El ejemplo de Gerardo Unzueta

Conocí a Gerardo Unzueta cuando fue diputado durante la LI Legislatura (1979-1982), pues a él, junto con Arnoldo Martínez Verdugo, les tocó lidiar con las feministas que queríamos que el Partido Comunista Mexicano (PCM) presentara nuestro proyecto de ley sobre aborto. A diferencia de otros comunistas, que se reían de nosotras o que nos acusaban de pequeñoburguesas que socavaban la unidad en la lucha, Unzueta y Martínez Verdugo nos trataron con respeto, nos escucharon y trataron de sacar adelante la ley sobre “maternidad voluntaria”, que no prosperó por la negativa de las demás fuerzas políticas.

Gerardo y Arnoldo eran una mancuerna política impresionante, y aunque Arnoldo era más una figura pública, al interior de la izquierda Unzueta era igual de admirado, respetado y querido. El pasado jueves 30 de enero, en la Casa de la Cultura de Tlalpan, se llevó a cabo un homenaje a su impecable trayectoria dentro del ciclo “Los caminos de la izquierda en México”, con el que la delegación Tlalpan intenta recuperar la riqueza de esa lucha en nuestro país. Con intervenciones de Fernanda Campa, Paco Ignacio Taibo, Humberto Musacchio (en voz de Gilberto Meza) y la propia delegada Maricela Contreras, y con Rosa Albina Garavito como moderadora, los asistentes tuvimos oportunidad de manifestar nuestro reconocimiento más que merecido a este luchador social.

Cargando con dignidad sus 89 años, y con la cabeza lúcida y el buen talante de siempre, Unzueta, uno de los grandes personajes de la izquierda mexicana, habló brevemente: primero agradeció la labor tenaz del equipo de militantes que construyó el PCM y destacó la figura de Martínez Verdugo. Luego, más que hacer una “retahíla” de  los distintos hitos de su trayectoria, habló del período en que fue preso político, de la célula “Guadalupe Victoria”, compuesta por los 27 detenidos del  movimiento estudiantil del 68, y de la lucha por conseguir la amnistía de los presos políticos, incluso los que no eran del 68. El papel crucial que Unzueta jugó como maestro de  los presos y la manera en que contribuyó a la formación política desde la cárcel, incorporándolos a la discusión teórico-política del PCM, fue subrayada luego por los comentaristas.

Unzueta no quería un homenaje a su persona, así que le solicitó a Fernanda Campa que, en vez de hablar de él, hablara sobre lo que implica la reforma energética. Campa le obedeció amplia y rigurosamente, pero no sin antes relatarnos que el padre de Gerardo fue un activo sindicalista, secretario en el comité de huelga de la Huasteca Petroleum Company. La huelga fue aplastada y la familia tuvo que enfrentar las agresiones de las guardias blancas de la empresa, lo que marcaría al niño que después seguiría los pasos de su padre en la defensa de los trabajadores.

Musacchio recordó el rompimiento de Gerardo con el estalinismo, su apertura teórico-política y transmitió la imagen de un hombre valiente, disciplinado, capaz de discutir sin dogmas, escritor y periodista persistente e incorruptible. Por su parte, Paco Ignacio nos recordó que no es fácil envejecer dignamente en un país lleno de indignos y canallas, y se congratuló de que existan “viejos rojos” como Unzueta, “que actúa como habla y habla como actúa”. Rosa Albina, también obedeciendo instrucciones de Unzueta, hizo más que una moderación tradicional y comentó cuestiones políticas significativas.

Fue un acto emotivo y combativo, donde se recordaron muchas acciones de Unzueta, como sus notables encuentros  con líderes de la izquierda en el mundo, entre ellos Chou En Lai. Además, la Casa de la Cultura de Tlalpan regaló una joya: un CD con las entrevistas grabadas que en 1959 Unzueta hiciera al Che y a Camilo Cienfuegos. Esos y otros valiosos testimonios se encuentran en alguno de los nueve libros que Gerardo ha publicado.

El momento más conmovedor fue cuando a Unzueta se le llenaron los ojos de lágrimas y se le quebró la voz al hablar de su mujer, Francisca Reyes. Agradeció a su esposa de toda la vida (que no pudo asistir por motivos de salud) la “abnegación” y la valentía con la que lo ha acompañado, y confesó que él no comprendió las penas que ella y otras esposas de los presos políticos pasaron hasta mucho después, cuando Panchita le habló de la angustia que tenía cada vez que iban a la cárcel, pues temía que le entregaran un bulto de ropa y la noticia de que su marido estaba muerto. Todos nos volcamos en un largo y sentido  aplauso para su fiel compañera.

No es fácil llegar al final de la vida sin estar amargado, con lucidez y una cierta confianza en que todavía es posible girar a nuestro país hacia la izquierda. Paolo Flores D’Arcais define a la izquierda como un compendio de actitudes que pueden resumirse en “indignación hacia lo existente”. Izquierda es, en el sentido primero y más profundo, esa emoción de indignación y “el subsiguiente rechazo a considerar la injusticia social como una fatalidad inextirpable.” Gerardo Unzueta representa la esperanza de que, pese al dolor de la derrota actual, es posible seguir convencido de la fuerza y legitimidad que tiene una izquierda como la suya: persistente, abierta e inteligente. Gracias, camarada Unzueta, por tu ejemplo. Y gracias a la delegación Tlalpan por organizar “Los caminos de la izquierda en México”.