Omisiones de la gran industria

En su reporte anual de 2012 ante la Comisión de Comercio y Valores (SEC) de Estados Unidos, América Móvil (de Carlos Slim) omitió referirse al cambio climático y el impacto ambiental generado por la compañía. Pero su caso no es único. Pese al efecto que causan en el ambiente, las empresas que cotizan en las principales bolsas no prestan atención a su contribución al cambio climático e incumplen con sus inversionistas al no informarles al respecto.

Así lo constata el proyecto Decision Facts, del estadunidense Lawrence Taylor, que analizó los reportes anuales –llamados 10-K– de 3 mil 966 empresas enlistadas en las bolsas neoyorquina y estadunidense y en el índice Nasdaq, los cuales reúnen a las corporaciones más grandes del planeta.

Del total de éstas, 73% no menciona el cambio climático, 88% ignora los efectos físicos del mismo y 80% desconoce los costos de la reducción de gases contaminantes, establecida por ley.

El mayor grupo empresarial –el manufacturero– abarca 37% de todas las empresas, pero nada más 24% de ellas menciona el cambio climático, sólo 16% incluye posibles costos de aplicar leyes y regulaciones, y pocos –9%– citan los posibles impactos físicos.

Taylor halló también que las empresas extractoras de fósiles –carbón, petróleo y gas natural– equivalen a sólo 5% de todas las corporaciones y 86% de ellas cita el cambio climático en sus declaraciones anuales. Cerca de 82% de esas compañías advierte de posibles costos legales, pero sólo 22% asume la realidad de los impactos físicos del fenómeno.

Las generadoras eléctricas representan 4% del total y 75% de ellas incluye advertencias de costos legales; 43% acepta la amenaza de los efectos físicos.

Los rubros empresariales con mayor aceptación de posibles amenazas de impactos físicos son la agricultura, la minería, las generadoras eléctricas y las aseguradoras.

Taylor, quien durante más de 20 años evaluó datos de contaminación atmosférica para los departamentos de Planeación Urbana de los condados de Orange y San Diego, invirtió más de mil horas para revisar los documentos del sitio web de la SEC e introducir la información en una base de datos.

Desarrollador de bases de datos retirado, Taylor revisó los reportes de empresas de una veintena de ramos; los peores clasificados fueron la banca, la educación, la recreación y los servicios personales.

Los datos de la SEC se dieron a conocer antes de empezar la celebración de la 19 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático –del lunes 11 al viernes 22 en Varsovia– en la cual se debate la posible sustitución del Protocolo de Kioto de 2005 –al cual no se sumó Estados Unidos– y las formas de reducir las emanaciones de dióxido de carbono, responsable del calentamiento global.

En esas cumbres el lobby empresarial tensa el músculo para impedir que los gobiernos adopten medidas estrictas y voluntarias para recortar drásticamente las emisiones de ese gas.

Por otra parte, la Agencia de Evaluación Ambiental de los Países Bajos da cuenta de que China superó a Estados Unidos como el mayor contaminador global.

La estadunidense Administración de Información de Energía reportó el pasado octubre que Estados Unidos contrajo en 2012 sus emisiones derivadas de la producción y uso de energía a 5 mil 290 millones de toneladas, casi 4% menos que el año previo y el nivel más bajo desde 1994.

La SEC no requiere comentarios sobre el cambio climático en los reportes 10-K, que ofrecen una perspectiva completa de las condiciones financieras y administrativas de las empresas.

Una sección de los 10-K se refiere a las amenazas más significativas para una compañía o sus acciones. Ese capítulo se concentra en los riesgos por sí mismos y no en cómo las compañías los enfrentan.

En 2010 la SEC publicó la Guía en relación con la revelación relacionada con el cambio climático aplicada al impacto de la legislación y la regulación, acuerdos internacionales, consecuencias indirectas de la regulación o tendencias de negocios y los impactos físicos del cambio climático.

En los reportes 10-K esta guía se refleja en los posibles costos que la empresa puede enfrentar, tanto por el cumplimiento de regulaciones y leyes o por el efecto físico del fenómeno. Este último se asocia directamente con la planta o infraestructura de la corporación o indirectamente con la interrupción de los suministros, la distribución o la economía misma.

 

Sostenibilidad

 

La mención de la sostenibilidad en los reportes corporativos ha adquirido mayor relevancia, aunque no implica que las empresas emprendan mejores políticas ambientales.

La cantidad de reportes de sostenibilidad pasó de 26 en 1992 a 5 mil 819 en 2011, según datos del sitio Corporate Register, una base de 52 mil documentos de más de 10 mil diferentes empresas en 159 naciones.

Pero escasean estándares para que las compañías difundan información vital a sus accionistas y consumidores respecto a ese tema.

Así lo subrayan Robert G. Eccles y George Serafeim, de la Escuela de Negocios de Harvard; Michael P. Krzus, de Michael Krzus Consulting, y Jean Rogers, del Consejo de Estándares para la Rendición de Cuentas en Sostenibilidad, en el artículo La necesidad de estándares para el reporte de importancia y sustentabilidad por sector específico, publicado en la Revista de Finanzas Corporativas Aplicadas.

Los autores concluyen que las empresas aún incumplen en revelar información material en un formato comparable, lo cual las lleva a manejar inadecuadamente temas importantes de negocios y a mantener ocultos los riesgos para los portafolios de los inversionistas.

Taylor aventura varias respuestas para explicar esa postura corporativa: “Quizás ni siquiera han considerado el cambio climático pues los años recientes –de gran recesión– han generado otros desafíos a muchas empresas. Quizás aceptan las realidades científicas del cambio climático, pero no piensan que éste es una gran amenaza financiera para su negocio. Quizás creen en la propaganda de los escépticos climáticos. Quizás están preocupados por posibles demandas legales si admiten que el cambio climático es real”, señala en su investigación.