La muerte de “El Soldado”

AGUILILLA, MICH.- Horas después del enfrentamiento entre grupos de autodefensa ciudadana y presuntos integrantes de Los Caballeros Templarios, en el piso de tierra permanecen decenas de casquillos de AR-15 y AK-47. El paraje se llama La Sidra, en el camino hacia la mina Rancho El Covero.

Un autodefensa cercano a los 60 años, quien viajaba en la camioneta roja donde murió Alejandro López Pinto, El Soldado, recuerda que como a las tres de la tarde del jueves 23 cayeron en una emboscada: “Era una lluvia de balas. Veníamos de tomar La Chapula y nos metimos a sacar un trascabo para hacer un camino. Ahí fue cuando nos sorprendieron”.

Se le atoran las palabras: “Uno de los templarios que nos dispararon era sobrino”.

La Sidra es una hondonada de varias hectáreas, rodeada por una pared de roca de 20 metros de alto por el frente y por cerros a los lados. Desde éstos les tiraban los templarios. Un lugar perfecto para la celada.

A la entrada de la barranca quedaron varadas cuatro camionetas con la carrocería cacariza por los disparos. Una Suburban quedó destrozada por cerca de 100 tiros, otra tenía las ventanas rotas y los vidrios regados adentro. En la roja se veían las manchas de sangre en la parte trasera, donde el grupo llevaba ropa y alimentos.

“Aquí murió Alejandro. Estaba tan mal que él mismo se disparó para no sufrir más”, confía uno de sus compañeros, que llegó con otros al terreno para llevarse las camionetas marcadas con letras rojas, negras y blancas y el logo: Policía Comunitaria Aguililla Seguridad.

López Pinto tenía 30 años, esposa embarazada y dos hijos. No hace mucho dejó de ser templario y se pasó con las autodefensas. Era conocido como El Soldado porque estuvo en el Ejército.

El primer campesino entrevistado no quiere dar su nombre. Le gana un poco el llanto. Está parado sobre un montón de tierra donde se apilan casquillos 2.23 y 7.25. Pero se recupera y prosigue:

“Ya son tres los compañeros que nos matan desde que empezó este gobierno. Estos casquillos son de nuestras armas. Cuando nos empezaron a disparar, los que estaban aquí arriba se tiraron pecho tierra y desde aquí les contestaron, pero la verdad tiraban adonde fuera, porque no sabíamos dónde estaban. Nos agarraron de sorpresa y sin poder defendernos.”

Dice que ese jueves tenían planeado tomar Aguililla, donde entran y salen decenas de camiones con toneladas de minerales de oro y hierro que las empresas chinas extraen en acuerdo con Los Caballeros Templarios y después exportan a través del puerto de Lázaro Cárdenas.

En un reportaje que publicó el viernes 3, la agencia Reuters señaló que el cártel michoacano en efecto incursiona en el negocio minero al intervenir desde hace años en los procesos de extracción, transporte y venta del mineral.

Los testimonios de funcionarios, mineros y empresarios recogidos por Reuters revelan que el grupo criminal controla el movimiento de minerales exigiendo a las cooperativas locales de transporte que le paguen “protección”; asimismo ayuda a los extractores locales a apropiarse de áreas mineras que no han sido reclamadas por otros o que estaban fuera del control de los propietarios de concesiones, tras lo cual exige su cuota, y finalmente presiona a funcionarios de aduanas para asegurar que el mineral pase por el puerto de Lázaro Cárdenas sin problemas.

“Casi la mitad de la actividad minera en la zona fue realizada sin los permisos adecuados en 2013”, dice un funcionario, cuyo nombre no cita la agencia británica.

Ahora mismo, por un costado de la carretera, no dejan de pasar los camiones vacíos que van hacia las minas ni los que van de regreso, llenos de material. Sus choferes miran con cierto desdén a los autodefensas que tratan de recuperar los vehículos acribillados.

“¿Qué mineral llevan ahí?”, pregunta el reportero al autodefensa. Y él contesta: “Hierro y oro, eso es lo que se están llevando de nuestras tierras”.

 

De Aguililla a Davos

 

La emboscada en Aguililla ocurrió el día que Enrique Peña Nieto declaró en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, que México avanza en seguridad, aunque reconoció: “No podemos ser ajenos a una imagen que lamentablemente México ha proyectado o proyectó en el pasado, y que a veces llega a empañar otros logros y otras fuerzas que tiene nuestro país, y beneficios que se están logrando para nuestro país”.

Sin embargo insistió en que su política de seguridad está dando resultados, ya que las cifras al final de 2013 señalan que el índice de homicidios bajó 16% y los relacionados con el crimen organizado, 30%.

El viejo combatiente civil de Aguililla recuerda que los habitantes de este municipio de Tierra Caliente ya estaban hartos de las extorsiones, amenazas y presiones de Los Templarios. Cuando supieron que sus vecinos de Buenavista, Tepalcatepec y Coalcomán organizaron grupos de autodefensa ciudadana, decidieron hacer lo mismo.

No fue fácil. Aguililla tiene una historia de narcotráfico desde hace décadas. Aquí los hermanos Armando y Luis Valencia Cornelio construyeron un emporio de la droga y prosperaron Salvador Revueltas Barragán, El Borono –muerto en una balacera– y Salvador Revueltas Ureña, Chava Lentes o El Innombrable, quienes estuvieron involucrados con Zhenli Ye Gon.

Fue en este municipio donde en 1947 las autoridades decomisaron 14 toneladas de mariguana. La catedral ostenta un reloj de oro de 24 kilates, “limosna” de un capo del narco. Hasta las bancas están decoradas con ese metal y es tradición que en esta parte de la Sierra Madre Occidental se cultive mariguana y amapola, si bien su producción disminuyó mucho con el auge de las drogas sintéticas.

Para llegar a la cabecera municipal desde Apatzingán hay que recorrer una carretera con barricadas de los autodefensas en varias poblaciones y pasar un retén de federales, que toman nota de la identidad de los periodistas. Los policías y los soldados no se diferencian ni en las armas ni en el equipo, sólo en el color del uniforme.

Hoy vigilan el pueblo la Policía Federal, los militares y el grupo de autodefensa. Sus habitantes ya no pagan cuotas a los templarios sino que cooperan para las provisiones de los civiles armados, que tienen sus barricadas a un lado de las fuerzas federales.

“Tenemos dinero suficiente para apoyar a los de Tepalcatepec y Buenavista”, afirma el campesino entrevistado. “Ya nos mataron a tres compañeros. Los primeros dos eran jovencitos, son los que menos miedo tienen de morir”, dice mientras que ve a dos adolescentes con rifles de asalto en ristre mientras los entrevistan para la televisión.

El velorio de El Soldado se realizó en Aguililla. Su esposa embarazada y sus dos hijos estaban en la casa, mientras que familiares y amigos permanecían afuera, a la sombra de una carpa. Cuando los hombres vieron llegar a los fotógrafos, se escondieron en la casa.

Acepta hablar un autodefensa de 17 años. Dice que para acabar con Los Templarios necesitan más apoyo federal o convertirlos a ellos en la nueva policía de Michoacán, “para trabajar limpio y darles en la madre a esos cabrones”.

Con su gorra de beisbol calada y un rifle de asalto, opina que el gobierno federal los está dejando solos en la guerra contra la organización criminal: “Nosotros estamos dando la batalla. No dejamos entrar a esta gente a que nos extorsione o a que viole a nuestras mujeres. Por eso nos disparan, a ustedes no les harán nada”, indica el joven autodefensa mientras señala a los reporteros.

“Por una parte (las autoridades) quieren desarmarnos, pero nosotros estamos haciendo su pinche trabajo. En 12 años no hicieron nada y nosotros en un año logramos correrlos de Aguililla, Tepalcatepec y de otros lados. Yo creo que el gobernador debe irse”.

Y a Peña Nieto le manda un mensaje: “Está bien eso que dice, que nos hagamos policías para trabajar limpio, pero que no diga el gobierno que nos va a desarmar. En lugar de eso que desarmen a Los Templarios, ellos también traen armas y no creo que trabajen legalmente. ¿Por qué a ellos no los desarman y a nosotros sí? Quisiera que eso lo tomara en cuenta el presidente de México, porque está en la ciudad y no está queriendo ver lo que pasa aquí”.