Falso dilema de la izquierda

Las fuerzas que conforman la izquierda mexicana saben que solamente la unidad les permitirá lograr la consulta popular en el 2015 e intentar, por esa vía, echar abajo la reforma energética aprobada en diciembre pasado por el Constituyente Permanente; pero los líderes de los diversos partidos políticos –principalmente del PRD y del naciente Movimiento de Regeneración Nacional (Morena)– también entienden que tienen que posicionar liderazgos fuertes y diferenciarse de sus competidores más cercanos para obtener buenas participaciones electorales en las elecciones de 2015.

Andrés Manuel López Obrador anunció formalmente la integración de su propio partido el 9 de septiembre del 2012, tras los comicios presidenciales. Su decisión, desde luego, representa un gran desafío para la conformación de la nueva fuerza política, pero también para los tres partidos que conformaron ese año el Movimiento Progresista (Partido del Trabajo, Movimiento Ciudadano y PRD), pues saben que buena parte de los militantes, simpatizantes y votantes del nuevo instituto saldrán de sus filas.

Por otra parte, los dirigentes del PRD –particularmente los de Nueva Izquierda– saben que entre la sangría que les provoque la creación de Morena y los costos electorales que les represente su participación en el Pacto por México, en 2015 su votación se puede reducir a la mitad o menos de la mitad de la que obtuvo en 2012 y rondar apenas una décima parte de las preferencias del electorado mexicano.

Esto aun en el caso de que no existiese una ruptura mayor a nivel de las llamadas tribus, especialmente con motivo de las elecciones de la nueva dirigencia del PRD en marzo próximo. Precisamente por ello su empeño en lograr que Cuauhtémoc Cárdenas regrese, por aclamación, a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional. Si bien el retorno de Cárdenas a dicha posición evitaría una escisión masiva de perredistas, también impactaría seriamente las posibilidades de lograr la unidad de la izquierda y, en especial, revertir la reforma energética.

Aunque hasta hoy muy poco han contribuido para ello los dos pronunciamientos que realizaron conjuntamente (el 19 de septiembre y el 26 de octubre del año pasado) Cárdenas y AMLO (junto con otras personalidades de la izquierda), lo cierto es que dicha opción se cancelaría en el momento en que cualquiera de ambos asumieran el liderazgo formal de las organizaciones políticas en las que militan.

Cuauhtémoc Cárdenas tiene su propia disyuntiva: salvar al PRD (o, al menos, evitar una mayor caída en las preferencias del electorado mexicano) o eventualmente revertir la reforma energética. Aparentemente él está consciente de ello, y el 10 diciembre, en una entrevista que le hizo Adela Micha para el Grupo Imagen Informativa, al ser cuestionado sobre la posibilidad de que dirigiera nuevamente al PRD, respondió enfático: “…hoy es mucho más importante dar la lucha por el petróleo”.

Hasta hoy Morena (con la participación de militantes del PT y el MC) y el PRD no logran unir esfuerzos en defensa del petróleo, pues antes del primer comunicado el partido del sol azteca había realizado una primera manifestación (el 17 de septiembre), y el domingo 22 Morena hizo lo propio; pero ni siquiera el segundo comunicado y el inicio de la discusión en el pleno del Senado de la reforma energética los hicieron modificar sus posiciones, ya que el 10 de diciembre (tras el infarto de AMLO) iniciaron y mantuvieron protestas separadas.

Y, hasta hoy, no hay visos de que la situación cambie: cada fuerza política mantiene su ruta, no obstante los llamados de los fundadores del PRD (Cuauhtémoc, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez) a AMLO; el acuerdo de los senadores perredistas de integrar una comisión especial para dialogar con AMLO y la dirigencia de Morena, y la advertencia del politólogo italiano Gianfranco Pasquino, en la plenaria de los legisladores perredistas, en el sentido de que: “…sólo una izquierda unificada puede confrontar con éxito las malas decisiones del gobierno en turno”.

Pero si hoy son AMLO y los dirigentes de Morena quienes desoyen los llamados, antes fueron los mismos senadores que ahora convocan a la unidad los que prestaron oídos sordos a la solicitud que el 19 de septiembre del año pasado hicieron Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador, Raúl Vera López, Pablo González Casanova, Miguel Concha Malo, Miguel Álvarez Gándara y Mario Saucedo Pérez, para “oponerse a la iniciativa de reforma hacendaria, que distribuye la carga fiscal de una manera particularmente inequitativa y recesiva, profundizando la crisis al afectar a las pequeñas y medianas empresas, a las clases medias, y sobre todo a los trabajadores y a los más pobres de México”, de modo que votaron favorablemente dicha reforma, porque –según ellos– recogía algunas de sus luchas históricas (particularmente, pensión universal a adultos mayores y seguro de desempleo). Era justamente el momento en que el gobierno y el PRI decidieron aliarse con el PRD a fin de sacar adelante la iniciativa, para después romper dicha alianza, regresar al acuerdo con el PAN y aprobar la reforma energética.

La izquierda ignora (o, al menos, parece ignorar) que aunque ciertamente se disputarán el voto de los simpatizantes, las mermas pueden ser menores si logran que la reforma energética se someta a consulta popular, pues casi en automático eso garantizaría la afluencia de un mayor número de ciudadanos interesados en revertir la decisión del Constituyente Permanente y que, por ende, estuvieran más propensos a votar por los partidos que la rechazaron: los de izquierda. Por eso en estos momentos interesa a todas las fuerzas de dicha tendencia dar el primer paso: incluir en la jornada electoral de 2015 la consulta popular. Y para ello es fundamental la unidad de la izquierda.

Una vez que consigan que haya una boleta con la pregunta que abra la posibilidad a la reversión de la reforma, todos pueden hacer la campaña para ello; pero también dedicar una buena parte de sus esfuerzos a diferenciarse unos de otros. Sin embargo, en la actualidad deben unirse para conseguir el primer objetivo, que hará crecer el número de votantes y, por lo tanto, reducir el dilema entre unidad y registro, pues el incremento permitirá a todas las fuerzas de izquierda (obviamente si tienen una buena propuesta y hacen una buena campaña) alcanzar una mejor votación a costa de los partidos que aprobaron la reforma en los Congresos. La diferenciación más importante es con la derecha, lo cual además puede ayudarles a revertir la reforma energética.