La millonada que se espera “recuperar”

La remodelación de la alberca del Deportivo Azcapotzalco, que la delegación concesionó hace dos años, ya costó 40 millones de pesos y aún planean meterle otros 12 millones.

El actual administrador, Ramón Sotelo, lo tiene claro. Su consorcio –Azcapotzalco por la Salud y el Deporte, registrado como asociación civil– no invirtió porque sea “un alma de la caridad”. Hace el desembolso con la única finalidad de obtener ganancias.

La empresa tiene una concesión por diez años, pero Sotelo asegura que sus socios no tendrán dividendos, al menos, en los primeros ocho. Su apuesta es por la renovación del acuerdo.

Así lo evidencia la progresión que ha tenido el gasto. En noviembre de 2011, Enrique Vargas, entonces jefe delegacional, anunció que la rehabilitación de la antigua alberca al aire libre había salido en 16 millones de pesos.

En octubre de 2012, el nuevo delegado de Azcapotzalco, Sergio Palacios, reveló a Proceso (1876) que ya iban 28 millones.

Entrevistado el martes 17, el administrador difundió la proyección final: todo costará 62 millones de pesos.

Actualmente, la piscina olímpica techada registra una afluencia de 3 mil clientes al mes, que se incrementarán a 4 mil durante el verano. Pagan entre 160 y mil pesos mensuales, dependiendo del servicio y de las horas que contraten. A éstos se suman 500 estudiantes becados.

Esto significa que la compañía ha invertido casi 14 mil pesos por usuario, dinero que buscará recuperar con ganancia.

 

Por volumen y permanencia

 

“Si no renovamos el acuerdo vamos a ganar muy poquito, en el mejor de los casos”, pronostica Sotelo. Si logran continuar, “entonces será rentable y resultará un buen negocio. Ahora estamos con números rojos. La demanda de la alberca, planeada para brindar servicio a 10 mil usuarios, se encuentra a 25 o 30 por ciento de su capacidad, pero el gasto es al ciento por ciento. Es la parte en la que no existe un equilibrio”.

De acuerdo con el administrador, su empresa tiene un gasto operativo que ronda el millón de pesos mensuales. Ahí laboran 42 empleados, por los que pagan 22 mil 200 pesos al IMSS, además de 49 mil 500 de cuota patronal al Infonavit. Asegura que cada mes destina entre 135 mil y 145 pesos a la luz, aunque sólo exhibe un recibo por 9 mil pesos.

–¿Cuánto pagan por el agua?

–La delegación no nos ha dado respuesta para dividir la toma del agua con el resto del deportivo. Cuando nos responda deberá pagar el adeudo pendiente, aproximadamente 80 mil pesos correspondientes a 2010. Mientras la cuenta no esté en cero no realizaremos ningún pago.

–Se están ahorrando el agua…

–No lo crean, porque cuando llegue la regularización de 2010 nos cobrarán a partir de esa fecha. Además es relativo porque pagamos alrededor de 25 mil y 30 mil pesos mensuales en pipas de agua, ya que no es suficiente la presión del agua para los vestidores.

“Hemos sido muy puntuales en nuestros pagos, incluidos impuestos, cuotas al Infonavit, pólizas del seguro del inmueble. Todos nuestros profesores cuentan con seguro social”, enfatiza.

Recuerda que a su empresa le restan ocho años de contrato, pero teme que, al tratarse de un permiso revocable, la delegación llegue a interponer un recurso ante el Gobierno del Distrito Federal (GDF), en el que solicite revisar dicho convenio. La solicitud también puede venir desde la Cámara de Diputados.

Hay siete cláusulas que acarrean la nulidad del acuerdo: vencimiento, renuncia de los interesados, no pagar la renta, no hacer el avalúo anual, no pagar los servicios contratados (como luz y agua), “que estemos vendiendo drogas o realizar bailongos en lugar de impartir clases de natación”.

Para el gerente del Centro Acuático Azcapotzalco el tema también es político. Durante los siguientes ocho años dependerá del jefe de Gobierno y del delegado en turno, ya que ambos deben dar su consentimiento. “Para nosotros esto es una apuesta. Ojalá nos podamos quedar otro periodo. Estamos haciendo bien las cosas, pero nadie nos garantiza continuar el proyecto. Para el inversionista también hay un alto riesgo.

“¿Por qué Nelson Vargas (dueño de los centros acuáticos que llevan su nombre), con todos sus contactos, no quiso (invertir para) recuperar algunas instalaciones deportivas, toda vez que el Deportivo Los Galeana y el Deportivo Oceanía también están abandonados? Porque tenía que meter lana. El alcalde de Tlalnepantla, Pablo Basáñez, le ofreció la alberca, pero tenía que invertir cuatro millones de pesos, por lo que decidió no entrarle. No cualquiera viene y le mete dinero a este tipo de instalaciones porque hay un riesgo. La alberca de Azcapotzalco tenía entre 20 y 25 años abandonada”, asevera Sotelo, quien fuera director general del programa Familyfitness de la Acuática Nelson Vargas San Jerónimo.

Dice que, conociendo a Vargas, difícilmente invertirá bajo esas cláusulas. “Es un negocio distinto, de volumen y de riesgo. Es apostarle al trabajo y que la concesión se pueda renovar”.

Cada año, de hecho, la Dirección General del Patrimonio Inmobiliario (DGPI) del Distrito Federal actualiza la renta mensual que Azcapotzalco por la Salud y el Deporte AC debe cubrir. En 2012 la empresa pagó 82 mil 200 pesos. La cuota aumentó a 91 mil 700 pesos este año. En promedio, la cantidad se eleva entre cinco y seis por ciento.

Para determinar el alza se requiere de un estudio realizado por la Dirección de Avalúos, perteneciente a la DGPI, cuyo costo es cubierto por la compañía. “Este año se pagaron 47 mil pesos (por el análisis). Tú pagas, ellos asignan el valuador y después nos informan de la actualización.

“Para que se den una idea: la Arena de la Ciudad de México abona menos que nosotros, que cada mes depositamos 91 mil 700 pesos. Y por ocho hectáreas, la Arena paga 85 mil pesos.”

 

Firmas y compromisos

 

Para obtener la concesión de una piscina pública, la empresa o el particular la solicita a la Dirección General de Patrimonio Inmobiliario. Ahí, un comité técnico integrado por personal de este órgano, de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, de la delegación y de la Oficialía Mayor del GDF analiza el proyecto.

La concesión deber tener el visto bueno de la delegación, pero el permiso lo firman la Oficialía Mayor y los inversores.

En el caso de Azcapotzalco, el acuerdo lo firmó el medallista olímpico Carlos Girón, por parte de los empresarios.

A pesar de que Girón también es inversionista en la alberca de Tlalnepantla, Sotelo asienta lo contrario: “Son otros los socios”.

Ya en octubre de 2012, Girón respondió, evasivo, a la reportera Beatriz Pereyra: “Te informaron mal, yo no tengo nada que ver con albercas”. Sin embargo, ese mismo mes, el entonces delegado de Azcapotzalco, Sergio Palacios, confirmó que el clavadista era uno de los socios de ese grupo, y que el también odontólogo había firmado el convenio, en su carácter de representante legal de la empresa.