector muy reducido de la población, el tradicionalmente favorecido… Todas estas reformas no tienen ninguna intención de responder a las verdaderas necesidades del país. Le están cumpliendo a los grandes poderes de facto.”
Y se cuenta, dice, con “un aparato impresionante que permite convertir en gente descalificada a todo aquel que tenga el valor para elevar la voz. O convierte educativamente a las masas en meros receptores dóciles, y en muchos casos las atemoriza”.
Lamenta que la población viva aterrada: del mañana, de las enfermedades, del desempleo, la inseguridad. La incertidumbre “es una situación totalmente anómala para una sociedad humana”.
–Usted ha dicho que ya no reconoce a su natal Ciudad Juárez. El país mismo parece no ser reconocible si se recuerda que hace unas décadas había un Estado benefactor.
–De ninguna manera estábamos en el paraíso, no. México es un país de enormes desigualdades y esto es fácil de verse dentro y desde fuera, lo primero que recibe cualquier extranjero que llega es el impacto que asombra de esta diferencia profunda en materia económica, en materia social, en materia política, en materia educativa.
“Somos un país de diferencias verdaderamente execrables, pero se han profundizado… Y ahí vamos, con cada reforma o contrarreforma –como quiera llamársele– la situación aumenta.”
Insiste en que impera el temor no sólo a las situaciones antes mencionadas sino a una caída económica precipitada:
“¿Quién nos va a levantar? El simple planteamiento de que la industria petrolera mexicana se salva con la intervención de la iniciativa privada no nada más es absurdo sino grotesco. ¿Cómo se puede hacer tragar esta píldora? ¿Cómo se hace? Con la propaganda constante, constante, una propaganda no explicativa, ¡impositiva!, el slogan, el argumento falaz, a darle y darle constantemente, en radio, televisión o lo que sea para arrastrar a la opinión pública al punto que conviene a sectores mínimos.”
En este terreno, dice, ya ni siquiera se puede hablar de nacional o extranjero, pues son transnacionales que sólo reparten “migajas” entre los nacionales que han conducido estas reformas y la historia seguirá “no como siempre, sino ahora para ahondar la situación”.
“Las evidencias son claras: ¿Cuál es la parte educativa de la reforma educativa? ¿Dónde está? ¿En provocar la inseguridad laboral, en esto consiste? Es el remedio que se les ocurrió y a lo que no van a renunciar nunca porque no hay retroceso, según se nos dice. ¿Dónde está la reforma laboral? ¿En el abaratamiento de las facilidades para despedir a los trabajadores?, ¿en la reducción de sus derechos?, ¿ahí está el beneficio?, ¿quién entiende esto?
“¡Dónde está el beneficio de la reforma hacendaria! Un solo beneficio: Que al final no se atrevieron a cumplir su amenaza del IVA en alimentos y medicinas, es el único gran aporte –ironiza–, un aporte negativo: ‘no lo hicimos, pero fíjense que lo íbamos a hacer’. ¿Dónde quedó la ventaja? Lo demás es promesa, es ilusión, es propagada, es fracaso tras fracaso si se ve, claro, desde la política del beneficio del pueblo de México. Y triunfo tras triunfo si se ven los otros intereses.”
Cuando se le pregunta qué piensa al ver que la ciencia en México no logra cambiar los problemas sociales, responde:
“Que hay que seguir, no se puede pensar otra cosa. Ante una realidad tan triste lo único positivo es no descansar, no descansar en toda aquella actividad que tenga una convicción de que no es individual ni en su realización ni en su sentido ni en su fin, sino colectiva. Creo que eso es la ciencia, no una cosa para lograr glorias personales, famas individuales, sino con otros fines muy diferentes; no puede uno detenerse.”
Sin proyecto
En agosto de 2012, trabajadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se movilizaron para protestar por los daños al patrimonio cultural causados por proyectos aprobados por autoridades del propio instituto, entre ellos las modificaciones a los fuertes de Loreto y Guadalupe, en Puebla, y la construcción de un museo encima de una estructura prehispánica en Tzintzuntzan, Michoacán.
Uno de sus actos de protesta fue la toma del Museo Nacional de Antropología, ante la cual el gobierno respondió con una orden de aprehensión contra el historiador Felipe Echenique March, representante de los investigadores. López Austin expresó entonces su solidaridad con los trabajadores en una carta pública. Repasa:
“Sí, estaba yo muy inconforme con la política existente que estaba dañando mucho el patrimonio nacional.”
Ahora se le pide que exprese su sentir sobre los cambios en el INAH. Prefiere esperar a ver más acciones antes de dar una opinión personal no basada en los hechos. Pero sí acepta referirse brevemente al rumbo de la política cultural:
“No hay una exposición clara de cuál es la política cultural, como no hay una exposición de cuál es la política nacional. Qué se persigue, fuera del slogan, dónde está el proyecto nacional, no existe, no sabemos a dónde vamos, a dónde vamos como un gran proyecto elaborado a partir de bases sólidas y firmes. No se ha expuesto.
“Quienes dictan las políticas, aquellos que las formulan no las dan a conocer, no las confiesan. ¿Dónde se hacen? Tal vez dentro, tal vez dentro y fuera del país, ya ni siquiera sabemos.”
A pregunta expresa señala que los científicos e investigadores de la UNAM deberían ser escuchados para la construcción de un buen proyecto de desarrollo.
Y cuando se le comenta que el gobierno asegura que sí ha escuchado y hasta organizado foros, considera: “Es parte del teatro democrático.”
Agrega que los habitantes de la Ciudad de México se quejan mucho de las actividades, “que no justifico, de ninguna manera”, de protesta de quienes quieren hacerse escuchar.
En su opinión, en el caso de los maestros, está protestando gente que por décadas estuvo “vilmente controlada”, y hasta que botó la tapa todos se admiraron, “pero de la llama, ¿quién se admiró?, ¿quién protestó más allá de las críticas de chiste a Carlos Jongitud y en su tiempo a la maestra Elba Esther Gordillo?
“Nadie movía un dedo. ¿Quién ha protestado porque el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación sigue igual de subordinado? ¡Nadie! Pero todos protestamos por unos días de molestia en las calles, eso sí nos afecta, eso sí nos llega, lo demás ¡son maestros de pueblo!”, dice con ironía.
–¿Qué le ha dejado la carrera de historia? –se le pregunta para finalizar.
–Desde mi tesis de Derecho yo me adentré en el México antiguo. Y esa ha sido mi pasión desde entonces: El estudio de la cosmovisión mesoamericana, de la religión mesoamericana, los vínculos entre la sociedad en general y la religión en particular, todo eso ha sido el eje de mi trabajo.
En septiembre del año pasado el historiador recibió un homenaje por parte del INAH, la UNAM y el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, con un Coloquio en el Museo Nacional de Antropología. Este año será nuevamente reconocido en el marco del 75 aniversario del INAH, por el Centro INAH-Chihuahua, en el Museo de la Revolución de la Frontera Norte, como parte de las actividades conmemorativas por los 30 años de su creación.








