México va hacia un nuevo estallido social, sostiene Carlos Antonio Aguirre Rojas, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, quien acaba de obtener el Premio UNAM –“no obstante mi conocida posición marxista”–, al repasar los movimientos organizados de la población que no soporta más el sistema capitalista. En su revisión del papel del EZLN, señala que “la gente se va acercando cada vez más a la postura de los zapatistas al decir: ‘Lo que debemos hacer es destruir este Estado, eliminar a esta clase política e instaurar gobiernos que manden obedeciendo’.” La entrevista resume las tesis desarrolladas por el investigador en su nuevo libro.
Cuando las cámaras discutían la llamada ley antiprotesta para el Distrito Federal, el sociólogo y economista Carlos Antonio Aguirre Rojas lanzó su nuevo libro Antimanual del buen rebelde. Guía contrapolítica para subalternos anticapitalistas y antisistémicos en el cual invita a la insubordinación, al tiempo que hace un recuento y evaluación de los movimientos sociales de los últimos años.
¿Pero acaso se pueden enseñar la rebeldía, la insumisión e incluso la revolución? El estudioso del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, posdoctor en historia por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, responde a esta pregunta en una larga entrevista con Proceso en la cual advierte que México está caminando hacia un estallido social, comparable a la gesta de Independencia y la Revolución de 1910.
Así que ya podrá entrar en vigencia la Ley de Manifestaciones Públicas para el Distrito Federal –impulsada por el diputado panista Jorge Sotomayor Chávez e impugnada por más de 70 organizaciones nacionales y Amnistía Internacional– pero “mientras haya explotación, habrá insatisfacción; mientras haya despotismo político, la gente va a protestar”, dice el investigador, quien habla también de la influencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en el mundo.
Reconocido hace un par de meses con el Premio Universidad Nacional 2013 no obstante –dice– su conocida posición marxista, el también director de la revista Contrahistorias. La otra mirada de Clío juega con la palabra “antimanual” y parte de la pregunta de si se puede aprender la rebeldía para su nuevo texto, de 185 páginas:
“Claro que no se puede enseñar la rebeldía como tal –explica en su pequeño estudio de los condominios Altillo–, pero viviendo en este mundo capitalista todos tenemos profundas insatisfacciones, somos víctimas.
“El capitalismo está en una etapa en la cual es cada vez más destructivo, produce efectos negativos en general. En ese sentido, todos tenemos la experiencia de habernos rebelado de algún modo, de haber sentido insatisfacción, la inquietud de protestar o de rebelarnos.”
La rebeldía es un hecho permanente no sólo en la historia de México sino de la humanidad entera desde el surgimiento de las clases sociales, que existen cuando menos desde hace dos milenios, dice el historiador. El libro no se remite a tiempos tan remotos. Parte de un día clave para él: El de la toma de San Cristóbal de las Casas por el EZLN hace 20 años:
“Porque es claro que ese 1 de enero de 1994 nace en Chiapas ese nuevo ciclo de la protesta mundial que ha dado origen al conjunto de los movimientos sociales que hoy, a lo largo y ancho del planeta, intentan asumirse y definirse de una manera clara y evidente como verdaderos movimientos antisistémicos, es decir, como movimientos cuyos perfiles habrán de caracterizar a todos los movimientos sociales de protesta realmente radicales durante este siglo XXI…”
En su opinión, el EZLN ha sido un modelo lo mismo para las protestas de Egipto, Marruecos, Grecia, Portugal, Inglaterra o Francia, que en las de la llamada Ocupa Wall Street, los estudiantes chilenos o los indignados españoles. Todos, escribe en su libro, están luchando desde distintos espacios y emplazamientos por las mismas causas:
Trabajo digno, bien remunerado y correspondiente a la formación específica de los solicitantes; vivienda digna; derecho a la alimentación; a la salud; a una educación de calidad, gratuita, laica y bien informada, que forme ciudadanos activos, críticos y participativos; por una verdadera democracia y no el “remedo que es la democracia burguesa”; por las libertades de expresión, información, comunicación, asociación y del uso soberano de las calles y los espacios públicos:
“…el simple derecho a establecer e instalar a un movimiento de protesta en una determinada plaza… de permanecer en ella mientras las demandas no son satisfechas, y a apoderarse de la calle cada vez que hay una protesta legítima que plantear…”
Si se observan las demandas neozapatistas (tierra, trabajo, techo, salud, educación, alimentación, paz, independencia, libertad, justicia, democracia, información y cultura), se verá que son las mismas de las “grandes rebeliones populares de 2011 y todos los movimientos de protesta actuales en el mundo”.
Y aclara en la entrevista que es una tesis del sociólogo Immanuel Wallerstein con la cual está de acuerdo. Considera que los neozapatistas tuvieron conciencia desde el inicio de la dimensión universal de su lucha. Y Marcos lo dice cuando afirma que él es igual a “un gay en San Francisco” que “un africano perseguido cuando intenta entrar a Europa” o “una mujer en una reunión del Partido Comunista lleno de machistas”.
Marcos representa todas las formas de exclusión que produce el sistema capitalista. En ese sentido, destaca que los zapatistas lucharon a partir de la exclusión padecida por los indígenas mexicanos en su propio país, pues siendo los propietarios originarios de las tierras “que pisamos”, se les ha negado hasta el derecho a su lengua y a su cultura.
No obstante, a partir de esa exclusión lograron darle un sentido universal a su lucha y mostrar que no eran los únicos excluidos, sino que el sistema capitalista es excluyente en sí mismo. Por ello cuentan con una red de solidaridad internacional y con la llamada Zezta Internazional, con la cual han borrado ya las fronteras:
“En uno de sus comunicados, Marcos dice que el espacio de su acción abarca lo mismo la costa de Chiapas que la de Nueva Zelanda… Y la Zezta está abierta a todas las gentes en el mundo que compartan visión y quieran participar en un movimiento –insiste– anticapitalista, antisistémico, que quiera mirar las cosas desde abajo y a la izquierda y no desde arriba.”
La misma gata
Se refiere entonces a los gobiernos “de izquierda” de América del Sur. Recuerda primero el análisis de Carlos Marx a la Comuna de París. La lección más importante, dice, es “que los movimientos en contra del capitalismo no pueden simplemente apoderarse del Estado tal y como lo heredan de la sociedad burguesa y servirse de él como un instrumento para cumplir sus propios fines, que son anticapitalistas”.
Le parece una idea esencial pues considera que los gobiernos de Hugo Chávez, ahora de Nicolás Maduro, en Venezuela; Rafael Correa, en Ecuador; Evo Morales, en Bolivia; Luiz Inácio Lula da Silva, en Brasil; o Néstor y Cristina Kirchner, en Argentina, hicieron exactamente lo contrario de lo recomendado por Marx:
“Se apoderaron del viejo Estado burgués y sin hacerle grandes modificaciones tratan de llevar a cabo un supuesto cambio social y, evidentemente, fracasan… Frente al neoliberalismo destructivo y salvaje, desarrollan un neoliberalismo moderado, parchando con un gasto social mayor. Es preferible esto a lo primero –sin duda– pero no es por lo que están luchando los movimientos radicales anticapitalistas.”
Y tras afirmar que el pensamiento de Marx es más vigente que nunca, pues plantea la necesidad de construir una sociedad no capitalista, distingue también a la izquierda “política oficial que hace el juego de la sociedad moderna” de la izquierda social que es “antiestatal y antipolítica”.
En su opinión el Partido de la Revolución Democrática (PRD) e incluso el movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador, plantean que con cambiar a Enrique Peña Nieto por el dirigente de Morena o al PRI por alguna de estas dos agrupaciones, “ya todo sería fantástico y maravilloso”.
Rememora que en su gobierno en la Ciudad de México, López Obrador fundó una universidad, 16 preparatorias, dio becas a las madres solteras, regaló útiles escolares a los niños, dio pensiones a la gente de la tercera edad, y estuvo “muy bien”, pero sólo “atacó los efectos perversos del neoliberalismo”, no sus causas fundamentales.
Ahí encuentra la razón por la cual el subcomandante Marcos lanzó La Otra Campaña y no apoyó la candidatura del político tabasqueño a la presidencia en 2006, aunque consideraban que tenía todas las posibilidades de ganar. Y “en mi opinión sí ganó, pero hubo un fraude monumental”. El punto es, sigue, que López Obrador “no es anticapitalista” y los zapatistas tenían que marcar su distancia:
“Porque además él fue muy honesto en su momento. Cuando le preguntaban: ‘¿Usted quiere que México sea socialista?’ Él decía: ‘No, yo lo que quiero es que el capitalismo funcione bien…’ Quería un capitalismo sin tanta corrupción y que no entregue las riquezas del país a los extranjeros.”
Eso lo distingue del PAN y el PRI, dice, que se han aliado a favor de la burguesía transnacional para “regalar nuestro petróleo y no se dan cuenta que se están haciendo el harakiri”.
Detalla que el EZLN manifestó su repudio a todos los políticos, pero la prensa destacó las críticas a López Obrador, cuando las hizo también a los otros candidatos como Felipe Calderón y Roberto Madrazo, pues “al final lo que está en crisis es la clase política”.
“Ahí es donde digo que la gente se va acercando cada vez más a la postura de los zapatistas al decir: Lo que debemos hacer es destruir este Estado, eliminar a esta clase política e instaurar gobiernos que manden obedeciendo. Ésa es la única alternativa, la Zezta es la única opción viable.”
Enfatiza que ese movimiento plantea un cambio pacífico, pero la violencia viene siempre de las clases dominantes, particularmente cuando comienzan a ver que pierden sus privilegios y canonjías.
Con emoción enumera algunos de los movimientos anticapitalistas que se están dando en el mundo. Los ve como “un proceso de maduración planetaria” que va llegando por distintos caminos a las tesis planteadas por los zapatistas hace más de 15 años, por eso insiste en que son modelo.
Proletarios… uníos
Se le pregunta si no es demasiado optimista al vislumbrar un cambio, en tanto que algunos de los movimientos, en el caso de México por ejemplo, se dan de manera aislada y no suman esfuerzos para luchar contra el sistema capitalista de manera conjunta:
“Hay que tomar en cuenta la experiencia de las décadas y a la vez de los siglos pasados: La lucha contra un sistema que logró imponerse en todo el planeta no es sencilla, y los cambios sociales nunca son cosa de meses, ni siquiera de pocos años.”
Muchas cosas tuvieron que madurar antes de darse la revolución rusa o la mexicana, y siempre hay avances y retrocesos, altas y bajas. Surge un movimiento y otro se apaga, “algunos líderes son cooptados”. Recuerda el caso de Daniel Cohn-Bendit, activista de Mayo del 68 en París, quien terminó 25 o 30 años después “escribiendo un libro en el cual renegaba del 68, después de haber sido eurodiputado y haberse metido a un partido bastante reformista como el de los Verdes de Francia”.
En México hubo líderes de 1968 que terminaron trabajando en el programa Solidaridad de Carlos Salinas de Gortari, dice, “pero también hay gente que nunca se vendió y mantiene una actitud crítica”.
Insiste entonces en que los frentes de protesta se están multiplicando, y por diversas causas: Los comuneros de Cherán, en Michoacán; gente de La Parota, en Guerrero; zapatistas, estudiantes y obreros por todo el país:
“Este gobierno abona para un cambio social, porque con las medidas rígidas y autoritarias tomadas por este supuesto nuevo PRI, que es más bien un viejísimo PRI reciclando su vertiente más autoritaria, está produciendo más focos de protesta, más frentes de lucha y más descontento.”
Reitera su optimismo pues espera que los movimientos empiecen a dialogar entre sí, encuentren puntos comunes y actúen de manera unitaria. Y no duda que sucederá, afirma, puesto que la población se pauperiza cada vez más, pierde sus empleos, no hay oportunidades laborales para los jóvenes y la gente tendrá que decir “ya basta”:
“Creo honestamente que en México estamos caminando hacia un nuevo estallido social, una revolución equiparable a la de Independencia y a la de 1910. Y no soy el único: Los paralelos de hoy con 1810 y 1910 saltan a la vista. Hay crisis económica, fractura y descomposición galopante de la clase política, un problema social de grupos que cada vez más están marginados de la riqueza, incluso de la participación política.
“Hay también una crisis cultural, de valores, la gente no encuentra referentes sólidos y legitimados. ¿Qué produce esto? Produce rebeldía y que la gente salga a la calle, y produce también cambios sociales que son muy bienvenidos y necesarios.”
Se le hace ver que movimientos como el de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), mostraron que una parte de la sociedad es muy reaccionaria y señala a quienes protestan acusándolos de revoltosos.
Opina que son sectores magnificados por Televisa y TV Azteca, medios que realmente criminalizan los movimientos, incluso desde el 68, cuando lo cierto es que la mayoría de la población en todo el país padece la crisis económica y el deterioro de sus condiciones de vida.
–Su libro pareciera un llamado a la rebeldía cuando en el Distrito Federal se aprueba una ley en contra de ella.
–Debo aclarar a mis posibles lectores que yo no sabía que esto sucedería, espero que no volvamos a los años setenta.
Al respecto relata que en aquella década debía forrar sus libros de Lenin y Marx pues “si uno salía a la calle con ellos, la policía nos hostigaba, como lo hacen ahora con los jóvenes que tienen tatuajes o piercing, confiemos en no llegar a eso”.
Para él la criminalización de la protesta es una de varias medidas que se han tomado no sólo después del 1 de diciembre de 2012, cuando tomó posesión Peña Nieto, sino luego del 2 de octubre de 1968. El gobierno se da cuenta que el descontento social crece y “está tomando medidas que lo atizan”, al mismo tiempo que manda señales para advertir que mantendrá el orden a cualquier precio.
Así se vio, puntualiza, con los maestros: Se abrió una mesa de negociación y al mismo tiempo les echaron a la policía y al ejército para desalojarlos del Zócalo. Y no sólo eso, mantuvieron “secuestrado el Zócalo” por semanas, por lo cual pregunta:
“¿Desde cuándo las calles no son nuestras? Si las construimos nosotros, los que las mantenemos. Esto demuestra que el gobierno sólo está dispuesto a negociar un pequeño espacio mientras los movimientos acepten sus condiciones, lo cual es absurdo e inaceptable. Quienes se salgan de esos márgenes van a tener la represión y esa ley de criminalización va en ese sentido. Es una pena que este gobierno del D.F., que se supone quiere ser diferente y de izquierda esté haciendo eco de esto… En el fondo el límite de cualquier gobierno es precisamente que no se toquen sus privilegios.”
Agrega que no le parece descabellada la idea que se ha manejado en algunos medios en el sentido de que el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera, está haciendo un juego para que el PRI recupere la capital del país en seis años.
Si, como él dice, el EZLN es un modelo de resistencia a nivel internacional, se le pregunta si no es un éxito de los movimientos de la guerra sucia de los años setenta, en tanto que las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) fueron simiente del neozapatismo.
De algún modo sí, reflexiona, pero el propio Marcos ha dicho que las FLN fueron uno de muchos movimientos de aquella época, y para volverse zapatistas tuvieron que trabajar mucho y fusionarse con un movimiento social indígena chiapaneco que venía de décadas atrás:
“Se forjó desde 1974 con el Congreso Nacional Indígena y el trabajo de politización de Samuel Ruiz con los campesinos chiapanecos. De esa síntesis nace el EZLN. Las FLN, claro, son una de sus ramas pero sólo junto a las otras produjeron algo tan peculiar como el neozapatismo, en ese sentido sobrevivieron modificándose hasta el momento actual, sin duda.”








