Israel, huésped incómodo

Intelectuales reconocidos y académicos de la Universidad de Guadalajara (UdeG) consideran un despropósito la presencia de Israel como país invitado de honor a la XXVII Feria Internacional del Libro (FIL), por su política belicosa hacia Palestina.

Desde el 31 de octubre pasado comenzó a circular un pronunciamiento en el que escritores, artistas plásticos y analistas políticos expresan que en esta edición de la FIL no puede ignorarse que la creación del Estado de Israel en 1948 provocó una tragedia: “La del pueblo palestino, condenado al exilio”.

Entre los firmantes del documento destacan: Margit Frenk, Juan Gelman, Hugo Gutiérrez Vega, Eduardo Mosches, Héctor Díaz Polanco, Aline Pettersson, Luis Tovar, Francesca Gargallo, Pedro Miguel, Marcos Límenes, Néstor Braunstein, Silvana Rabinovich, Octavio Rodríguez Araujo, Pilar Calveiro, Mauricio Schoijet, Horacio Cerutti, Saúl Ibargoyen, Teresa Guitián, Claudio Albertani y Jessica Beckerman.

Ese año, recuerdan, por mandato de la Organización de las Naciones Unidas se decidió la partición de Palestina –entonces bajo el mandato británico– en dos estados: uno judío y otro árabe. Sectores israelíes de izquierda, dicen, se opusieron a la división del territorio y propusieron, sin éxito, un modelo alternativo al del Estado nación para la zona.

“La política del sionismo, como movimiento nacional eurocéntrico, hizo que el nuevo Estado de Israel, desde que se instaló en territorio palestino, optara por el enfrentamiento con la población local mayoritaria, y no por una política de coexistencia con los pobladores nativos. Las consignas políticas de trabajo y producción hebreos expresan con contundencia el pensamiento de separación (e incluso de limpieza étnica, como demuestran algunos nuevos historiadores israelíes) que han mantenido y siguen manteniendo los diversos gobiernos de Israel, sin importar su filiación política, de centro-derecha, extrema derecha o laborista. Ninguno de los gobiernos ha abandonado la política de ocupación ilegal de territorios palestinos”, asienta el documento.

Sus promotores insisten en que hay un punto nodal en la creación del Estado israelí que no debe dejarse de lado: “El Estado de Israel es de carácter étnico y confesional. No es un Estado de ciudadanos, es un Estado para un sector exclusivo de ciudadanos: los judíos. En este sentido, puede verse como un Estado judío fundamentalista, aunque viste un ropaje de formalidad democrática occidental”.

Existe un grupo de ciudadanos y diversos organismos no gubernamentales que luchan diariamente para llevar la paz a esa región del Medio Oriente, y entre ellos se encuentran pensadores, escritores y creadores que no tendrán voz en la FIL, simple y sencillamente porque no están dispuestos a representar la política colonialista y segregacionista oficial de Israel.

Ante esa realidad, subrayan los firmantes del texto, habría sido interesante tener mesas redondas sobre el conflicto israelo-palestino con personas que expresaran puntos de vista diferentes. Eso ayudaría a conocer al país invitado de manera plural. Incluso lanzan una solicitud al comité organizador de la FIL para que el próximo año se invite a Palestina.

Un invitado “non grato”

 

Los organizadores de la FIL se muestran preocupados por la salud de Raúl Padilla López, El Licenciado, presidente de la FIL, quien estará ausente pues se recupera de una operación del intestino.

La investigadora Silvana Rabinovich, judía nacida en Argentina y radicada en México desde hace dos décadas, comenta a Proceso Jalisco que es innegable que Israel busca limpiar su imagen.

Según Rabinovich, quien firmó el pronunciamiento, sostiene: “(Para Israel) es una oportunidad para mejorar su reputación ante el mundo porque es una feria importantísima, porque la cultura sí es un buen medio para que la política, en el sentido más estrecho del término, se lave la cara”.

Precisa que el país invitado trae a autores críticos como David Grossman, quien en el momento de la incursión de Israel a Gaza en diciembre de 2008 fue una de las voces que avaló esa invasión denominada “Operación Plomo Fundido”.

En cambio, dice, fue ejemplar la negativa del poeta Aharon Shabtai a participar en el Salón de Libro de París en 2007 porque, dijo, no se sentía embajador de un país colonialista.

“Obviamente quienes vienen a esta feria están de acuerdo en representar al país. A mí me parece importantísimo que se discuta; yo no digo que no tenga que presentarse Israel, pero debe presentarse con todas sus voces. Aun cuando viene gente notable, falta algo, porque no se puede separar la política de la cultura”, subraya.

Para Rabinovich, aún hay tiempo para que los organizadores de la FIL promuevan mesas de reflexión acerca del conflicto bélico entre Israel y Palestina o, en su defecto, reserven el próximo año a este último país, aunque ya esté comprometido a Argentina.

“Si la lengua hebrea es la invitada a nuestra feria y la lengua hebrea es la lengua secularizada, la lengua bíblica en voz de los profetas reclamaba responsabilidad por el otro y de eso se tienen que dar cuenta. Yo creo que se puede dar una buena discusión, no hay que temerle a esa discusión, sería edificante y esperanzador para todos”, añade Rabinovich, doctora en filosofía por la UNAM.

Acaba de publicar su libro La Biblia y El Drone (Instituto de Estudios Políticos para América Latina, 2013, 138 p.), un amplio estudio sobre el uso y abuso de figuras bíblicas en el discurso político, pero que desafortunadamente no presentará en la FIL porque la editorial que le publica aún no ha hecho la distribución.

Román Munguía Huato, del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) de la UdeG, comenta que Israel es un invitado non grato. Y aclara que su crítica es al Estado y no al pueblo israelí.

Lamenta, dice, que el comité organizador de la FIL no diga porqué decidió invitarlo este año. No es extraño, pues las decisiones las toma el mandamás de la UdeG, Raúl Padilla López, quien esta vez estará ausente.

Murguía Huato es de los pocos académicos en la UdeG que se ha pronunciado en contra del país invitado. En su artículo publicado en Milenio el pasado 7 de noviembre escribió: “Israel está aniquilando gradualmente las bases sobre las que los palestinos pueden construir una vida económica y un Estado viable. El gobierno israelí combina una guerra económica de alta intensidad con una guerra militar contra el pueblo palestino”.

Otras voces inconformes

 

Marco Galaviz, de origen judío, reside en Guadalajara desde hace décadas, incluso fue director del Colegio Israelita de Guadalajara de 1979 a 2004, cuando la institución cerró sus puerta “por falta de población israelita”. Desde el 2000, algunas familias judías comenzaron a migrar a Miami; otras se quedaron en la Ciudad de México.

Explica que en realidad la comunidad de israelitas en Guadalajara nunca fue grande y en la década de los noventa hicieron un esfuerzo por traer a familias de Argentina, pero pocas se quedaron, y actualmente la congregación de judíos en la capital tapatía es de 230 personas. Precisa que la población de israelitas se divide en dos comunidades: la ortodoxa, a la que él pertenece, y una que tiene un ingreso por conversión muy alto, a la que considera un poco más liberal en cuestión religiosa.

Galaviz acepta la entrevista y precisa que sus opiniones son a título personal. “Yo supongo –dice– que Israel es una llave al Medio Oriente y a los países de la zona, y de alguna forma en ese sentido de intercambio académico representa algo importante para la Universidad de Guadalajara”.

La FIL, expone, es una oportunidad para mostrar lo que realmente es Israel ante la enorme ignorancia que existe en torno a su Estado. Todo lo que se conoce sobre él es producto de una “publicidad mediática negativa”.

Admite también que hay muchas decisiones equivocadas en torno al Estado israelí, que son arbitrarias, pero no porque sean de Israel, sino que son errores que puede cometer cualquier gobierno.

–¿Hay algunos académicos que piensan que Israel viene a lavar su imagen a la FIL? –se le plantea.

–Yo preguntaría, cuántos de ellos conocen el conflicto árabe–israelí; cuánto tiempo han dedicado los periodistas y académicos a informar sobre el origen, la continuidad y la permanencia de ese conflicto.

El exdirector del Colegio Israelita reconoce que, cuando supo que Israel era el invitado de honor a la FIL se alegró, pero también brotó en él cierta preocupación, porque su presencia no estará exenta de manifestaciones y protestas.