Feria amurallada

La XXVII edición de la “fiesta de las letras”, como la llaman sus organizadores, estuvo marcada por la polémica. Días antes de su inauguración un grupo de académicos e intelectuales difundió una carta en la cual expresó su inconformidad por la invitación a Israel como invitado de honor, mientras otros externaron su malestar en las calles. Ello obligó a las autoridades estatales y federales a colocar vallas metálicas en los alrededores de la Expo Guadalajara y someter a los visitantes a infames revisiones.

Israel, el país invitado de honor a la XXVII Feria Internacional del Libro, no pudo despojarse de su imagen beligerante ni siquiera el día de la inauguración de la llamada “fiesta de las letras”.

Había cientos de vallas metálicas en las calles aledañas a las instalaciones de la Expo Guadalajara, sede del máximo evento literario de México, y decenas de militares apostados en cada esquina con metralletas, elementos del Estado Mayor Presidencial vestidos de civil y policías estatales y municipales.

El sábado 30 de noviembre, desde temprano hora y hasta casi la medianoche, las miles de personas que acudieron a la FIL tuvieron que sortear el inusual despliegue de seguridad que se extendió a cientos de metros a la redonda de las instalaciones que albergan a los stands editoriales.

El despliegue policiaco y militar no terminó ahí. La logística se intensificó en la entrada al inmueble, donde se colocaron arcos detectores y cada visitante fue sometido a una revisión exhaustiva, lo que provocó disgustos entre la concurrencia, además de una larga fila de espera.

En el evento de apertura, los organizadores de la FIL entregaron al poeta francés Yves Bonnefoy el Premio de Literatura y Lenguas Romances 2013. Al escenario, cercado por vallas de metal, sólo ingresaron quienes tenían boleto de la oficina de prensa y difusión del recinto.

Y aunque el presidente israelí Shimon Peres no se presentó a ese acto, la extrema vigilancia se prolongó hasta las 20:30 horas, cuando inauguró el pabellón de Israel y el mandatario sostuvo un diálogo con el exmandatario español Felipe González en el auditorio Juan Rulfo.

Ambas actividades también estuvieron restringidas; sólo entraron los invitados cercanos al Grupo Universidad, quienes entraron con su boleto, y la comunidad judía de Guadalajara, que acaparó la mayoría de los lugares.

Reporteros locales y nacionales se quejaron del trato recibido con la organización y un fotógrafo protestó porque, dijo, cuando lo auscultaron los elementos del Estado Mayor Presidencial, le dañaron un lente de su cámara, cuyo valor es cercano a 10 mil pesos. Al cierre de esta edición, el diario para el que trabaja reclamaba a los organizadores el pago de ese accesorio.

Durante la inauguración se vio al jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera Espinosa; al secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet Chemor; al gobernador Jorge Aristóteles Sandoval Díaz; al presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Rafael Tovar y de Teresa, así como a otros funcionarios.

También estuvo Raúl Padilla López, presidente vitalicio de la FIL, aun cuando en días pasados gente de su entorno dudaba de su asistencia debido a que se encuentra convaleciente de una operación. Se veía delgado, cansado; los ojos hundidos. Habló con voz cascada.

“Les voy a contar un secreto que debe quedar entre nosotros –comentó Tonatiuh Bravo Padilla, rector de la UdeG–: nuestro amigo Raúl, a pesar de que hace dos semanas tuvo una intervención quirúrgica, el día de hoy está echándole ganas y desempeñando su labor.”

El portentoso despliegue de seguridad neutralizó los intentos de los manifestantes que intentaban acercarse a la sede de la FIL, entre ellos exbraceros que desde el gobierno de Emilio González Márquez exigen el pago de una pensión universal, así como jóvenes del movimiento ContraFil Gdl, quienes con el rostro cubierto expresaban su rechazo a la presencia de Israel como invitado de honor.

“Ustedes, los uniformados, son la carne de cañón, igual de pobres que nosotros, gente del pueblo aplastada, igual que nosotros. Les pagan un salario para pegarnos, no para defender a la patria, no para defender la energía, el agua y la educación; al contrario (les pagan) para golpear maestros”, gritó uno de esos inconformes al grupo de antimotines.

 

“Marketing” y protestas

 

Por la noche del 30 de noviembre, cuando Shimon Peres arribó a la FIL, varios jóvenes se colaron en la explanada y desplegaron banderas de Palestina. Leyeron un breve pronunciamiento contra el Estado de Israel. De inmediato fueron desalojados por los cuerpos de seguridad.

El domingo 1, la agrupación de jóvenes recordó en el Parque Revolución la represión que sufrieron hace un año en las inmediaciones de la FIL, cuando protestaron por la toma de posesión del presidente Enrique Peña Nieto. Algunos aún tienen procesos judiciales abiertos, por lo que se mantuvieron a distancia del evento literario.

Leyeron también un documento dirigido a la Fiscalía General del estado para que cierre de una vez el proceso judicial que se mantiene abierto contra 24 de los 27 detenidos tras los enfrentamientos con la Policía Municipal de Guadalajara.

“Buscamos que se nos declare inocentes, porque los que fuimos detenidos no violentamos a nadie. Cada persona tiene diferentes cargos. La mayoría es por daño a las cosas, alterar la paz pública y por pandillerismo. Hay un compañero al que se le acusa por robo calificado, quien está propenso a que se le consigne y que pueda pisar la cárcel de nuevo”, dijo Evelyn Herrera, vocera de los jóvenes detenidos.

El rector Tonatiuh Bravo justificó el amplio dispositivo de seguridad y añadió que ésta no es sólo para los invitados, sino para los asistentes en general.

“Hacer convivir en un solo espacio a premios Nobel como Vargas Llosa o a Shimon Peres, o al expresidente Felipe González, de España, tiene una cuota de organización; todos debemos contribuir un poco.”

–Se habló de una FIL militarizada –se le pregunta.

–No es la FIL la que está militarizada, el que está militarizado es el país y lo está por otras razones diferentes a la FIL. Son medidas de seguridad que asumen el gobierno del estado y el federal por petición nuestra. Se trata de asegurar una convivencia en el recinto satisfactoria para todos.

Entre escritores y críticos es cada vez más frecuente la percepción de que la FIL es ante todo un foro para la realización de negocios entre las grandes editoriales y no para la promoción y difusión de la lectura en particular y la cultura en general.

Juan Villoro, quien presentó dos nuevas obras: El libro salvaje, editado por el Fondo de Cultura Económica, y Espejo retrovisor, publicado por Planeta, recibirá este domingo 8 el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez en el auditorio Juan Rulfo. Admitió que su relación con la FIL es distante porque “es una feria muy aturdidora y uno se siente esclavo de esa dinámica vertiginosa”.

–Uno de los temas que predominan en esta Feria del Libro es el auge de la industria editorial, como todo, es marketing –planteó Beatriz Melussi, de la Agencia de Prensa Alemana (Deutsche Presse-Agentur, DPA).

–¡Claro! La feria es un fenómeno de la industria, no de la cultura. Por supuesto que puede tener derivados culturales, como el originado en un encuentro casual de dos personas que se ponen a discutir sobre un título, pero en general la FIL está aquejada de gigantismo. Es una máquina de vomitar actividades y confunde la estadística con el éxito.

–Pero es la más importante en español.

–A lo que uno aspira aquí es a comunicar algunas cosas que vayan un poquito más allá de las ventas y el mercado editorial, pero me gustan más las ferias de Santiago de Chile o de Bogotá, donde el espacio reservado a la cultura es más fuerte. Hay más pausas.

“En la feria de Guadalajara he visto cómo alguien le pasaba un papel a José Saramago cuando ya era Nobel, diciéndole que terminara su charla porque tenía que pasar el siguiente conferencista. La cultura tiene un ritmo lento y las ferias son una aceleración artificial de ese ritmo.”

 

Méritos dudosos

 

José Israel Carranza, académico del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), sostiene que el Comité Organizador de la FIL ofreció una imagen lamentable a su público el día de la inauguración.

“Me parece que se convirtió en una feria hostil, agresiva, intimidante; todo en aras de clausurarse para el público y abrirse para un solo hombre: el presidente del Estado de Israel. No sé qué beneficio le deja a la feria; qué beneficio le deja a la Universidad de Guadalajara.

“Más allá de su aportación, que me parece muy rica, esos actos protocolarios causan un gran perjuicio porque dejan una impresión que puede ser traumática en el recuerdo de la gente”, sostiene el también editor de Luvina, la revista literaria de la UdeG.

Además señala que la presencia de Shimon Peres es un mero acto de propaganda política que afectó a la concurrencia. Y si bien es cierto que Israel posee una riqueza cultural enorme, no fue el único factor clave para que estuviera presente en la FIL:

“Israel tiene dinero y puede pagar lo que quiera para estar donde le dé la gana. A la FIL le conviene tener invitados de esa naturaleza. La FIL es un negocio y creo que todo está en función de las dinámicas del mercado; si la industria editorial iberoamericana quiere encontrarse con la industria editorial israelí, hay razones para que eso suceda.

“No me parece que pudiera suceder con otro Estado, ni con Palestina, Haití o Laos; ni con otra nación que no figure en esos términos de potencia cultural y potencia económica.”

Carranza duda del éxito de la FIL, aun cuando Padilla López se jacte de que es la segunda más importante del mundo, después de la de Frankfurt, Alemania.

“Es algo que se repite como un dogma de fe. Se le compara con la feria de Frankfurt y no se aclara muy bien en qué sentido es la segunda; si es por los negocios que reporta o por los ingresos obtenidos; o bien porque es la que convoca a más expositores. No sé. Yo pienso en la feria del libro de Buenos Aires que dura más días y en la que necesariamente tienen que pasar más cosas, pero de esa nunca nos hablan”, dice el entrevistado.

Añade que tampoco cree en ese mito de que en sus 27 años de existencia la FIL logró consolidarse económicamente y que en la actualidad tiene márgenes de utilidad.

“La feria se sostiene gracias a la sangría que le hace a la Universidad de Guadalajara, que subsiste en condiciones de indignidad. Mientras aquí se puede alojar a Mario Vargas Llosa a todo lujo, los baños del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades carecen de papel y agua. Esas son las contradicciones de la universidad; hay que recordarlo continuamente”, señala Carranza.

Y aunque admite que así sea sólo por nueve días al año, la FIL saca a Guadalajara del sopor cultural que vive a lo largo del año; cuestiona que desde sus orígenes el evento sea controlado por la misma persona y cada año tenga a los mismos intelectuales:

“No me gusta que la FIL se deje guiar por las veleidades del mercado; no me gusta que presente libros aquí Jordi Rosado; no me gusta que venga una y otra vez Elena Poniatowska, los Taibo, Vargas Llosa; como lo hizo también Carlos Fuentes, hasta que murió”.

A fin de cuentas, dice, los organizadores lograron inhibir al mínimo las protestas sociales por la presencia de Israel en la edición XXVII de la FIL. Durante su mensaje de inauguración, Padilla López ni siquiera se refirió al comunicado que un mes antes firmó un grupo de intelectuales en el que le solicitaron invitar a Palestina para 2014 (Proceso Jalisco 473).

José Trinidad Padilla López, hermano de Raúl y diputado por el PRI en el Congreso local, comenta al reportero que los críticos de Israel tienen una visión reduccionista, pues sólo ven su conflicto bélico con  Palestina.

“Si se quiere ver un solo aspecto y se quiere politizar el asunto y llevarlo al extremo, pues yo le diría lo mismo que les dije hace algunos años a quienes criticaban que el país invitado de honor fuera Cuba.

“Hubo muchas voces que se alzaron contra Cuba como invitado de honor por razones políticas. Yo les dije lo mismo: la cultura cubana ha aportado muchas cosas. Creo que las críticas reduccionistas (que sólo contemplan el aspecto político) están equivocadas.”

El rector Tonatiuh Bravo Padilla descarta que el próximo año vaya a cumplirse el deseo de los intelectuales para traer a Palestina. El tema del conflicto bélico palestino-israelí fue abordado el pasado 30 de noviembre por el presidente Shimon Peres con el exmandatario español Felipe González en el marco de la FIL. El debate fue moderado por el historiador mexicano de origen judío Enrique Krauze.

Peres comentó que la paz en Medio Oriente puede llegar sólo si los palestinos dejan de disparar, pues ya son dueños de la tierra en la Franja de Gaza.

“Que terminen de disparar contra nuestro pueblo, contra su propio pueblo y eso facilitará la solución del problema en Cisjordania”, afirmó ante un auditorio a reventar, compuesto en su mayoría por miembros de la comunidad judía asentada en Jalisco.

Peres también insistió en que existe una solución al conflicto, pero el problema es que los árabes no saben ponerse de acuerdo: “Solución, hay; el problema es que los árabes están divididos y también en Israel existen diferencias, pero no militares. No nos disparamos entre nosotros”.

Pero la discusión que arrancó los aplausos de los asistentes fue la charla entre el escritor israelí David Grossman y el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, que se realizó el domingo 1. Al principio Grossman –quien perdió a su hijo Uri, de 20 años, en agosto de 2006, durante la segunda guerra del Líbano –se negó a hablar de política, pero cambió de opinión.

El autor de La sonrisa del cordero comentó: “No puedo tolerar el hecho de que somos capaces de interferir e intervenir en la vida privada e íntima de la gente. Críen ustedes a sus hijos sin el temor y sin la sombra de la ocupación. Yo no quiero que nadie tenga sombras en el mundo ni quiero sombras sobre mí. Mientras hay ocupación, hay sombras en nosotros y no respiramos el aire que debemos respirar.

“Creo que los palestinos deben tener su propio país libre, independiente y soberano. Tienen que tener privilegios, no ya como palestinos, sino como seres humanos. Yo les deseo una vida normal, que no sean humillados. Definitivamente, no puedo tolerar que invadamos a diario sus vidas.”

La reticencia de los organizadores de la FIL a abordar el conflicto palestino-israelí contrastó con la sensibilidad de escritores como el propio Villoro, quien no ocultó su molestia por las medidas de seguridad implementadas en torno a las instalaciones de Expo Guadalajara.

En su opinión, hubiera sido mucho más interesante un encuentro entre ambas naciones: “Eso sí hubiera sido un proyecto realmente cultural”, declaró a su entrevistadora de la DPA.