Mario Iván Martínez se lanza atrevidamente a protagonizar El diario de un loco a partir de un cuento del siglo XIX de Nikolai Gogol, para contribuir al homenaje a Carlos Ancira que por más de veinte años lo representó, así como por el deseo de dar vida a un personaje complejo y entrañable de la literatura universal.
Askenti Ivanovich es un burócrata que se enfrenta a la pequeñez impuesta por la jerarquía de una oficina donde el jefe es el que manda y él el que obedece. Sus sentimientos de inferioridad se ven subrayados por el hecho de estar enamorado de la hija de su jefe. Su rutinaria vida se va trastocando por su locuacidad hasta suspender su vida laboral, convertirse en el rey de España y transformar su casa en una cárcel.
Las adaptaciones de este cuento de Gogol han sido variadas, y la hecha por Mario Iván Martínez y la directora de la obra, Luly Rede, adopta la forma expresiva donde el paso del tiempo, al igual que el cuento, es señalado por la fecha con que se inicia, cada día, la escritura de un diario. El proceso de locura en esta puesta en escena se desarrolla lentamente: durante la primera parte vemos la cotidianidad de Askenti, donde se van insertando extraños acontecimientos con los que se abre el camino hacia la enajenación de la realidad: desde hablar con un perro y leer sus notas, hasta sentirse parte de la realeza.
Carlos Ancira y Alejandro Jodorowsky, por su lado, optaron por una versión en la cual la locura se establecía desde el inicio como condición del personaje y podía confundirse con una severa borrachera o ataques de risa.
Gabriel Retes por su parte, en 2011, hizo una breve temporada donde dejó de ser monólogo y aparecieron los personajes que el protagonista evocaba.
El diario de un loco de Mario Iván Martínez convocó a un equipo de profesionales que levanta la propuesta. Edyta Rzewuska, en la escenografía, acota el espacio con una aparente duela en perspectiva y una pared con ventana, y utiliza un mínimo de elementos: una cama, un taburete –que acentúa la incomodidad del personaje al escribir o sacarle punta a las plumas–, un perchero y unos cuantos aditamentos más. La iluminación de Matías Gorlero enriquece las atmósferas que se crean, y la idea de que el muro tenga varias inclinaciones enriquece la metáfora de los momentos emocionales del personaje. El trabajo de la directora y el actor explora todos los rincones del espacio escénico: el oficinista Askenti Ivanovich puede estar debajo de la cama, colgando una y otra vez su gorro y su saco y volviéndoselo a poner, subiéndose a la cama, escondiéndose detrás de ella o bajo las cobijas o saliendo de su propio cuarto para observarlo por la ventana desde el exterior.
Mario Iván Martínez desarrolla sus capacidades actorales y gracias a ellas consigue diversificar el montaje. Sale y entra de su personaje, salta al interlocutor femenino con facilidad y vuelve a la incertidumbre del burócrata; combina una interpretación naturalista con el movimiento trastocado por el baile o la extroversión; explota sus cualidades de cantante y nos deleita con su voz
El Diario de un loco de Mario Iván Martínez se estrenó en el Centro Cultural Helénico en el 2012 y ahora se encuentra en temporada en el Foro Cultural Chapultepec siguiendo la tradición de Ancira de presentarlo los días lunes.








