Con un evento preinaugural notoriamente desorganizado –recorrido galerístico por varias zonas de la Ciudad de México–, con una oferta ferial en la que escasearon galerías de relevancia global y, sobre todo, distinguido por su mediocridad estética, se inauguró el pasado 5 de febrero la undécima edición de la feria internacional Zona Maco México Arte Contemporáneo en el Distrito Federal.
Oscilante desde sus inicios entre una feria de primer nivel y un suceso comercial en busca de su propia identidad, Zona Maco no ha logrado convertirse en un destino constante para el turismo artístico ferial. A diferencia de otros años en los que participaron galerías de reconocido prestigio, como Zwirner, Lisson, Hauser & Wirth, Eigen-Art, Air de Paris o Barbara Thumm, este año se distingue por una ordinaria trivialidad que enfatiza el carácter mercantil y la sobrevaloración económica de su contenido.
Desde una perspectiva general, la oferta de la feria devela un estancamiento creativo y una carencia de riesgo comercial que se percibe en la repetición de lenguajes neo-constructivos, en la utilización sin sentido de aplicaciones matéricas en bidimensiones pictóricas e, inclusive, en los tapices de Gabriel Kuri que nunca faltan en la Kurimanzutto.
Dividida en cinco secciones que corresponden a galerías, arte moderno, nuevas propuestas, Zona Maco sur y Zona Maco diseño, lo más rescatable se encuentra en las dos primeras. Presente por primera vez en México, la reconocida galerista española Juana de Aizpuru presenta una sobria selección en la que destacan la gráfica de Wolfgang Tillmans, el video de Cristina Lucas, los periódicos intervenidos pictóricamente por Sandra Gamarra y las pinturas de gran formato de Markus Oehlen y Federico Herrero. Esta última con un precio de 50 mil euros.
Mucho más equilibrada y sólida que el año pasado, en la sección de arte moderno destacan algunas pinturas de Picasso y un buen número de espléndidos óleos y dibujos de Dalí y Miró. Representadas por la Mayoral de Barcelona y la galería Opera de París, estas piezas transitan entre 250 mil, 890 mil y 1 millón 600 mil dólares.
En el contexto de la oferta mexicana, algunas exposiciones en los recintos galerísticos resultan más interesantes que la selección de los stands. Entre ellas, la seductora instalación lumínica de tonos verdosos de James Turrel, las sugestivas instalaciones monumentales y mínimas de Jose Dávila en la OMR, y la espléndida muestra organizada entre la mexicana Arroniz y la alemana Michael Sturm. Integrada con elegantes y pequeños collages de Brigitte Stahl, dibujos abstractos de Thomas Müller y una espléndida pintura geómetrica y matérica de atrevidos tonos de Herbert Egl, la muestra en Arroniz –con precios entre mil 500 y 25 mil dólares aproximadamente– insinúa el decaimiento de la cultura ferial.
En lo que respecta a los precios, esta edición de Zona Maco sorprende por la absurda sobrevaloración de numerosas piezas. Entre ellas las enormes hojas de papel blanco encimadas en la pared de Klara Liden, que por 50 mil dólares pueden comprarse en la berlinesa Neu.








