Ubicado en una de las zonas más absurdas, caras, hacinadas y de mal gusto de la Ciudad de México –el nuevo Polanco o antigua Colonia Granada–, el recién inaugurado Museo Jumex sintetiza la identidad del coleccionismo mexicano del arte contemporáneo: subordinación ante las tendencias globales, inseguridad para imponer estéticas nacionales ajenas al mainstream, predominio de la firma a pesar de la insignificancia de la obra, gremialidad con sectores colonializados carentes de riesgo y un profundo conservadurismo disfrazado de contemporaneidad.
Diseñado por el globalmente reconocido arquitecto inglés David Chipperfield, el Museo Jumex es un excelente escenario para difundir el tiempo de ocio en Facebook. Visitado por personas que reducen su experiencia con las obras a una fotografía posada al lado de ellas, el museo se suma a la subdesarrollada aspiracionalidad de la Plaza Carso y el centro comercial Antara. Ubicado entre ambos, el Museo Jumex convive con la estética fachista del Museo Soumaya, el protagonismo elitista de la tienda Saks Fifth Avenue, y la vecindad de un entorno urbano que se caracteriza por la amontonada verticalidad de departamentos de lujo.
Recatado o menor, como toda la colección, el Museo Jumex no manifiesta una misión vinculada con el servicio a la sociedad sino, por el contrario, un interés centrado en el formalismo y la estética del espectáculo autoral. Integrada por firmas entre las que sobresalen artistas minimalistas sesenteras –Donald Judd, Carl Andre, On Kawara, Fred Sandback, Andy Warhol–, como autores postconceptualistas como Damien Hirst, Mauricio Cattelan, Robert Gober y Jeff Koons, entre otros, la selección del acervo constituido por el heredero de la empresa Jumex, Eugenio López Alonso, concreta los gustos del mercado artístico postconceptual de la pasada década de los años noventa y primera década del siglo XXI. Formalista, globalista y sumamente frívola, esta escena se basó en un concepto de arte centrado en la mercancía-espectáculo. Vinculada con promotores comerciales como Samuel Keller –responsable del éxito postnoventero de la feria Art Basel y del concepto de la feria Art Basel Miami Beach–, y el curador Hans Ulrich Obrist –director de proyectos internacionales de la Galería Serpentine de Londres–, la escena comercial global de alto nivel se relaciona con Eugenio López. Asesorado durante la pasada década de los años noventa y primeros años del siglo XXI por Patricia Martín, López no sólo adquirió firmas contemporáneas convencionales como Paul Mc Carthy sino que, también, promovió indirectamente a creadores como Gabriel Orozco y otras firmas vinculadas con la galería mexicana Kurimanzutto.
Inaugurado con cuatro exposiciones entre las que sobresale la muestra Un lugar en dos dimensiones: una selección de Colección Jumex más Fred Sandback –curada por el director de la Fundación Colección Jumex, Patrick Charpenel–, el Museo Jumex delata las tendencias del mercado artístico postnoventero. Conservador en sus gustos, López inauguró con un concepto de exposición basado en el protagonismo de las firmas. Con obras tan decadentes como el autorretrato en video de una borrachera de Minerva Cuevas o la pequeña –casi un souvenir– cabeza de becerro de Damien Hirst, el Museo Jumex se impone como una sobria arquitectura integrada por la banalidad de los ignorantes gustos de la socialité mexicana.








