Testimonios de las sobrevivientes

CHIHUAHUA, CHIH.- En junio pasado, la Fiscalía Zona Norte aprehendió en Ciudad Juárez a 12 personas –entre ellas un menor de edad–, a quienes acusó del asesinato de 13 mujeres encontradas en el Valle de Juárez. El caso es histórico porque se trata de la primera ocasión en que las autoridades estatales detienen a una banda de homicidas tratantes de blancas; de hecho, nunca antes habían reconocido la existencia de estas redes.

Mujeres sobrevivientes han dado pormenores del modo de operar de la banda y aseguran haber visto vivas a varias de las chicas que después fueron halladas muertas. Sin embargo, los detenidos promovieron amparos con el argumento de que la autoridad violó el debido proceso.

“Esos casos están sostenidos con pinzas. Los acusados podrían quedar libres por la falta de compromiso del Ministerio Público en todo el estado de Chihuahua”, advierte Norma Ledezma Ortega, coordinadora de la asociación Justicia para Nuestras Hijas.

En Ciudad Juárez han sido asesinadas alrededor de 700 mujeres desde 1993, pero hasta la fecha las autoridades no han podido solucionar el problema e incluso han fabricado chivos expiatorios.

Las familias de las víctimas dicen estar convencidas de que los 12 indiciados tuvieron que ver con la desaparición de las muchachas. Ledezma subraya: “Faltan más responsables por aprehender. Los detenidos son los que tienen menos responsabilidad”.

A los presuntos delincuentes (Camilo del Real Buendía, Jesús Hernández Martínez, Víctor Chavira García, César Félix Romero Esparza, José Antonio Contreras, Manuel Vital Anguiano, Eduardo Sánchez Hermosillo, Esperanza Castillo Saldaña, Raquel Venegas Treviño, Rafael Mena, José Gerardo Puentes Alba y Humberto Gerardo Páez Carreón, así como un menor de edad no identificado) se les acusa de haber participado en los secuestros y asesinatos de María Guadalupe Pérez Montes, Lizbeth Avilés García, Perla Ivonne Aguirre González, Idaly Juache Laguna, Beatriz Alejandra Hernández Trejo, Jessica Leticia Peña García, Deisy Ramírez Muñoz, Andrea Guerrero Venzor, Mónica Liliana Delgado Castillo, Jésica Terrazas Ortega, Jazmín Salazar Ponce y dos mujeres no identificadas, entre 2009 y 2011.

Los cuerpos de las jóvenes fueron encontrados porque las familias presionaron para que se efectuaran rastreos, después de los cuales esas personas tuvieron que esperar. Ahora denuncian que la autoridad “ocultó algunos restos” durante dos años en el Servicio Médico Forense.

 

Red de miedo

 

En la carpeta de investigación 18177/2011 se encuentra el testimonio de la “Joven N”, quien declaró que en julio de 2011, cuando tenía 16 años, su mamá la corrió de su casa por una discusión y se fue a buscar a sus amigas.

“En una parada de ruta industrial pasó una señora que trabajaba con mi hermana como prostituta. A esa señora la conocía como Julia, Alicia o Pamela. (…) Me preguntó por qué estaba triste y le dije, por lo que me ofreció que fuera a su casa, que ella me iba a dar escuela mientras que a mi mamá se le quitaba el enojo.”

Añade que vivió en esa casa durante un tiempo y que, si bien Julia le daba de comer, después ya no la dejaba salir. Dos semanas más tarde le anunció que la iba a poner a trabajar en lo mismo que su hermana.

“Le dije que no quería trabajar en eso y que mejor me iba a ir, y le di las gracias por el tiempo que se molestó. Me dijo que no me iba a ir. Posteriormente hizo una llamada y a la persona que le contestó le dijo que ya tenía que ponerme a trabajar para que le pagara todos los días que me había dado de comer. Le dije que me dejara ir, que yo le iba a pagar, pero me dijo que no.”

Julia aseguró las puertas de su casa. Quince minutos después llegó un hombre que se identificó como El Zeta Uno (su nombre es Adrián Arturo Roldán de la Cruz. Esto significa que suplantaba la identidad del verdadero Zeta Uno, Arturo Guzmán Decena). “Yo soy el mero mero y mato personas, así que todo lo que te digamos yo y Alicia lo vas a hacer”, le dijo a la joven, quien, amenazada, comenzó a trabajar. No pudo negarse porque sus captores sabían dónde vivía su familia y le podían hacer daño.

“El jueves (Julia) me dijo que me metiera a bañar, me dio ropa. Después me pintó la cara y yo lloraba. Me dio una cachetada porque se me corría el rímel. También me puso uñas postizas. Le llamaron por teléfono y ella dijo que ‘tenía varias’ y que ‘las iba a llevar para que las escogiera’. Éramos cinco muchachas. (Julia) le marcó al chofer, llegó por nosotras y nos llevó al hotel Las Palmas. Ahí estaba un señor que le preguntó si éramos mayores de edad y ella le dijo que sí.”

Dicho sujeto eligió a la “Joven N” y le pagó 350 pesos a Julia. Cuando la muchacha se quedó a solas con él, le pidió ayuda llorando y le informó que la tenían encerrada por la fuerza junto con otras muchachas. El “cliente” le preguntó si era menor de edad. Ella le confirmó que sí y entonces éste decidió reclamarle a Julia para que le devolviera su dinero.

“Julia se enojó y me subió al carro. Y le regresó el dinero al señor. A mí me dijo que si me acordaba de El Zeta Uno… En eso le marcó y le dijo: ‘Esta niña se peinetió’, y lo puso en altavoz. El Zeta Uno le respondió: ‘Tráigamela, aquí estoy en (el bar) El Afro’.”

Cuando la muchacha llegó al lugar, El Zeta Uno la sentó junto a él. Del otro lado estaba otra joven con expresión triste. Él comentó que era su novia.

El Zeta Uno sacó a la testigo y la llevó a un centro comercial llamado La Cuesta, del otro lado de la calle. Los esperaba una camioneta tipo van, color verde.

“Se agachó y sacó una pistola, me apuntó poniéndomela en la frente y me dijo que era la última vez. Que a la próxima me iba a matar. También me dijo que si yo pensaba que él no hacía nada y que si yo no veía las noticias. Porque él tenía comprados a los policías municipales y tránsitos. Y que él metía a menores al Cereso para prostituirlas, entonces yo me solté llorando y él le dijo a Julia: ‘Llévatela’.”

La joven estuvo retenida seis meses, lapso en el que la obligaron a prostituirse en hoteles y casas particulares. Veía a El Zeta Uno cuando Julia le entregaba dinero.

Logró escapar un día de enero de 2012, en el momento en que llegaba a la casa de Julia junto con otras muchachas. “Julia nos bajó rápido del carro porque ya se hacía del baño. Entramos a la casa, pero a ella se le olvidó cerrar la puerta. Fue cuando aproveché y me salí. Y me fui corriendo varias cuadras, me encontré un camión y le pedí ayuda al chofer; le expliqué que me había escapado porque me habían encerrado”.

Ella marcó al 060 y contó lo que le había sucedido. Explicó que sus proxenetas anunciaban a las muchachas en un periódico vespertino de la ciudad. Llevó a los policías a la casa de Julia, a quien detuvieron junto con su esposo.

En el interrogatorio, los policías le presentaron fotografías de desaparecidas. La testigo reconoció a Jessica Leticia Peña García, quien era la novia de El Zeta Uno. La primera vez que la vio fue en julio de 2011 y se la siguió encontrando hasta diciembre de ese año. Jessica fue asesinada.

La “Joven N” mencionó a Deisy Ramírez Muñoz, a quien vio algunas veces en la camioneta de El Zeta Uno, entre julio de 2011 y enero de 2012.

Identificó también a Idalí Juache Laguna, quien a veces estaba con ese sujeto. Dijo que Idalí siempre viajaba en el asiento delantero de la camioneta y se le veía triste, retraída.

No fueron las únicas afectadas por El Zeta Uno: “Cuando Julia me tenía, yo escuché que él quería encontrar a mi hermana para matarla porque sabía muchas cosas de él. Y mi hermana sí se fue un tiempo de Juárez con un federal”.

 

El rompecabezas

 

El testimonio de otra joven se presentó el 28 de marzo de 2013: “Me dediqué a la prostitución. (…) Me llegaron a apodar Estrella, ya que yo bailaba tubo en el salón Eduardo’s y en el Virginia’s. Me acuerdo que fue en 2005 cuando yo tuve conocimiento del Hotel Verde”.

En 2007, relata, ese hotel no cobraba a las jóvenes siempre que metieran clientes, así que vivió ahí un tiempo.

Cuenta que algunas muchachas se drogaban (o eran drogadas) con agua celeste. Los tratantes de blancas metían ahí a las prostitutas. Una de ellas era Idalí Juache Laguna, la joven retraída.

Por su parte, el menor de edad detenido confirma que Juache Laguna vendía ropa y fue levantada por un hombre apodado El Patachú, con quien había tenido una relación.

“Voy a cumplir tres años trabajando para (la banda de sicarios) Los Aztecas. Mi función es vender heroína frente al Wendy’s de la calle 16 de Septiembre… También recibo dinero y entrego mercancía, o sea heroína, a otros que trabajan igual que yo. Desde que tenía 13 años empecé a trabajar para Los Aztecas haciendo lo mismo. Soy mano derecha de El Pifas, quien es nuestro patrón y maneja todo ahí en el centro. Y cuando no está él, mando yo, recibo el dinero y lo entrego a un muchacho a quien le dicen El Negro. Al jefe de El Pifas no lo conocemos ni sabemos cómo le dicen o se llama.”

Identifica a otros integrantes de la banda, pero sólo por su apodo. “Si les hablan por su nombre les dan una calentada (golpiza) o los matan. A la edad de ocho años yo me fui a vivir con mi tío Poncho, que es como le dicen en la familia pero nunca se puso los apellidos de la familia. (…) No sé cuál es su verdadero nombre, ya que a cada rato se lo cambia. Tiene varios años que pertenece a La Línea y su función es levantar muchachas en el centro”.

La manera en la que enganchan a las jóvenes es casi siempre con una oferta de trabajo. Pero las hacen esclavas al servicio de los narcotraficantes, indica. “Todo era contra la voluntad de ellas pero casi nunca batallaban. Las subían muy fáciles ellos. A mí me utilizaron para ser carnada hasta los 11 años. Después me empecé a juntar con Los Aztecas y era halcón (vigilante). Y cuando tenía como 13 años me ordenaban que levantara muchachas en el centro. Esto fue a partir de 2009, 2010 o 2011, y cuando levantaba casi siempre lo hacía apuntándoles con una pistola o las golpeaba, les invitaba una soda y me las llevaba”.

El menor reconoce que entre las personas que levantó estuvo Andrea Guerrero Venzor, quien era pariente de un sujeto que trabajaba con Los Aztecas. A ella la plagiaron en el Mercado Reforma, igual que a Jazmín Salazar Ponce y Mónica Liliana Delgado.

A Jessica Leticia Peña García la secuestraron porque tenía contacto con empresarios.

Y sigue: Jésica Terrazas Ortega fue levantada por la colonia Chaveña; María Guadalupe Pérez Montes, en una peluquería del centro; Perla Ivonne Aguirre González, en el Mercado Cuauhtémoc o la Ecotienda (no recuerda), y Beatriz Alejandra Hernández Trejo, cerca de Plaza Juárez.

En la declaración, el menor respondió a 55 preguntas que quedaron integradas en la investigación 18177/2011. De acuerdo con el Ministerio Público, los detenidos se inculpan unos a otros en sus declaraciones.

 

La inocencia alegada

 

Camilo del Real era propietario de una agencia de edecanes, donde llegó a trabajar Idalí Juache Laguna. La joven dejó olvidado un anillo en el negocio y ese accesorio es una de las pruebas que aportó la fiscalía para incriminarlo.

A Del Real lo acusan de utilizar su agencia para atraer a las víctimas y canalizarlas a sus captores. Para el criminólogo juarense Óscar Máynez Grijalva, Del Real sigue preso sólo por la declaración de Adrián Arturo Roldán El Miguelito, quien después de enfrentarse con agentes municipales y gravemente herido señaló a los 12 detenidos.

Máynez critica a las autoridades porque, dice, operan igual que antes: Acusan a personas que tras años de prisión son absueltas por falta de pruebas, como ocurrió con David Meza Argueta, Víctor García Uribe El Cerillo, Gustavo González Meza La Foca, Ulises Perzábal La Changa y Cinthia Luisa Kicker La Cheyenne.

La defensa de Del Real alega que la fiscalía vulneró los derechos de su cliente al ofrecer un elemento de prueba fuera de todo cauce constitucional y legal: La “Joven N” identificó a Del Real como el hombre que tripulaba la van verde. A él le escuchó decir que “tenía muchas novias”.

“La prueba sólo la firma el defensor público, Raymundo Mendoza Flores”, cuestiona la defensa, y agrega que no se cuenta con la descripción física de su cliente, que la testigo fue inducida para vincularlo, que no se contó con orden de aprehensión y que la fiscalía no ha especificado su responsabilidad en la cadena de comisión del delito.

Así las cosas, el juez deberá determinar si ampara o no a Del Real, decisión que sentará un precedente para los otros 11 indiciados.