Le achacaron delitos de más

BOGOTÁ.- El narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria, quien este lunes 2 de diciembre cumple 20 años de muerto, siempre se quejaba de que las autoridades le atribuían muchos más crímenes y más atroces de los que en realidad cometió.

En algunos casos, como los asesinatos de los candidatos presidenciales izquierdistas Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro –ocurridos en marzo y abril de 1990–, las investigaciones judiciales le dieron la razón. Ambos homicidios, que se le achacaron al jefe del Cártel de Medellín en un principio, fueron cometidos en realidad por el clan paramilitar de los hermanos Castaño en complicidad con agentes del Estado.

En otro magnicidio que sacudió al país –el del candidato presidencial del Partido Liberal Luis Carlos Galán– las pesquisas judiciales se han encargado de exculparlo en forma parcial.

En lo que constituye un giro en la indagatoria de ese crimen, ocurrido el 18 de agosto de 1989, la Fiscalía colombiana reveló hace unos días que, además de Escobar, en el complot que condujo a la muerte del dirigente político participaron los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, jefes del Cártel de Cali y acérrimos enemigos del líder del Cártel de Medellín, así como los agentes del Estado encargados de la seguridad del aspirante presidencial con más posibilidades de ganar los comicios que se realizarían en mayo de 1990.

El senador Juan Manuel Galán, hijo del candidato presidencial asesinado, dice a Proceso que desde la muerte de Escobar “más culpas terminaron endilgándole y es probable que algunas de ellas no sean verdad. A mí me queda absolutamente claro que él fue uno de los asesinos de mi padre, pero no fue el único. No tuvo toda la responsabilidad que se le endilga, como quisieron hacer parecer algunas autoridades”.

 

Alianza criminal

 

Durante 23 de los 24 años que han transcurrido desde el magnicidio de Galán, las investigaciones se centraron en Escobar, quien tenía móviles claros para asesinar al candidato liberal: él lo había expulsado en febrero de 1982 del Nuevo Liberalismo, su corriente política, y como aspirante a la Presidencia prometía acabar “con el poder oscuro y  criminal del narcotráfico”, una frase temeraria en un país cuya clase política e instituciones vivían atemorizadas o cooptadas por los cárteles de la droga.

El año anterior, la Fiscalía colombiana decidió crear la Unidad de Análisis y Contexto, cuyo cometido es retomar las investigaciones de mayor impacto público y establecer sus eventuales vínculos. La Unidad encontró similitudes entre los homicidios de Galán, Jaramillo y Pizarro, y determinó que los tres fueron autoría de “una alianza criminal de narcos, paras, políticos, representantes de sectores económicos y algunos agentes del Estado que en la década de los 80 actuaron de manera conjunta para ejecutar una variedad de planes criminales”.

El senador Galán explica que la investigación del crimen de su padre sufrió muchísimos tropiezos durante la primera fase debido a que el entonces director del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS, la oficina de inteligencia del Estado), general Miguel Maza Márquez,  y el de Investigación Criminal de la Policía, general Óscar Peláez Carmona, “desviaron” las pesquisas al orientarlas “hacia una única hipótesis, que era la participación del Cártel de Medellín y de Pablo Escobar”.

El asesino material del candidato, Jaime Eduardo Rueda Rocha –un paramilitar que trabajaba para el narcotraficante del Cártel de Medellín Gonzalo Rodríguez Gacha y quien disparó la ametralladora Mini Atlanta 380 utilizada en el magnicidio–, fue capturado un mes después de los hechos, pero el 18 de septiembre de 1990 se fugó de la cárcel bogotana de La Picota con la complicidad del DAS, según testigos.

El sicario murió en un enfrentamiento con la policía un año y medio después. A las pocas semanas, su medio hermano, José Éver Rueda Silva, quien también participó en el atentado contra Galán, murió asesinado a balazos en la cárcel Modelo de Bogotá.

 

A juicio

 

Hace dos años, la Corte Suprema de Justicia condenó a 24 años de prisión al político y excongresista Alberto Santofimio al considerarlo responsable de instigar a Escobar a asesinar a Galán, con quien rivalizaba al interior del Partido Liberal.

De acuerdo con la nueva línea de investigación, Santofimio fue un instrumento del Cártel de Cali para involucrar a Escobar en ese magnicidio, en el cual presuntamente participaron, además, Maza Márquez; el exjefe de Protección del DAS, coronel Manuel González, y el capitán Luis Felipe Montilla, quien entonces era comandante de la Policía en Soacha, municipio colindante a Bogotá en el que ocurrió el atentado. Estos tres últimos, que según la Fiscalía facilitaron la comisión del crimen al flexibilizar el esquema de seguridad del candidato, fueron llamados a juicio hace dos semanas.

El senador Galán afirma que el principal hallazgo de la nueva investigación es que su padre fue asesinado “en una coautoría del Cártel de Medellín y el Cártel de Cali. Fue un cálculo muy maquiavélico de los hermanos Rodríguez Orejuela (hoy presos en Estados Unidos) para involucrar en ese crimen a su principal enemigo (Escobar) y al mismo tiempo deshacerse de un candidato con muchas posibilidades de llegar a la Presidencia y que iba a dar un duro combate al narcotráfico”.

“Lo que se está viendo es que la Policía y el DAS (desparecido hace dos años) estaban cooptados por el Cártel de Cali”, afirma el congresista del cogobernante Partido Liberal.