En Jalisco, operativo exitoso… sin participación estatal

Anteriores intentos de atrapar a los máximos líderes del Cártel de Jalisco Nueva Generación –en marzo y agosto de 2012– habían terminado en sonoros fracasos, con narcobloqueos carreteros y algunas decenas de muertos. El que tuvo lugar el jueves 30 de enero para aprehender a Rubén Oseguera González, segundo al mando de la organización criminal, fue exitoso, pero quedó claro que las autoridades federales desconfían de la administración jalisciense, a la cual no alertaron del operativo castrense.

 

GUADALAJARA, JAL.- La captura en Zapopan, el jueves 30 de enero, de Rubén Oseguera González, El Menchito o El Junior –hijo del líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho– evidenció una vez más la desconfianza de las autoridades federales hacia sus contrapartes jaliscienses; éstas no fueron informadas del operativo conjunto desplegado por la Marina y el Ejército para aprehender al narcotraficante.

El Junior, de 23 años, fue detenido junto con otros cuatro integrantes del CJNG: Gilberto Alcaraz Montes, Ramiro Casas Álvarez, Lorenzo Martín García Reyes y Sergio Saúl Silva Rodríguez.

Tras estas detenciones, tres vehículos fueron quemados en diferentes rumbos de la zona metropolitana de Guadalajara.

Sin embargo fueron más graves las reacciones del 9 de marzo y del 25 de agosto de 2012, las dos veces en las que El Mencho estuvo a punto de ser capturado por militares; en ambas, el capo recibió avisos que le permitieron escapar, aunque sí fueron aprehendidos sus lugartenientes Érick Valencia Salazar, El 85, y Otoniel Mendoza, Tony Montana: en esas ocasiones hubo bloqueos carreteros, quema de vehículos y enfrentamientos con saldo de 10 muertos (Proceso 1845 y 1870).

Luego vinieron las acusaciones: Los Caballeros Templarios difundieron comunicados en internet donde indicaban que Oseguera Cervantes y el CJNG contaban con la protección de las autoridades jaliscienses encabezadas ese año por el gobernador panista Emilio González Márquez, cuyo procurador era Tomás Coronado Olmos, y su secretario de Seguridad Pública, Luis Carlos Nájera Gutiérrez de Velasco, actual fiscal general del estado.

Ese 25 de agosto otra autoridad quedó cuestionada: la Policía Municipal de Guadalajara, encabezada por Servando Sepúlveda. El sistema de videovigilancia instalado en diferentes partes de la zona metropolitana falló y no pudo aportar datos para ubicar a los responsables de los narcobloqueos (Proceso Jalisco 408). Sepúlveda llegó a dirigir esa corporación por invitación del entonces alcalde tapatío y hoy gobernador jalisciense, Jorge Aristóteles Sandoval.

En aquella ocasión los narcobloqueos tenían la finalidad de crear una distracción para permitirle al Mencho salir de la ciudad: testimonios recogidos por los medios locales revelaron que ese día, en el momento en el cual algunos delincuentes incendiaban un tráiler en la carretera Guadalajara-Tequila, un chofer escuchó que uno de los delincuentes dijo que la acción era para permitir el paso libre de “un jefe”.

Antes de ese operativo de agosto de 2012 hubo un enfrentamiento entre policías federales e integrantes del CJNG en el municipio de Tonaya, donde fallecieron cinco sicarios y cuatro policías quedaron heridos. A partir de entonces las autoridades federales empezaron a desconfiar del gobierno estatal.

Y este 30 de enero, al ocurrir la captura de Oseguera González, el fiscal general aseguró en conferencia de prensa que no había ninguna averiguación previa abierta contra los detenidos.

 

“Efecto cucaracha”

 

El pasado 25 de enero la Fiscalía General de Jalisco informó de la captura de tres presuntos integrantes de Los Caballeros Templarios, a quienes se les aseguraron drogas (cocaína, cristal y mariguana) además de armas tácticas, algunas de ellas capaces de derribar aeronaves. Los detenidos dijeron que el grupo criminal michoacano pretendía ampliar sus operaciones en Jalisco y declararon que las drogas decomisadas tenían como destino las ciudades estadunidenses de Chicago y Houston.

El fiscal Luis Carlos Nájera Gutiérrez añadió que –según declaraciones de los detenidos– esa célula criminal ya tenía algunos meses operando en Guadalajara, desde donde pasaban su mercancía a Piedras Negras, Coahuila, y de ahí a Estados Unidos.

Entre las armas que les aseguraron había fusiles AR-15 y AK-47, lanzacohetes y dos proyectiles RPG, que se utilizan con fines militares para el derribo de aviones o para el ataque a unidades blindadas.

Los detenidos fueron identificados como Eladio Govea Pérez, Adrián Agustín Ortega Navarro y Efraín Vázquez Duarte; dos de ellos dijeron que radicaban en el rancho La Romera de Tepalcatepec, Michoacán. Otro sólo dijo ser oriundo de Coahuila.

La acción se concretó gracias al intercambio de información entre autoridades locales y federales, mencionó Nájera, quien agregó que la captura de esos tres templarios se inscribe dentro de la estrategia de reforzamiento de la seguridad en los límites de Jalisco con Michoacán.

Las autoridades jaliscienses reconocen que se ha reforzado esa frontera a fin de evitar el “efecto cucaracha”, es decir la huida de los templarios, hostigados en Michoacán por las autodefensas.

Y los gobernadores de Jalisco, Aristóteles Sandoval, y de Colima, Mario Anguiano, han dicho que ambas entidades elaboran una base de datos para identificar a las personas que ingresan a sus territorios y evitar la llegada de delincuentes.

El pasado 21 de enero Sandoval reconoció que existe preocupación por el desplazamiento de michoacanos hacia Jalisco:

“Como pueden ver, hay pobladores que están viniendo a Jalisco; debemos detectar sobre todo que sean familias de bien, ubicar quiénes son, a dónde llegan, en qué escuelas estarían, a qué se dedican, para tener esa información y (garantizar) que no es gente que se dedica al crimen organizado”, apuntó Sandoval.

La iniciativa es parte de una propuesta lanzada por la Secretaría de Gobernación en la cual recomienda a las entidades que colindan con Michoacán –Jalisco, Colima, Guerrero, Querétaro, Guanajuato y el Estado de México– reforzar sus fronteras.

Por su parte el rector de la Universidad de Guadalajara, Tonatiuh Bravo Padilla, confirmó a este semanario que a raíz del desplazamiento de familias de estados como Michoacán que huyen de la violencia y llegan a Jalisco, “hay centros universitarios que observan una presión y aumento en la solicitud de la matrícula del orden de 15 a 30% de su capacidad”.

 

“El Menchito”

 

Oseguera González es citado como el número dos en la estructura del CJNG, una escisión del Cártel de La Familia Michoacana –la de los hermanos Valencia; la otra es la de Los Caballeros Templarios–. Ahora el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, lo liga con los grupos de autodefensa de Michoacán. Cabe recordar que El Mencho es originario de esta entidad.

Además de traficar con armas –cuando se le detuvo se le encontraron 13 de alto poder y se le confiscaron 10 millones de pesos y 500 mil dólares en efectivo, así como cuatro vehículos, uno de ellos blindado–, El Junior se dedicaba, según el secretario del Sistema Nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido García, a distribuir droga proveniente de Sudamérica, a comercializar combustible robado de los ductos de Pemex y a ordenar las ejecuciones de los rivales del CJNG.

Las autoridades federales informaron que durante la captura del Menchito no se disparó ni una bala y que el sujeto fue sometido cuando trato de huir por las azoteas de las viviendas contiguas a la suya.

Según la versión oficial, cuando Oseguera González advirtió la presencia de los militares afuera de su casa, en la colonia Patria Universidad de Zapopan, trató de huir por una ventana. Sin embargo fue descubierto en su intento de fuga y conminado a entregarse. Cuando se vio rodeado, El Menchito gritó: “¡Me rindo!”.

El operativo se inició hacia las 5:00 horas, participaron más de 200 efectivos de las secretarías de la Defensa y de la Marina y, según la versión oficial, ninguna persona salió herida y no se disparó ni un arma.

Sin embargo algunos vecinos se quejaron del error cometido por los solados, quienes entraron primero a una casa que no era la del capo.

Los vecinos aseguran que durante mucho tiempo El Menchito pasó inadvertido en la zona. “Era una persona común y corriente que no hacía amistad con nadie”, expresó uno de ellos.

Por Nemesio Oseguera, padre del Menchito, las autoridades federales han ofrecido una recompensa de 19 millones de pesos.

Nemesio Oseguera se considera sucesor de Nacho Coronel Villarreal, operador en Jalisco del Cártel de Sinaloa y quien fue abatido por militares el 29 de julio de 2010 en Colinas de San Javier, un exclusivo fraccionamiento en los límites entre Zapopan y Guadalajara.

A la muerte de Coronel algunos de sus allegados y familiares impulsaron la formación del Cártel de los Coroneles o de La Corona, grupo que hasta la fecha ha mantenido un bajo perfil en algunas partes de Jalisco, especialmente en los alrededores de la zona metropolitana de Guadalajara.

Por su cercanía con el Cártel de Sinaloa y los resultados que dio al combatir a los enemigos del Chapo Guzmán, al Mencho se le vio como un operador eficaz en la guerra de ese grupo contra Los Zetas y Los Templarios.

El Mencho también es considerado uno de los principales traficantes de metanfetaminas procedentes de China y de otras drogas sintéticas en el occidente de México.

 

Otro operativo

 

En un comunicado la Procuraduría General de la República informó que al mismo tiempo que ocurría la captura de Oseguera, personal militar arrestaba también a Ramón Álvarez Ayala, El R-1, quien se presume tenía un lugar de importancia en la estructura del CJNG.

Mientras tanto, en Zapopan era detenido Rafael Álvarez Ayala, El R-2 o El Barbas, presunto jefe operativo del CJNG.

Tras la captura del Menchito el consulado de Estados Unidos en Guadalajara advirtió a sus ciudadanos sobre las condiciones de riesgo para transitar en la parte sur de la zona metropolitana.