Señor director:
A través de su prestigiado medio espero sea posible difundir la siguiente carta, destinada a la directora general del Instituto Politécnico Nacional, así como a la comunidad académica.
Doctora Yoloxóchitl Bustamante: Al menos desde 2011, en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura Unidad Tecamachalco del IPN se ha hecho costumbre dejar de pagar a la mayoría de los profesores de posgrado a partir de la segunda quincena del ciclo escolar.
Cuando uno pregunta, las autoridades dicen que los trámites tardan; así que para volver a cobrar pasan cinco o seis meses, y en ocasiones más. También hay casos de académicos trabajando 40 horas semanales a quienes sólo pagan 19, y la diferencia les llega al final del semestre. O doctores que para entrar a programas de excelencia deben renunciar a sus horas de base y quedarse sin salario por buen tiempo.
Ya cumplí un año desde que me fue suspendido el pago. En ese lapso se cometieron otras anormalidades: lo mismo sustituir un acta de examen de maestría que la discrecionalidad y prepotencia de la Secretaría de Investigación y Posgrado, la cual actúa abiertamente contra la ley (esto ha sido denunciado con copias de documentos probatorios).
Sin embargo, el SNTE no hizo nada; al jefe de Posgrado de la ESIA no le interesa el tema y protege a su antecesor, en cuya gestión aumentaron tales problemas, mientras que el director de la escuela, Humberto Chehaibar, pasó de pedir tiempo a prácticamente esconderse en su oficina. Derechos Politécnicos adujo falta de competencia para resolver, aunque uno de sus abogados reconoció la existencia de irregularidades. Tampoco se sabe de alguna investigación iniciada por el Órgano Interno de Control.
Como hasta hoy la única “oferta” para poder cobrar lo trabajado pasa por cargar la culpa de manejos burocrático-administrativos nada claros, que la presente al menos sirva de alerta para que doctores sin plaza académica tengan cuidado en aceptar ofertas del Posgrado de la ESIA Tecamachalco, pues corren el riesgo de que no les paguen.
Ojalá que este tipo de prácticas se limite a una escuela, y no formen parte de una política más amplia de precarización laboral que dañaría la imagen de una institución como el Politécnico Nacional.
Atentamente
Doctor Édgar Morín Martínez








