La historia de La Grana

La polémica por el año de la fundación de Autlán causó controversia entre cronistas e historiadores locales. El autor de este texto sostiene que las fechas no necesariamente rescatan con justicia los hechos históricos y nadie tiene la verdad absoluta y prefiere hablar del contexto en que se desarrollaron los pueblos del antiguo Valle de La Grana. Después de todo tenemos un pasado génico prehispánico  ancestral, y apunta: “acercarnos a esta urdimbre del mestizaje cultural nos permite entender más nuestro comportamiento en el presente y las expectativas de esta sociedad para el futuro”.

 

Aun cuando es complejo situar la fecha precisa de la fundación de una sociedad, es pertinente identificar la microhistoria regional en el contexto histórico global; resulta particularmente relevante para las nuevas generaciones, de forma tal que conozcan todas las vertientes y no se omita nuestro pasado génico.

Uno de los retos a los que nos enfrentamos es la falta de información documental, lo cual presenta dos limitantes: 1) La historia la escribieron los vencedores, quienes tenían el poder y la pluma. En consecuencia, sólo conocemos una versión, con el consabido intento de borrar los vestigios prehispánicos para instalar una nueva cultura y definir las nuevas fechas en que ésta surgió; 2) La otra perspectiva, por su propia naturaleza cultural, es una mezcla de conceptos modificados de manera gradual por la tradición oral, haciendo frágiles los límites entre la realidad y el pensamiento místico de la época.

Para considerar ambas versiones, aplica la intención descrita por fray Bernardino de Sahagún en su Historia de las cosas de la Nueva España: “Aunque muchos han escrito en romance la conquista de la Nueva España, según la relación de los que la conquistaron, quísela yo describir en lengua mexicana… Los que fueron conquistados, supieron y dieron relación de muchas cosas que pasaron, las cuales ignoraron los que las conquistaron”. Otra versión de amplia riqueza intelectual que ratifica esta tesis, es la descrita por don Miguel León Portilla en su Visión de los vencidos.

Para el entorno de Autlán existen elementos documentales que sugieren una organización social bien estructurada y estrechamente ligada con el ecosistema desde el periodo posclásico en Mesoamérica (800-1521). De manera expresa en la región del occidente de México, en el litoral del Pacífico, la sociedad estaba bien definida y comandada por el tlatoani, quien gobernaba una extensión territorial bajo su señorío; ésta se sustentaba en su poder bélico, su control asociado al valor social de los guerreros y los sacerdotes.

Perteneciente a la confederación chimalhuacana, una organización política confederada de carácter patriarcal en la región del reino de Colimán integraba señoríos como Tzaolan (Sayula), Zapotlán, Amolán y Autlán.

En el caso de Autlán, se identificaba un señorío dedicado particularmente al cultivo de maíz, frijol y chile; contaba también con una tradición beligerante que por un tiempo le permitió desarrollarse sin conflictos y retrasar la incursión española, a diferencia de las provincias de Ávalos. De origen náhuatl y otomí, sus habitantes hablaban la lengua auzteca, vestían de algodón y maguey, cultivan y comercian en tiangues y estaban organizados en un sistema patriarcal liderado por un viejo y un joven, además de su señor capaya.

De inciertos orígenes

 

Unos de los pocos estudios arqueológicos de esta región fue realizado por la antropóloga estadunidense Isabel Kelly, publicado en 1949 por la Universidad de Berkeley. En él demarcaba algunas zonas de Sinaloa y otras del sur del Valle de Autlán, también llamado Valle de La Grana, además de Tuxcacuesco.

La investigación destaca el análisis de los vestigios de al menos tres zonas poblacionales originales en la confluencia de los arroyos o canales de riego y particularmente el centro sur del valle, lo que pudiese haber sido la zona de desarrollo original de la sociedad de Autlán (Aotli-tlan, “cerca del arroyo o la zanja”).

La configuración de Autlán se describe en los textos de los visitadores de entonces, quienes daban fe de las características de la población:

Autlán (1525) Visitador Francisco de Vargas: “… Dos señores… que tienen juntamente mil doscientas casas… estancia Tecomatlán a una legua, a dos leguas de mylpa (guerra)… entre arboledas de frutas, beben de pozos y es tierra de mucho maíz y axy”.

Un hecho relevante: en los mapas de 1554 de la provincia de Colima en 1554 se identifica en el Valle de Autlán que el núcleo poblacional del norte del valle coincide con el de un sitio llamado Nochistlán que, como veremos, era el nombre dado a los sitios de acopio de grana cochinilla (en otras entidades como Zacatecas y Oaxaca).

Sin embargo, este Nochistlán desapareció en los mapas posteriores, en la medida en que se desarrolló el núcleo poblacional en el centro del valle, con la influencia de la colonización española y la fundación del convento en lo que hoy es el templo del Divino Salvador.

Este Valle de La Grana colindaba con el de Milpa (hoy El Chante y El Grullo), así como con el de Espuchimilco (hoy Valle de Casimiro Castillo y La Huerta).

El Autlán de La Grana tiene su origen en la identidad con su ecosistema y la producción y acopio de la grana cochinilla que se mantuvo como parte de su magia cultural ante la llegada de los españoles.

Ese misterio fue derivado de la secrecía con la que los indígenas mantuvieron la información acerca del origen del colorante natural (el carmín) con el que teñían sus textiles y usaban en sus alimentos y en su propio cuerpo. Por ello se pensó que era originado en la tuna o que era un gusano, hasta que finalmente los biólogos identificaron y clasificaron al insecto de la grana cochinilla.

Los indígenas reconocían y cultivan la grana fina, pero también identificaban la grana silvestre llamada en náhuatl ixquimilihiuqui. Hoy en día existen por lo menos otras 10 variantes por las modificaciones genéticas, con diferentes connotaciones taxonómicas. Así, se denomina Dactylopius Coccus Costa al insecto homóptero del phyllum artropodha, superfamilia coccoidea, familia Dactylopiidae, género Dactylopius, especie Coccus Costa. Se le conoce como cochinilla del nopal y su nombre viene del latín coccinos, que significa escarlata.

En consecuencia, las fechas no necesariamente rescatan con justicia los hechos históricos y nadie tiene la verdad absoluta. Pero si compartimos la responsabilidad de señalar a las generaciones contemporáneas, que la historia de un pueblo no inicia cuando capituló, o cuando otros lo describen como objeto de estudio a su albedrío. En todo caso, es menester considerar que no somos huérfanos de historia, que tenemos un pasado génico prehispánico ancestral, y que el acercarnos a esta urdimbre del mestizaje cultural nos permita entender más nuestro comportamiento en el presente y las expectativas de esta sociedad para el futuro.

 

*Neurocirujano oriundo de Autlán