El cuarto aniversario de La Trampa

Ubicado en una pequeña y vieja accesoría del Colegio de las Vizcaínas, en la peligrosa calle de Aldaco, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el taller de gráfica La Trampa inauguró el pasado sábado 11 de enero la cuarta edición de su Gran Salón Contemporáneo.

Creado en 2009 como un espacio dedicado a la investigación de lenguajes gráficos innovadores, La Trampa se ha convertido en un proyecto autosustentable que fusiona varias actividades: producción artística, gestión de exposiciones, promoción didáctica de la gráfica y colaboración con colectivos u otros proyectos de autogestión. Operada desde sus inicios por el dibujante y grabador Ernesto Alva (México, 1982), La Trampa se caracteriza no sólo por las atractivas propuestas formales y conceptuales de los grabados que edita sino, también, por la notoria discreción de su existencia.

A diferencia de los Salones anteriores que han permitido confrontar  discursos gráficos y dibujísticos tanto experimentales como emergentes, el que se presenta actualmente se basa en la fusión y destrucción de autorías personales. Curada por el diseñador Jesús Cruz Caba con base en la intención de confrontar la modernidad, el romanticismo y la contemporaneidad, la muestra no manifiesta la identidad de La Trampa.

Construida a partir de bocetos y deshechos creativos de artistas que han estado vinculados con el taller –entre ellos el Colectivo Neter–, la exposición está realizada por ensamblados y pequeñas instalaciones con fragmentos de los deshechos basados en poéticas neo-constructivistas. Una estética carente de innovación que fue promovida hace unos años por el mercado –principalmente por la Galería Arroniz– e institucionalizada posteriormente con participaciones en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.

Sin embargo, aún cuando el contenido visual carece de interés, la metáfora que espontáneamente establece con el sistema artístico es interesante. Excolaborador del Museo de Arte Carrillo Gil del Instituto Nacional de Bellas Artes y con experiencia en distintas dependencias relacionadas con el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la Universidad Nacional Autónoma de México –actualmente se desempeña en el Museo Experimental El Eco–, Jesús Cruz desactiva el protagonismo autoral diluyendo cada propuesta en un conjunto institucionalizado. Con su curaduría, el ímpetu creativo de la gestión independiente se neutraliza en una presencia colectiva, en donde los artistas se reducen a un enunciado en el texto curatorial y las obras a un pretexto para celebrar sin arte: igual que en tantas exposiciones museísticas de prácticas contemporáneas.

Editor de propuestas gráficas de creadores tan interesantes como Moris, Pablo Rasgado y él mismo, Ernesto Alva le debe al público un Gran Salón Contemporáneo en el que los lenguajes gráficos se impongan ante la volatilidad del postconceptualismo oficial.