La editorial Siglo XXI, en coedición con el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), acaba de publicar La política exterior de México; metas y obstáculos, una obra coordinada por Guadalupe González G. y la suscrita. Este libro contiene una serie de artículos originales que ofrecen una visión de conjunto de los problemas más destacados de las relaciones exteriores del país y la política exterior al iniciarse el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Hay dos motivos centrales que han impulsado a las coordinadoras a integrar este volumen: de una parte, la convicción de que será difícil encontrar el camino para acelerar el crecimiento económico y cimentar la seguridad nacional sin tomar en cuenta los factores externos; de otra, el desconcierto ante el distanciamiento y la manera errática con que la élite política contempla lo que ocurre en el mundo, la forma en que ello nos afecta, y la política para posicionarse en las coordenadas de la vida internacional del segundo decenio del siglo XXI.
Es un motivo común afirmar que México es una nación vulnerable a lo que ocurre allende sus fronteras. Esto se debe a su posición geopolítica, la intensidad de las relaciones con Estados Unidos, el alto porcentaje que representa la actividad exportadora en el PIB, el hecho de que se trata de un país de migración e inmigración y la actividad del crimen trasnacional en el territorio nacional, entre otras circunstancias.
También es evidente que la política exterior ocupa un sitio marginal en las políticas públicas. Un rápido ejemplo permite ilustrarlo: El Pacto por México, un acuerdo entre las principales fuerzas representadas en el Congreso que dio el tono al primer año del gobierno de Enrique Peña Nieto, enlistó cerca de 100 acciones a realizarse en el año 2013. Entre ellas, sólo una correspondía a la política exterior: el establecimiento de los Institutos México, lo que por cierto no ha ocurrido.
Las circunstancias anteriores nos han invitado a tratar de romper esa inercia y a promover la información y discusión de la complejidad e importancia de la política exterior. En el caso del libro que nos ocupa, la tarea se cumple a través de la compilación de 22 artículos escritos por connotados conocedores de las relaciones exteriores de México. Tales escritos se organizaron en torno a cinco grandes temas: la imagen de México; la relación con Estados Unidos; la diversificación hacia Europa, Asia y África; la relación con América Latina, y los desafíos globales de la política exterior.
Los artículos difieren en sus marcos analíticos y en el mayor o menor optimismo con que se contempla el futuro. Ahora bien, todos comparten tres objetivos: informar sobre los problemas más importantes de las relaciones exteriores, proponer las metas que se deben perseguir para solucionarlos, y discutir y analizar –de manera explícita o implícita– los obstáculos presentes que dificultan llegar a ellas.
Lo último explica el título y también da su carácter específico al libro. Dos puntos vale la pena subrayar. El primero, que esa voluntad de identificar los obstáculos ha permitido escapar al peligro de ser condescendientes con la política exterior; un peligro frecuente cuando ésta se analiza a partir de la agenda de viajes del presidente o el canciller. Parece entonces que se postularon metas de largo alcance cuando, frecuentemente, todo o casi todo termina en el momento en que llegan de regreso.
El segundo resultado de reflexionar sobre los obstáculos es atisbar, aunque sea de manera limitada, algunos de los problemas más difíciles de nuestra política pública en general, como son la oxidación de las instituciones gubernamentales, la falta de coordinación entre ellas, el descuido o desaparición de agencias clave para la conducción de las relaciones exteriores y, sobre todo, la ausencia de un proyecto claro sobre el papel que México desea desempeñar en el mundo.
La debilidad de las instituciones se pone en evidencia al acercarnos a temas como el manejo de las fronteras. Así, en el artículo de Luis Herrera Lasso, titulado Fronteras seguras y eficientes; una asignatura pendiente, se advierte el grado en que México carece de los elementos necesarios –o sólo los tiene de manera muy precaria– para garantizar dichas fronteras, como son sistemas de información, esquemas de coordinación nacional, profesionalización de cuadros encargados de cuestiones fronterizas, y cooperación internacional avanzada.
A su vez, el descuido o desaparición de agencias clave para conducir las relaciones con el exterior se ilustra bien en el artículo de Marco Alcázar sobre Centroamérica. Se analiza allí el costo de haber abandonado la Comisión para la Cooperación con Centroamérica que estaba encabezada por la Secretaría de Relaciones Exteriores, para sustituirla por esquemas poco eficientes, como fue el Plan Puebla-Panamá. El cambio resultó en un retroceso de los logros que se habían obtenido en las relaciones con los países del Istmo en materia de cooperación.
Un problema reciente surge por la manera errática con que se avanza hacia una etapa nueva en materia de energía sin que se hayan abordado problemas que deberían estar al centro de la atención de la política exterior. Como se deduce del artículo de Juan Eibenschutz y Rolando Almada, dentro de los mismos se encuentra definir si se opta por la mayor integración energética con América del Norte o por la diversificación en materia de hidrocarburos. Lo último supone identificar nuevos clientes para exportaciones de petróleo y diversos proveedores de capital y tecnología para desarrollos en aguas profundas y shale gas.
El libro La política exterior de México, metas y obstáculos, proporciona elementos para adentrarse en el análisis de los problemas anteriores. Es sólo un primer paso, pero lo suficiente para considerar que las esperanzas puestas en su publicación son justificadas.








